Revista Ingeniería Civil IC 626 enero 2022
Carlos A. Herrera Anda
Ingeniero civil con maestría en Administración. Cuenta con 17 años de trayectoria docente en licenciatura y posgrado. Director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad La Salle.
Debemos trabajar por una ingeniería con visión sistémica, profunda en conocimientos, comprensiva e innovadora en su práctica, con mayor dominio de tecnologías de la información y la comunicación, con mentalidad competitiva, sensibilidad social, que incorpore a los conocimientos tradicionales habilidades empresariales y gerenciales y competencias para comunicar, para trabajar en equipo, para liderar grupos, para generar conciencia de las implicaciones sociales, ecológicas y éticas que los proyectos de los futuros ingenieros conlleven.
IC: ¿Cuál es la vocación del plan de estudios de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad La Salle?
Carlos Herrera Anda (CHA): Acabamos de actualizar los planes de estudio de siete ingenierías operadas por la facultad: biomédica, cibernética, civil, electrónica, industrial, mecánica y mecatrónica. Entrarán en operación en agosto de este año. Este trabajo se hace cada cinco años, pero por motivos de la pandemia se retrasó un año; aunque hay que reconocer que, derivado de los cambios tecnológicos, los saberes de la ingeniería se modifican rápidamente, lo que exige mecanismos más eficientes y eficaces en estos procesos de actualización de planes de estudio.
Particularmente, lo que planteamos para Ingeniería civil se desprende en buena parte de la Visión 2025 de la American Society of Civil Engineers; ellos conciben que los ingenieros civiles deberán prestar servicios como maestros constructores, ser custodios del medio ambiente, innovadores, integradores y gestores de los riesgos e incertidumbres; además serán líderes que conformen la política pública de su sociedad.
De forma general, la vocación que tratamos de imprimir a nuestros siete planes de estudio está aunada a la Visión 2030 de la ANFEI, que es la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Ingeniería: una ingeniería con visión sistémica, profunda en conocimientos, comprensiva e innovadora en su práctica, con mayor dominio de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con mentalidad competitiva, sensibilidad social, que incorpore a los conocimientos tradicionales habilidades empresariales y gerenciales y competencias –que llamamos habilidades blandas– para comunicar, para trabajar en equipo, para liderar grupos, para generar conciencia de las implicaciones sociales, ecológicas y éticas que los proyectos de los futuros ingenieros conlleven.
IC: ¿Cuáles han sido los factores más determinantes para hacer los ajustes al programa?
CHA: Son varios factores. Entre ellos, las recomendaciones desprendidas de procesos de acreditación ante el Consejo de Acreditación de la Enseñanza de la Ingeniería, CACEI, que ha acreditado a todos nuestros programas; la vinculación con empresas y los gremios; la posibilidad de ofrecer una educación dual, es decir, en el aula y en el sistema productivo; la internacionalización y movilidad estudiantil; la globalización y nuevos ambientes productivos que exigen cada vez más competencias, habilidades y certificaciones relacionadas con innovaciones tecnológicas; el uso cada vez más intensivo de TIC, que debe responder a las necesidades del mercado, temas de automatización de procesos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU. Todos estos factores aportan elementos que se consideraron en los trabajos de actualización curricular.
IC: ¿Cuál ha sido la evolución de la matrícula en Ingeniería civil y las causas que ustedes atribuyen a los cambios que se aprecien?
CHA: Considero que la matrícula de Ingeniería civil ha disminuido; es una ingeniería muy tradicional, junto con la mecánica y la eléctrica. Su disminución, pienso, se deriva de la oferta de otras ingenierías y campos de estudio donde el componente tecnológico está más presente y llama la atención de los estudiantes. En Ingeniería civil, en particular, hemos omitido incorporar mayor manejo de TIC, el conocimiento de nuevos materiales, de nuevas tecnologías, procesos constructivos y herramientas digitales aplicadas a las ramas de la ingeniería civil. Es un error que debemos subsanar.
IC: ¿La falta de oferta de trabajo es otro factor?
CHA: La matrícula en Ingeniería civil creo que va muy ligada a los ciclos económicos que vive la sociedad; cuando hay mucha construcción, o cuando los estudiantes o sus padres ven obra y construcción por la ciudad, en el medio en que se desenvuelven, esto los anima, pero si ven que la construcción está parada, que el desarrollo de infraestructura no es creciente, que no hay campo de trabajo, o que los salarios son bajos, se desaniman a entrar a Ingeniería civil.
IC: ¿Puede entrar un poco más en detalle respecto a qué tipo de vínculos se están proponiendo con los sectores empresarial, gremial y público, y qué se está concretando?
CHA: La vinculación universitaria es el medio por el cual las instituciones educativas, mediante sus funciones sustantivas de docencia, investigación y extensión, se relacionan con el sector público, privado y social, desarrollando acciones y proyectos de beneficio. En nuestro país, las instituciones de educación superior públicas y privadas hacen grandes esfuerzos por tener una vinculación efectiva, pero muchas veces queda en la firma de un convenio con cláusulas muy abiertas y pocos resultados concretos. Hay que reconocer la labor del Colegio de Ingenieros Civiles de México y también de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción en colaborar con universidades. Algunos vínculos que se han concretado con estas asociaciones y también con algunas empresas, además de la posibilidad del servicio social, es su participación en nuestros procesos de actualización curricular y la posibilidad de que los estudiantes, en esa calidad, realicen prácticas profesionales para irse incorporando al mercado laboral. Otros esfuerzos, más difusos, han ido encaminados al desarrollo de proyectos, o bien a la mejora de procesos industriales y empresariales.
IC: Existen críticas en el sentido de que las empresas suelen requerir estudiantes que estén doctorados y que tengan experiencia; como que no hay muchas oportunidades para los recién egresados de licenciatura, y cuando las hay, no siempre son en las mejores condiciones.
CHA: Las nuevas propuestas curriculares que hacemos las universidades deben permitir que el estudiante se inicie lo antes posible en el ámbito gremial, deben ser más flexibles para que suceda. Esto no pasaba hace algunos años, pues los planes de estudio eran más rígidos y hacían que el estudiante asistiera a clases en la mañana y en la tarde, o en la mañana y en la noche, y eso les dejaba poco espacio. Creo que en las universidades nos hemos dado cuenta de que la vinculación empresarial, gremial y con el sector público es esencial para la inserción laboral de los estudiantes y los egresados.
En ese sentido, hemos abierto otras posibilidades en cuanto a horarios, planes y programas de estudios flexibles, y las empresas ahora permiten y están interesadas en prácticas profesionales o servicio social para los casos en los que es posible. El estudiante comienza a insertarse en el ámbito laboral, la misma empresa se da cuenta y empieza a conocer las habilidades que tiene; es una puerta que antes estaba cerrada. Sí se han abierto estas oportunidades para que de los dos lados haya una mayor vinculación, al menos en este aspecto de prácticas profesionales y becarias, con la intención de que el estudiante vaya adquiriendo experiencia mientras estudia.
IC: La incertidumbre sobre el futuro… ¿no debería también abordarse desde la academia con prospectiva y propuestas a los sectores empresarial y público?
CHA: La Alianza para la Formación e Investigación en Infraestructura para el Desarrollo de México, A.C., junto con la Academia de Ingeniería, ha generado buenos documentos sobre la prospectiva de la ingeniería; algunos de ellos sugieren, incluso, que los campos profesionales gravitarán en torno a ingenierías básicas, como civil, mecánica y eléctrica, e incorporarán nuevas prácticas como nanotecnología, tecnología de materiales, ingeniería aeroespacial, nuevas energías, la biónica, la robótica o la mecatrónica, o las que están más relacionadas con inteligencia artificial.
IC: ¿Cuál es el perfil de profesores que se plantea la ingeniería civil, y en general las ingenierías?
CHA: Un documento de los Hermanos Lasallistas, “Declaración de la misión educativa lasallista”, menciona que los maestros tienen una función irremplazable, pero necesitan prepararse para ella, es decir, quien se atreva a enseñar, que nunca deje de aprender. Para operar los nuevos planes de estudio hacia donde queremos orientar los programas y los egresados, necesitamos un nuevo perfil docente que enfatice el aprendizaje basado en proyectos, que no sólo califique, sino que también evalúe; que no sea enciclopédico, que trate de conectar lo que se aprende en la universidad con la vida real.
Se requiere un nuevo perfil docente, que no solo informe sino que también forme y transforme al estudiante. Anteriormente la enseñanza se basaba en transmitir conocimiento; ahora hablamos de enseñanza centrada en el estudiante, en la que les ayudemos a construir su pasión, fomentemos su curiosidad, les enseñemos la perseverancia y a no rendirse ante el fracaso.
Debemos enfatizar el aprendizaje basado en proyectos, es decir, que no sólo se califique al estudiante, que no sólo se le prepare para llegar al examen, sino que realmente haya una evaluación que conecte el aprendizaje académico con la vida real. Por eso las universidades tienen que vincularse con las empresas, con los gremios, el sector público y los egresados.
IC: ¿Cómo califica el impacto de las políticas que se han tomado ante la pandemia de COVID-19? ¿Cómo se armonizaron estas medidas con el desarrollo de la formación académica?
CHA: Fue positivo. Creo que todo esto vino a revolucionar la forma en la que enseñamos y no lo teníamos previsto. Pienso que las universidades no estaban completamente preparadas para esta condición en la que hubo que aprender de nuevo a dar clase; considero que la contingencia ayudó a revalorar el trabajo docente.
La forma virtual no puede ser ni base ni sustituto de la enseñanza presencial; tenemos que procurar que lo digital no supla, sino que complemente lo que ya hacemos de forma presencial.
La tecnología, seleccionada y gestionada adecuadamente, puede contribuir a un proceso más rico, con mayor interacción. La podemos usar, pero no puede ser la protagonista. De nuevo, insisto, el protagonismo debe estar centrado en el aprendizaje de los estudiantes. Las técnicas de transmisión de conocimientos, aun sofisticadas, no pueden reemplazar por entero el contacto vivo prolongado.
Por otro lado, no es para frustrarnos, hay que reconocer que no todo lo que hemos estado haciendo durante la contingencia es educación en línea. Decir que damos clases en línea porque hacemos lo mismo que hacemos en clase, sumándole una cámara enfrente, es lo mismo que decir que tenemos 20 años de experiencia docente, cuando realmente hemos replicado 19 veces lo que hicimos el primer año. Ahora estamos intentando usar algunas tecnologías para disminuir el distanciamiento social y creo que por ahora es lo único viable a nuestro alcance y por eso no estoy de acuerdo con estudiantes, papás y también profesores que cuestionan si la calidad de la educación no presencial resuelve todos nuestros problemas… la verdad es que la presencial tampoco lo hace, pero nos aferramos a viejos paradigmas.
IC: He recibido opiniones de ingenieros civiles que dan clases, particularmente en la UNAM, y hacen referencia a que resulta perjudicial dar clases de manera virtual; citan una cantidad importante de ejemplos, y refiero uno: consideran que es prácticamente imposible hacer una calificación justa, apropiada, efectiva del conocimiento de los alumnos mediante exámenes o ejercicios virtuales. Plantean que a veces los alumnos ponen su foto o aparecen como conectados pero no lo están. Un profesor me contó que para darse cuenta de lo que estaba pasando terminó la clase pero dejó abierta la sesión y hasta dos horas después había alumnos que aparecían conectados. ¿Qué opina de estos casos?
CHA: En parte tienen razón, pero yo creo que es un compromiso de los dos lados; no podemos culpar completamente al profesor o al estudiante. Sí requerimos a un profesor con nuevas habilidades, con un nuevo perfil, pero también en estos nuevos modelos que nos vino a traer la contingencia –algunos de los cuales llegaron para quedarse– necesitamos estudiantes que sean autogestivos, más responsables de sus procesos de enseñanza-aprendizaje, un poco más orientados a ser autodidactas, a revisar la información, a hacer las actividades: tenemos que formarlos en ello.
Es cierto, la evaluación es un reto en el sentido de que debe ser diversificada, con distintas fuentes que nos den información sobre el progreso de los estudiantes, que sea formativa, continua. Ahora debe centrarse más en el procedimiento que en un dato como resultado.
He escuchado a estudiantes que se quejan de la gran cantidad de tareas y trabajos cuando están estudiando a distancia, y creo que una sobrecarga de actividades de evaluación no asegura un mejor aprendizaje por parte de los estudiantes. La evaluación está sobrevalorada, tal vez porque nos falta inventiva y porque queremos seguir haciendo lo mismo que hicieron con nosotros. Nuestra misión como docentes es que los alumnos aprendan, no solo calificarlos y entonces, visto así, lo más importante ya no es la enseñanza, sino el aprendizaje. El reto es, me parece, plantear una evaluación que sirva para aprender, porque normalmente la consideramos como una herramienta que sirve para acreditar lo que el estudiante sabe o ha aprendido. Y evaluar no es calificar; si partimos de ahí, entonces estamos fomentando que el estudiante busque, de cualquier forma, pasar el examen que le planteamos, en vez de verdaderamente buscar aprender. El reto para profesores y estudiantes es diferenciar entre evaluar para calificar y evaluar para aprender, y no lo vamos a superar mientras sigamos pensando que la evaluación en línea es complicada, difícil de llevar a cabo o poco confiable.
IC: ¿Qué pasa en el caso particular de la ingeniería civil, cuando era habitual, necesario o incluso imprescindible, además de las clases en el salón, ir a los laboratorios de hidráulica, de materiales, de estructuras?
CHA: Por eso decía que lo digital no puede suplir, sino que debe complementar la parte presencial, la parte de convivencia, talleres, visitas a obra, indispensables en la formación del ingeniero civil. Eso tiene que seguir existiendo. El estudio de la ingeniería civil no puede ser completamente a distancia.
IC: Respecto a cómo encarar la enseñanza, mencionaba los aspectos técnicos, pero también los de orden ambiental, ético, social, económico, porque la carrera de Ingeniería civil, como la de Medicina, tienen un impacto en lo social y político muy relevante. Se habla de las maravillas de edificios y obras lujosas, ostentosas, al tiempo que hay decenas de millones de personas que no tienen un techo donde cobijarse. Sin dejar de lado la importancia de la evolución tecnológica, ¿no es prioritario atender las necesidades sociales de esas decenas de millones de personas que no tienen acceso a recursos y servicios básicos?
CHA: Coincido plenamente con usted, por eso pienso que debemos orientar para generar conciencia de las implicaciones éticas, ecológicas y sociales que tienen los proyectos de ingeniería. Un ingeniero debe ser custodio del medio ambiente, debe ser innovador, gestor de riesgos, pero coincido con lo que usted dice: no es nada más construir o hacer una carretera, hacer un aeropuerto, hacer una refinería, sino ver el impacto ecológico y social que tienen los proyectos en los que participan. Los programas de estudio deben considerar formar a los estudiantes para que plateen soluciones a los retos que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
IC: ¿Qué retroalimentación ha recibido de los alumnos y profesores respecto de este proceso de reclusión que se ha vivido en los últimos dos años?
CHA: Los alumnos han valorado el esfuerzo de los profesores por enseñarles a distancia. Algunos se quejan, otros quieren ya regresar y reconocen que aprenden mejor en lo presencial, les cuesta trabajo hacerlo en línea, sienten que tienen más tareas y trabajo en casa. Comprendo que estar en una videoconferencia en grupo durante un largo tiempo no solo es cansado, aburrido y no motiva a un estudiante… ahora imagínese si termina una clase de hora y media de videoconferencia y sigue con otra clase igual. Al final del semestre pasado tuvimos clases en modelo mixto o híbrido. Asistían a prácticas y talleres en su mayoría y lo hacían con gusto, regresaron incluso más receptivos, pero también hay estudiantes que prefieren estar en su casa tomando clase y hacen pocos esfuerzos por asistir a actividades presenciales.
IC: ¿Y los profesores?
CHA: Ellos también. Es mayor el número de profesores que prefieren lo presencial; realmente lo valoran, porque prefieren el contacto con el estudiante. Creo que mucho de lo que hace que uno se dedique a la docencia es esa parte humana, de calidez, de crear relaciones educativas intensas; eso inspira la labor del maestro. Pero puede ser también porque les cuesta trabajo preparar materiales, por ejemplo. Hay profesores que no lo son de tiempo completo, y valoran mucho que sean clases virtuales porque no tienen que salir corriendo de su trabajo para llegar a dar su clase, y pueden impartirla en la comodidad de su casa. Hay profesores que viajan mucho, y a veces pierden la clase; eso sucede principalmente en posgrado. Si el estudiante también está trabajando, entonces se le facilita mucho, pero sí creo que hay una pérdida importante cuando se evita la parte presencial.
IC: Hace unos días hubo una polémica entre la jefa de Gobierno de la Ciudad de México y la oposición porque le estaban pidiendo instaurar el semáforo naranja. Ella dijo que su gobierno no se maneja con base en prejuicios, sino en función de las recomendaciones de las autoridades de salud, las cuales indican que hay que cuidarse, tomar precauciones, pero eso no implica cerrar la economía o el sector académico ¿Qué opinión tiene sobre eso?
CHA: Debemos evitar que se repita una contingencia como la que vivimos a partir marzo de 2020, actuando con base en la experiencia recogida en estos más de dos años. Porque el impacto económico es tan grave que afecta a decenas de millones de personas, especialmente de los sectores más populares. Debemos ser resilientes, aprender a vivir con este nuevo virus como lo hemos hecho con tantos otros, siempre con base en la información científica, sin caer en pánico por subjetividades especulativas, respetando la normatividad que establecen las autoridades correspondientes.
IC: ¿Se han hecho evaluaciones respecto del impacto que ha tenido la modalidad virtual o la combinada en el aprendizaje? CHA: Aún no podemos medir el impacto; será hasta pasados unos meses o años, en los que veamos el desempeño del egresado en la industria, en el campo laboral. Lo que sí creo es que las universidades tienen que estar preparadas para lo que venga en los siguientes años, cuando se vea que el estudiante de primaria, de secundaria y de preparatoria no fue lo suficientemente hábil para aprender todo lo que requería para el ingreso a la universidad. Debemos estar preparados para eso y para poder solventar las deficiencias académicas con las que pueden llegar los estudiantes.