31 julio, 2026 3:08 pm

J. Jesús Campos López Presidente del XLI Consejo Directivo del CICM.

El CICM ejerce su función con claridad y sin complacencia. Somos críticos y propositivos de manera permanente, porque el interés que defendemos es el del país y de la sociedad, no el de ningún gobierno en particular. El gremio de la ingeniería civil debe ser actor central, no solo constructor sino planificador, asesor técnico y garante de calidad.

Ingeniería Civil (IC): ¿Cómo describe el estado actual de la ingeniería civil en México?

J. Jesús Campos López (JJCL): La ingeniería civil mexicana tiene los elementos para estar entre las mejores del mundo. Contamos con instituciones académicas sólidas y una experiencia acumulada en obras de gran escala. El reto es que esa capacidad se despliegue plenamente: las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la movilidad del conocimiento abren oportunidades extraordinarias, pero también exigen que actualicemos nuestra forma de ejercer la profesión, de enseñarla y de organizarnos como gremio. México tiene desafíos de infraestructura mayúsculos, y la ingeniería civil tiene la obligación de estar a la altura.

IC: ¿Cuál es su diagnóstico de la situación del gremio y del desarrollo de infraestructura?

JJCL: El diagnóstico es claro. La inversión óptima en infraestructura es del 5% del PIB; en 2025 la inversión física presupuestaria federal alcanzó apenas el 2.3%, y estimaciones sobre el gasto efectivamente ejercido la ubican cerca del 1.6%. Esa brecha es insostenible para un país con las necesidades de México en comunicaciones, transporte, hidráulica, energía, salud y educación.

La buena noticia es que el gobierno ha señalado su intención de impulsar la participación privada mediante nueva legislación. El gremio de la ingeniería civil debe ser actor central en ese proceso: no solo constructor, sino planificador, asesor técnico y garante de calidad.

IC: ¿Qué papel puede desempeñar el CICM en el desarrollo de infraestructura?

JJCL: El CICM lleva 80 años aportando a la planeación del país, y ese papel no ha perdido vigencia, al contrario. A iniciativa del colegio impulsamos la creación del Consejo de Políticas de Infraestructura, espacio donde convergemos con otras organizaciones académicas, gremiales y empresariales para presentar al gobierno propuestas fundamentadas sobre qué infraestructura se necesita, dónde, cuándo y con qué prioridad. Lo hacemos al amparo del artículo 5° constitucional, que reconoce nuestra función asesora.

Pero no nos limitamos al nivel federal: promovemos reuniones regionales para conocer de primera mano las demandas de estados y municipios, porque la planeación que no aterriza en necesidades concretas de las comunidades no sirve de mucho.

IC: ¿Cómo es el flujo de propuestas entre el CICM y el gobierno?

JJCL: El colegio ejerce su función con claridad y sin complacencia. Invitamos a los funcionarios que toman decisiones sobre infraestructura, los escuchamos y, con el mismo respeto, les planteamos con sustento y franqueza lo que consideramos conveniente y lo que no. En el caso de la legislación reciente en materia de infraestructura, algunas de nuestras recomendaciones fueron recogidas, lo cual es alentador, pero no consideramos eso como punto final.

Somos críticos y propositivos de manera permanente, porque el interés que defendemos es el del país y de la sociedad, no el de ningún gobierno en particular.

IC: ¿Cómo se logra la sinergia en el Consejo de Políticas de Infraestructura?

JJCL: Cada organización en el consejo tiene un perfil distinto y aporta desde sus capacidades específicas. La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) conoce la industria de la construcción; las instituciones académicas aportan investigación y visión de largo plazo; el CICM contribuye con análisis técnico y experiencia en planeación. La sinergia se construye reconociendo esas diferencias, no ignorándolas.

Operamos mediante comités de trabajo temáticos, de manera similar a como funciona internamente el CICM con sus 13 comités técnicos por especialidad. Y el trabajo no solo se da en el plano sectorial: llevamos el análisis también a escala regional, como expresé, para que las propuestas al Ejecutivo federal nazcan de necesidades reales y verificadas.

IC: ¿Cuáles son las principales necesidades de infraestructura con mayor urgencia?

JJCL: Las prioridades deben derivarse de las necesidades sociales y estratégicas. En lo social, encabeza la lista la infraestructura de salud y los servicios esenciales: agua, alimentos y energía. En lo estratégico, los ferrocarriles han cobrado prioridad por su relación costo-beneficio y por razones de seguridad nacional; y el sector energético es quizás el más crítico: dependemos en un 70% del gas natural importado de Estados Unidos. Eso no es una alerta, es una emergencia que exige inversión urgente en exploración, desarrollo y fuentes alternativas.

Hay temas específicos que también merecen atención inmediata: la tecnificación del riego agrícola –que hoy consume el 76% del agua disponible del país, un porcentaje indefendible dado el estrés hídrico que enfrentamos–, el saneamiento de aguas residuales y el aprovechamiento del potencial de los rebombeos en presas como fuente de energía limpia y renovable.

IC: Generalmente se aborda el tema de la construcción de infraestructura y poco el del mantenimiento y renovación de la existente.

JJCL: Es uno de los temas que más me preocupan y al que menos atención se le presta en el debate público. Una infraestructura con vida útil de 40 o 50 años puede quedar fuera de operación en 10 o 15 si no recibe mantenimiento regular y planificado. Eso no es solo un desperdicio económico: es una falla de responsabilidad con la sociedad.

El CICM insiste en que la planeación de infraestructura debe incluir desde el primer día los recursos y programas de mantenimiento. Construir sin garantizar la operación y el mantenimiento es una visión de corto plazo que el país ya no puede permitirse.

IC: Un caso emblemático es el de organismos operadores en el sector agua.

JJCL: Es uno de los problemas estructurales más graves del sector. Los ciclos de gobierno trienal generan una pérdida sistemática de capacidad institucional: cuando el personal ya aprendió, se va. A eso se suma el financiamiento insuficiente y la cultura de no cobrar el servicio, que perpetúa la precariedad operativa.

Mi posición sobre el cobro del agua es firme: el agua como recurso natural es un derecho humano, sí, pero la infraestructura que la capta, potabiliza, conduce y distribuye no es gratuita ni se construye sola. Hay que hacer campañas intensas de concienciación ciudadana para que la sociedad entienda que está pagando la infraestructura, no el agua. Y hay que diseñar esquemas de actualización tarifaria graduales, que no impacten a la población de menores ingresos pero que permitan a los organismos operadores financiar su operación y mantenimiento. Seguir postergando esto es agravar la crisis.

IC: ¿Cómo aumentar la base de socios del CICM?

JJCL: Tenemos un problema que hay que nombrar con claridad: el socio promedio del CICM tiene alrededor de 60 años. Eso es una señal de que no hemos logrado retener a las nuevas generaciones. Estamos yendo directamente a las escuelas, a los últimos semestres, para invitar a los estudiantes a que se incorporen al colegio desde el momento en que se titulan. Ofrecemos dos años de membresía sin costo para recién egresados.

Pero el ingreso no basta: hay que garantizar que se queden. Y para eso necesitamos ofrecerles algo real: espacios de participación, acceso a los comités técnicos, mentorías con ingenieros experimentados y la posibilidad de hacer servicio social en el CICM. La renovación generacional del gremio es una prioridad de este consejo directivo.

IC: ¿Cómo promueve el CICM las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial?

JJCL: La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero es eso: una herramienta. Sus resultados dependen de quién la usa y cómo. Sin capacidad para confrontar los resultados, la información puede generar decisiones equivocadas.

La IA en mi opinión no reemplaza el criterio profesional: lo complementa. El ingeniero civil que sepa usarla bien tendrá una ventaja competitiva enorme; el que la use sin criterio cometerá errores costosos. Por eso el CICM tiene un papel central en promover la apropiación crítica de estas tecnologías entre sus agremiados.

IC: ¿Qué debe cambiar en el perfil del ingeniero civil?

JJCL: El ingeniero civil del siglo XXI tiene que ser un profesional con sólidas bases técnicas, pero con capacidad de adaptación continua. Y eso empieza en la academia. Hay escuelas de ingeniería civil en México cuyos planes de estudio no han sido actualizados en décadas, y donde hay profesores que resisten el cambio porque salir de la zona de confort tiene un costo personal. No es un problema menor, es una deuda con los estudiantes y con el país.

Los planes de estudio deben revisarse con la periodicidad que el avance tecnológico exige, y la academia debe incentivar esa renovación, también con mejores condiciones para el docente.

IC: ¿En qué temas debe posicionarse el CICM con mayor fuerza?

JJCL: La planeación de largo plazo es el tema en el que más debemos insistir. Naciones como los Países Bajos trabajan con horizontes de planeación de 100 años; China opera con programas a 50 años, revisables cada cinco. En México tendemos a planear en función del sexenio, y eso genera discontinuidades costosísimas.

El CICM debe ser el referente técnico que exija y proponga una visión de infraestructura que trascienda los ciclos políticos. A eso se suman la resiliencia ante el cambio climático, el mantenimiento de la infraestructura existente y su operación eficiente. No son temas separados: forman parte de una visión integral que el colegio tiene la obligación de sostener y difundir.

IC: ¿Qué opina de la gerencia de infraestructura por parte de las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina?

JJCL: Aspiro, como todo el gremio, a que la gerencia de los grandes proyectos de infraestructura regrese a los ingenieros civiles. Cada dependencia del Estado tiene atribuciones específicas vinculadas a su misión institucional; la Sedena y la Semar tienen la suya, que es la defensa y la seguridad nacional. La gerencia de obra pública de infraestructura civil es la incumbencia natural del gremio, y ejercerla bien es también una forma de rendir cuentas a la sociedad.

IC: ¿Los decretos de fomento a la inversión privada detonarán mayor participación?

JJCL: La participación privada en infraestructura es un tema que compartimos con el sector empresarial, en particular con la CMIC. Lo que el colegio aporta es la visión técnica: los marcos regulatorios deben garantizar calidad, transparencia y beneficio para la sociedad.

Hay pendientes importantes, como los reglamentos de operación de leyes recientemente aprobadas en materia de planeación. Ahí hay una ventana concreta de participación para el CICM, y la vamos a aprovechar.

IC: ¿Cómo hacer que la ética pase del discurso a la práctica?

JJCL: La ética en ingeniería no es un discurso: es la responsabilidad que asumimos frente a la sociedad cada vez que firmamos un proyecto. Y eso va mucho más allá de la corrupción económica, que es lo primero que se piensa cuando se menciona la ética. Implica no aceptar responsabilidades para las que uno no está capacitado, construir los equipos de especialistas necesarios en proyectos complejos, cumplir cada etapa del proceso sin atajos, y reconocer que en las grandes obras de infraestructura convergen dimensiones económicas, ambientales, legales y de derechos sociales que el ingeniero no puede ignorar.

En el CICM estamos poniendo este tema al centro: en nuestro congreso más reciente le dimos un espacio amplio, desde la Olimpiada del Conocimiento con estudiantes hasta las sesiones técnicas con profesionales en ejercicio. La ética se enseña, se practica y se exige. Ese es nuestro compromiso

Entrevista de Daniel N. Moser.

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