13 febrero, 2026 6:55 am

Yolanda Alicia Villegas González Doctora en Estudios Humanísticos con más de 16 años de experiencia en el sector energético del país; derecho corporativo, internacional, energético, de propiedad intelectual y temas relacionados con el agua.

Aban Alonso Moreno Aguilar Maestro en Energías Renovables y especialista en energía eléctrica y uso eficiente de la energía, con experiencia en el sector energético en gubernamentales e internacionales.

La comprensión de los desafíos relacionados con la seguridad hídrica y su impacto en la generación de energía es esencial para desarrollar políticas y prácticas que promuevan el fortalecimiento del sector energético y su sostenibilidad. Este artículo explorará la importancia crítica de abordar la seguridad hídrica en el contexto de la transición hacia un futuro energético más limpio y sostenible.

Palabras clave: agua, energía, transición energética, seguridad hídrica.

En el contexto de la creciente urgencia de abordar el cambio climático y avanzar hacia un futuro más sostenible, la seguridad hídrica emerge como un factor crucial que influye directamente en el éxito de la transición energética global. La interdependencia agua-energía es innegable, ya que el suministro y la gestión adecuados del agua son fundamentales para la producción y el funcionamiento eficiente de diversas fuentes de energía, tanto convencionales como renovables.

El binomio agua-energía

La disponibilidad de energía asequible, confiable y sostenible es un pilar para el bienestar social y económico en una sociedad que aspire a tener un desarrollo sostenible. Es un elemento fundamental para el combate a la pobreza, para garantizar una vida saludable y elevar los estándares de vida en todas las comunidades. Para ello es esencial adoptar prácticas de gestión sostenible de los recursos naturales, promover patrones innovadores de producción y consumo, y fomentar una industrialización que priorice la sostenibilidad. Esto implica la construcción de infraestructuras energéticas robustas y una planificación integral y coordinada de desarrollo del sistema en su conjunto.

En ese contexto, es crucial reconocer la interconexión entre los sistemas de agua y la energía en escala mundial. El agua desempeña un papel fundamental en prácticamente todos los procesos energéticos, desde la generación eléctrica hasta la extracción y procesamiento de combustibles fósiles. La generación de energía a partir de fuentes convencionales implica invariablemente el uso de importantes recursos hídricos; así ocurre en los procesos de enfriamiento de las plantas de generación termoeléctricas y en el almacenamiento y funcionamiento de las plantas de generación hidroeléctrica. El agua necesita energía, la energía necesita agua y el desarrollo humano necesita ambos (Maestu, 2014).

Sinergias para la seguridad hídrica

La disponibilidad de agua afecta significativamente la generación de electricidad. Centrales eléctricas han tenido que frenar sus operaciones debido a la escasez de agua para refrigeración o al aumento de la temperatura del agua. Reconocer esta interdependencia es esencial para desarrollar estrategias efectivas que garanticen la sostenibilidad tanto del suministro de agua como de la generación de energía.

Las empresas que participan en la transición energética global enfrentan riesgos significativos relacionados con la seguridad hídrica, y ya están observando cómo algunos de sus activos se vuelven inutilizables debido a una crisis hídrica mundial.

El papel esencial del agua en la transición hacia un sistema energético libre de carbono no puede ser subestimado. Sin embargo, la extracción insostenible de los recursos hídricos globales, superando las tasas de recarga natural, plantea una seria amenaza para la salud humana, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental. Se proyecta que la creciente escasez de agua afectará a dos tercios de la población mundial para el año 2025, lo que subraya la urgencia de abordar esta crisis de manera integral (Pacto Mundial, s.f.).

Los riesgos de seguridad hídrica para las empresas involucradas en la transición energética se manifiestan en diversas formas. Primero, existen riesgos físicos que incluyen la amenaza de sequías, inundaciones y problemas de calidad del agua. Además, los riesgos regulatorios están en aumento debido a la creciente rigurosidad y cantidad de normativas relacionadas con el uso del agua. Los riesgos reputacionales y de mercado también son significativos, ya que las empresas enfrentan la oposición de las comunidades locales y las preocupaciones de las partes interesadas.

Además, existe el riesgo tecnológico de quedarse rezagado en innovación y en la inversión en nuevas tecnologías. Si no se aborda adecuadamente la crisis del agua, esta situación podría empeorar y generar obstáculos para la transición energética. Las presiones sobre la disponibilidad de agua pueden conducir a riesgos potenciales para la capacidad de producción e incluso al cierre de plantas. Es crucial que las empresas tomen medidas proactivas para mitigar estos riesgos y contribuir a una gestión sostenible del agua en el contexto de la transición energética global.

Las complejas interacciones entre el agua y la energía demandan un enfoque integrado que aborde ambos sectores de manera holística. Ignorar esta interdependencia puede llevar a soluciones que intenten resolver un problema a expensas de empeorar otro, sin ofrecer una solución satisfactoria en última instancia.

Para ilustrar este punto, es esclarecedor examinar la situación desde la perspectiva del consumo energético para las actividades relacionadas con el agua. En áreas rurales, es habitual encontrar pozos con molinos que bombean agua desde fuentes subterráneas. Esta práctica resulta beneficiosa cuando se necesitan grandes volúmenes de agua, como en el riego de cultivos, ya que no se requiere agua potable. En este caso, el consumo de energía se limita al proceso de extracción y distribución, lo que muestra una relación directa entre el uso de energía y la gestión del agua.

Por otra parte, el suministro de agua de red, que se emplea principalmente en áreas urbanas para uso residencial y comercial, conlleva un considerable consumo de energía. Este consumo no solo implica la necesidad de bombeo, sino también de tratamiento de acuerdo con las normativas específicas de potabilización de cada país. La energía requerida para captar y transportar el agua hacia las plantas de tratamiento varía según la fuente de la que se extraiga, sean aguas superficiales, subterráneas, salinas (que requieren un proceso adicional de desalinización) o recicladas. En promedio, la producción de 1 metro cúbico de agua potable demanda entre 0.37 y 8.5 kilowatts-hora (kWh), dependiendo de su origen (IHA, 2016).

Es por esta razón que las respuestas coordinadas deben aprovechar las sinergias inherentes entre el agua y la energía; en lugar de pasar por alto estas interdependencias, las soluciones coordinadas deben capitalizar tales uniones. El ahorro de energía implica el ahorro de agua, y viceversa. Mejorar la eficiencia en el uso del agua no solo reduce la presión sobre las fuentes de agua dulce, sino que también disminuye la demanda de energía necesaria para su tratamiento, bombeo y transporte, lo que a su vez reduce la necesidad de agua para producir la energía requerida en estos procesos.

Conclusiones

Es indiscutible que existe un creciente reconocimiento de la necesidad de una gestión sostenible del agua para generar un impacto positivo en nuestras economías, ecosistemas y comunidades, y allanar el camino para lograr una transición energética hídricamente responsable. Sin embargo, para que los programas energéticos trasciendan su papel como un servicio público únicamente, es fundamental comprender de manera integral su valor para el agua y quién se beneficia de ellos.

Es indispensable definir con mayor claridad los vínculos entre las partes interesadas, los beneficios y los posibles flujos de valor, si se quiere ampliar de manera efectiva y consistente el financiamiento y la implementación de programas de transición. Este marco proporciona una articulación de estos vínculos al mapear los beneficios derivados de la gestión conjunta de la energía y el agua entre un conjunto de partes interesadas, identificando oportunidades donde se pueden obtener beneficios financieros o desarrollar flujos de ingresos.

Un futuro sostenible no es solo un anhelo distante, sino una meta tangible que se puede alcanzar con determinación. Al realizar un inventario y evaluación de las mejores tecnologías disponibles en los ámbitos del agua y la energía, se vuelve evidente que existe un amplio margen para mejorar la calidad de nuestro desarrollo humano y tecnológico durante las próximas décadas.

Referencias

International Hydropower Association (2016). Reporte anual.

Maestu, J., y C. Gómez (2014). El binomio agua-energía: retos, soluciones e iniciativas de las Naciones Unidas. WM Agua y Energía 2: 4-13. Disponible en: www.fundacionaquae.org/sites/default/files/wm-ii-esp.pdf

Pacto Mundial Red España (s.f.). ODS 6 Agua limpia y saneamiento. Recuperado de: www.pactomundial.org/ods/6-agua-limpia-y-saneamiento

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