Ernesto Blanco Sandoval. Director ejecutivo de Servicios a Usuarios del Sacmex.
La demanda, la disponibilidad y la oferta de los recursos hídricos, así como la incorporación de tecnología, son asuntos que deben tomarse en cuenta para una mejor gestión, sin dejar de lado el crecimiento económico y demográfico de las actuales megalópolis y las consecuencias infraestructurales de esta expansión.
El crecimiento poblacional y económico de los últimos años en el mundo ha ido acompañado de un incremento en la demanda de agua, lo que ha provocado un escenario crítico para los recursos hídricos. Con el fin de entender esta problemática en México es importante considerar, por ejemplo, su ubicación geográfica, la variedad de sus características topográficas y su extensión territorial continental (1.9 millones de kilómetros cuadrados); además, es uno de los pocos países donde se pueden presentar hasta ocho diferentes ecosistemas, y en consecuencia diversos tipos de climas con distintos patrones de lluvia que repercuten directamente sobre la cantidad del recurso hídrico en el país.
En promedio llueven en México anualmente 1,489 kilómetros cúbicos, de los cuales 1,065 km3 se evapotranspiran, y –con base en el balance de exportaciones e importaciones con los países vecinos– recibe 47.5 km3 adicionales, por lo que el país cuenta con 471.5 km3 de agua dulce renovable que escurre en las 731 cuencas hidrológicas y se infiltra en los 653 acuíferos definidos por la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
En términos de disponibilidad (471.5 km3 de agua renovable entre la población total del país), cada habitante cuenta con un poco más de 3,900 metros cúbicos por año, cifra calificada como baja por la ONU y que varía considerablemente entre las 13 regiones hidrológicas administrativas en las que se ha dividido el país. Difieren los más de 21 mil metros cúbicos por habitante y por año disponibles en la región Frontera Sur de los 152 m3/hab/año en el Valle de México. Cabe mencionar que 62.7 millones de personas, que representan el 52% de la población del país, habitan en zonas con disponibilidad per cápita menor a 1,700 m3/año, donde normalmente el volumen demandado es mayor que el suministrado, se ejercen mayores presiones y se generan problemas de distribución del recurso.
En lo referente a los usos del agua, de los 471.5 km3 anuales de agua dulce renovable, se han expedido derechos de uso del agua por 263.5 km3 anuales; de esta cifra, 178.6 km3 corresponden a las concesiones para la generación de energía hidroeléctrica, es decir, al uso no consuntivo del agua. El resto de los títulos de concesión y asignación, 84.9 km3, se destinan a los cuatro usos consuntivos identificados en el país, que representan la cantidad de agua consumida en una actividad específica y que afectan en cantidad y calidad la disponibilidad del recurso; 75.7% se emplea para la agricultura, 14.6% para abastecimiento público, 5.5% para generación de energía por medio de plantas termoeléctricas y 4.1% para la industria.
El ciclo urbano del agua en la Ciudad de México
La presión que se ha ejercido sobre los recursos hídricos a lo largo de la historia ha sido provocada en gran medida por el crecimiento urbano de las últimas décadas, lo cual puede derivar en una situación insostenible por la desproporción entre el uso del recurso natural y su capacidad de regeneración.
Debemos tomar en cuenta que el agua existe en cantidades finitas, y es a través del ciclo hidrológico (ciclo del agua) que se renueva. Esto quiere decir que el agua que utilizamos hoy en día es la misma que se ha usado durante millones de años, la cual, conservada casi sin cambio desde el origen del planeta Tierra, se va reciclando constantemente en un circuito interminable entre la Tierra y la atmósfera, en equilibrio con todos los procesos de la naturaleza en los que interviene.
Para el caso de la Ciudad de México, es sustancial tener en cuenta que el servicio y la necesidad del líquido se encuentran determinados por los siguientes factores:
- Disponibilidad de recursos naturales: acuíferos y presión sobre éstos.
- Tecnológicos: mecanismos de extracción, potabilización, distribución, desalojo y saneamiento.
- Espaciales: distribución territorial de la población, exigencias del mercado inmobiliario, ubicación de la infraestructura urbana, etcétera.
- Demográficos: incremento y concentración de la población.
- Socioculturales: patrones de consumo y capacidad de acceso al servicio, entre otros.
Fases del ciclo hidrológico urbano
El ciclo hidrológico urbano, como tradicionalmente se le conoce, comprende desde que el agua se recoge y llega a las acometidas hasta que se reutiliza y se devuelve a la naturaleza. Se divide en tres fases: abastecimiento, saneamiento y reutilización.
Abastecimiento
Esta actividad comprende desde la captación del agua hasta su arribo a las acometidas y medidores de los inmuebles. Incluye los siguientes procesos:
Captación y potabilización. El agua que proviene de fuentes como ríos, mantos acuíferos, presas y lagos se almacena y se potabiliza para asegurar que cumple con una serie de condiciones sanitarias adecuadas para su consumo.
Almacenamiento y distribución. Una vez potabilizada, el agua ya puede ser conducida al lugar de consumo. Se almacena en grandes depósitos urbanos para posteriormente ser transportada a través de la red hidráulica a los predios.
Saneamiento
En esta fase, el agua ya utilizada que sale de los inmuebles es devuelta a su cauce natural respetando el medio ambiente. Incluye los procesos siguientes:
Alcantarillado. Una vez utilizada, el agua pasa a ser residual y se colecta en el alcantarillado de la ciudad. Una red de tuberías recoge esta agua junto con las aguas de lluvia o separada de éstas, y la transporta hacia los sistemas de depuración o vertido.
Depuración. La depuración de las aguas residuales consiste básicamente en eliminar las impurezas del agua usada, para devolverla a los cauces naturales en buenas condiciones. Esto reduce al mínimo los riesgos ambientales y permite reutilizar parte del agua en usos secundarios.
Reutilización
En el riego de jardines, la agricultura o algunas actividades industriales se aprovecha el agua que ha sido depurada. Esta fase entraña las siguientes acciones:
Regeneración. Las aguas residuales depuradas pasan por un proceso complementario de afino, llevado a cabo en infraestructuras específicas, para su posterior utilización segura (desinfección) en usos distintos del consumo humano (riego de jardines, agricultura, actividades industriales).
Reúso. El agua regenerada se transporta y se entrega al usuario de reutilización mediante tuberías, diseñadas de manera diferente a las de abastecimiento para evitar su confusión.
Figura 1. Ciclo hidrológico urbano.
Pago por el servicio de agua
La anterior es una descripción imperfecta, toda vez que no considera el pago por el servicio de agua y saneamiento (recaudación), que es completamente indispensable para la existencia del propio ciclo, ya que este concepto costea y permite que se puedan llevar a cabo las distintas fases; por lo tanto, debe agregarse al ciclo hidrológico una fase adicional.
Recaudación
Esta actividad comprende las fases del ciclo comercial, que permiten hacer la gestión de cobro por parte de los organismos prestadores de los servicios de agua y saneamiento. Incluye los procesos siguientes:
- Deberá comprender las erogaciones necesarias para adquirir, extraer, conducir y distribuir el líquido, así como para su descarga a la red de drenaje y las que se realicen para mantener y operar la infraestructura requerida.
- Medición. Se debe aplicar a los usuarios del servicio para establecer su consumo, lo que además de definir el monto a facturar permitirá controlar fugas intradomiciliarias y consumos excesivos.
- Facturación. Determinación de cobro por el servicio prestado a cada usuario de agua y saneamiento.
- Por la prestación del servicio de agua y saneamiento, mensual o bimestral, incluyendo acciones de cobranza para recuperar cartera vencida, la restricción o suspensión del servicio, así como acciones legales.
El ciclo hidrológico en la Ciudad de México
En las diferentes gestiones gubernamentales es un tema de primer orden la crisis hídrica mundial, sobre todo la sufrida en los ámbitos urbanos; esta es una crisis de múltiples dimensiones que va más allá de la escasez del líquido.
La demanda, la disponibilidad y la oferta de los recursos hídricos, así como la incorporación de tecnología, son asuntos que deben tomarse en cuenta para una mejor gestión, sin dejar de lado el crecimiento económico y demográfico de las actuales megalópolis y las consecuencias infraestructurales de esta expansión.
Para la gestión del ciclo hidrológico en la Ciudad de México se ha apostado por un desarrollo sustentable y se busca a través de la cultura un área de oportunidad para la solución de la crisis. En el éxito de este planteamiento, la responsabilidad social desempeñará un papel fundamental.
Los planteamientos de la sustentabilidad sientan sus bases en el riesgo medioambiental globalizado. En este sentido, proponer la implementación de rutas de acción para disminuir y dejar de reproducir riesgos se vuelve imperante ante una crisis ecológica de magnitudes históricas y alcances mundiales. Se debe recordar que toda acción, especialmente aquellas que afecten el ámbito ecológico, tendrán repercusiones globales, lo que significa que nuestro actuar en el planeta debe ser consciente y reflexivo en términos de riesgo.
Tanto en el plano teórico como en el práctico, la sustentabilidad es, entonces, uno de los principales mecanismos instaurados en la Ciudad de México para hacer frente a esta situación que, si bien se ha ido gestando desde principios de la era industrial, hoy nos muestra sus consecuencias de manera más cruda.
En la sociedad debe imperar la transformación de la cultura hídrica; para ello, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) ha desarrollado el Plan de Agua para el Futuro, cuyo objetivo es generar actividades que optimicen el aprovechamiento y uso del agua, acompañadas por nuevas formas de entender la administración y el manejo de los recursos, la solución de la demanda y la atención al mercado potencial que rodea al agua.
Problemática de la gestión del ciclo hidrológico urbano
En el caso particular de la Ciudad de México se han diagnosticado diversos problemas que han limitado la eficiencia del servicio, como los hundimientos, la sobreexplotación del acuífero, la infraestructura y la sustentabilidad del agua. Aunado a lo anterior, las características geográfico-topográficas, la disponibilidad de recursos hídricos y el cobro de tarifas muy bajas elevan la complejidad para la prestación de servicios de agua potable, drenaje, tratamiento y reúso, y de la misma manera afectan el ciclo hidrológico urbano.
Al mismo tiempo, el excesivo desarrollo urbano en la ciudad ha propiciado la desecación de lagos, la deforestación de las zonas boscosas y la explotación del acuífero más allá de su capacidad de renovación natural, con el consecuente hundimiento del suelo. Debido a esto, ha ido en aumento la dificultad para garantizar a la población el suministro de agua potable en cantidad y calidad adecuadas; de manera paralela, la complejidad en el desalojo oportuno de las aguas servidas y las aguas pluviales se ha incrementado. Actualmente se estima que la sobreexplotación del acuífero local por los aprovechamientos propios del Sacmex es de 3.5 m3/s; a ello se suma que en la zona sureste de la ciudad (Iztapalapa y Tláhuac) existe mala calidad del agua a causa de la contaminación natural e inducida.
A pesar de los esfuerzos realizados, las acciones para solucionar el déficit en el suministro, las fugas en la red y la vulnerabilidad del sistema de drenaje ante fenómenos hidrometeorológicos no han sido suficientes, pues se calcula que el 40% del caudal suministrado a la red se pierde en fugas, clandestinaje y agua no contabilizada.
Las variables ambientales (cambio climático) y sociales (cambio en el uso de suelo) son los principales detonadores de la degradación de los recursos hídricos. Tal degradación se dio por una serie de fenómenos y se evidencia, principalmente, en la ausencia de una valoración económica y en la no capitalización de los bienes y servicios ambientales que produce el suelo de conservación. Además, hace falta una normatividad que considere la siempre creciente demanda de bienes y servicios ambientales de la población en el entorno de gran concentración urbana que representa la Zona Metropolitana del Valle de México y la ocupación de áreas rurales.
Las zonas de mayor importancia para la recarga natural en la Ciudad de México corresponden a los sistemas que delimitan la cuenca de México hacia el poniente y hacia el sur, región que coincide con el suelo de conservación. Se calcula que existe una recarga de 279 hm3/año (8.9 m3/s) al sistema acuífero, de los cuales 161 hm3/año se infiltran en los alrededores de la Sierra de Chichinautzin, donde el área de suelo de conservación es de aproximadamente 64 mil hectáreas.
Otro de los grandes problemas que aquejan a la ciudad es la recarga del acuífero, que refiere de manera concreta al medio por el cual es posible renovar una de las fuentes de abastecimiento primordiales de la ciudad (mantos acuíferos) a través de la recolección de aguas pluviales.
Las zonas de mayor importancia para la recarga natural en la Ciudad de México corresponden a los sistemas que delimitan la cuenca de México hacia el poniente y hacia el sur, región que coincide con el suelo de conservación. Se calcula que existe una recarga de 279 hm3/año (8.9 m3/s) al sistema acuífero, de los cuales 161 hm3/año se infiltran en los alrededores de la Sierra de Chichinautzin, donde el área de suelo de conservación es de aproximadamente 64 mil hectáreas. De este estudio se concluyó que urbanizar una hectárea en esta sierra daría lugar a una pérdida aproximada de 7 m3 por día en la recarga natural del acuífero, equivalentes a 250 litros de recarga anual por cada metro cuadrado de suelo de conservación que se ocupe.
Asociado a esto, la infraestructura del sistema de drenaje sufre modificaciones constantes, principalmente en capacidad y funcionamiento, por causa del hundimiento, las condiciones de operación, asentamientos irregulares y otros aspectos relacionados con la falta de conciencia ciudadana para el cuidado de la infraestructura básica; estas nuevas condiciones se traducen en una mayor dificultad para el control, regulación y desalojo de aguas residuales y pluviales de la ciudad, por lo que se elevan los coeficientes de escurrimiento, disminuye la capacidad de regulación en presas y lagunas y se incrementa el riesgo de desastre en algunas zonas.
Los encharcamientos en muchos lugares de la ciudad se deben, entre otras razones, a hundimientos y obstrucciones, éstas debidas primordialmente a la acumulación de basura en coladeras, y gran parte del sistema de drenaje depende de las plantas de bombeo.
A las descargas de la Ciudad de México se incorporan otras de municipios del Estado de México, por lo cual es necesario intensificar la revisión de las condiciones estructurales y de funcionamiento hidráulico de las salidas principales del drenaje de la cuenca.
De manera adicional, las tarifas en la Ciudad de México son determinadas por su Asamblea Legislativa, que ha mantenido el esquema tarifario entre los más bajos del país e incluso del mundo y que también asigna el presupuesto al Sacmex; al instaurar tarifas bajas y un presupuesto insuficiente, pone al organismo operador en la disyuntiva de proveer menos servicios, bajar su calidad o no cubrir aspectos básicos de mantenimiento.
Asimismo, establecer tarifas bajas provoca un uso irresponsable del agua, pues no basta la buena voluntad de los usuarios; se requiere reflejar el costo real y la escasez del recurso para evitar abusos y dispendio.
Propuestas del Sacmex ante la crisis
Los problemas hasta aquí expuestos han sido factores determinantes para la generación de nuevas propuestas por parte del Sacmex con objeto de dar soluciones en el corto y mediano plazo que garanticen el abastecimiento y la sustentabilidad para la población.
Se requieren mayores inversiones en infraestructura, equipamiento y formación de recursos humanos para el manejo de las fuentes de abastecimiento y de los esquemas de operación del sistema de agua potable, drenaje superficial, colectores y sistemas semiprofundo y profundo.
Otras de las propuestas del Sacmex son incrementar las acciones en el manejo de aguas pluviales, ejercer mayor control sobre el suelo de conservación, disminuir la sobreexplotación del acuífero, reforzar la detección y supresión de fugas en redes de distribución y tomas domiciliarias de agua potable, rehabilitar y sustituir redes y ramales, y renovar válvulas.
Una alternativa que actualmente se lleva a cabo es la recarga artificial con agua de lluvia; para efectuarla es necesario revisar las condiciones topográficas, hidrológicas e hidrogeológicas. De acuerdo con ello, se plantea que los métodos a utilizar en la porción poniente de la Ciudad de México sean una combinación de presas y pozos de absorción, mientras que en la zona sur las condiciones indican la necesidad de estructuras de gavión y canalización de oquedades naturales, complementadas con pozos de absorción.
También se da continuidad a las labores en materia de cultura del agua y se promueven campañas más eficientes de concienciación y participación de los ciudadanos para lograr un uso óptimo del recurso.
En materia de recarga inducida y aprovechamiento eficiente del agua de lluvia en el suelo de conservación, el gobierno de la ciudad lleva a cabo diversas acciones:
- Tinajas ciegas en suelos forestales
- Presas de gavión en barrancas y cauces
- Reforestación
- Pozos de infiltración
De esta manera, las acciones están orientadas a sostener la recarga natural, así como a incrementar la recarga artificial con agua de lluvia y agua residual tratada, con el fin de no alterar el ciclo hidrológico ni contribuir a otras condiciones asociadas al cambio climático, como aumentos en la temperatura y variación en la intensidad de las precipitaciones.
También se invierte en la infraestructura del sistema: se fortalecen las redes de tuberías de agua potable y de drenaje sanitario y pluvial, con un alcance que suma más de 25,000 km (más de dos veces el diámetro de la Tierra); la capacidad instalada de producción y distribución de agua potable serviría para abastecer a la población de Honduras y Guatemala juntas. Se cuenta con más de 450 plantas de bombeo para agua potable y desalojo de aguas residuales y pluviales.
La infraestructura hidráulica de la Ciudad de México a lo largo del siglo XX se construyó con materiales de todo tipo; en la actualidad, muchos elementos de la infraestructura de agua potable y drenaje muestran signos de haber completado su vida útil, o bien son obsoletos ante nuevas tecnologías más eficientes y económicas; otros más han visto rebasada su capacidad de conducción y exhiben sedimentación, rompimiento o fisuras. Esto repercute directamente en las fugas de la red.
Para solucionar las fugas detectadas, el Sacmex realiza en promedio más de 26 mil reparaciones anuales en tomas de agua potable y en la red secundaria de distribución. Con respecto a los elementos de la infraestructura, algunos se han sustituido o rehabilitado, lo que permite mejorar el servicio en varias zonas y reducir las pérdidas ocasionadas por fallas.
Actualmente se trabaja con el Fondo Nacional de Infraestructura y con el Banco Mundial en proyectos que tienen como objetivo el rescate de agua y la eliminación de fugas mediante la recuperación de 6,000 l/s que se pierden en las redes de la ciudad. También se pretende equipar las instalaciones hidráulicas del Sacmex con telemetría y control remoto. De igual forma se construirán y rehabilitarán plantas potabilizadoras que permitirán suministrar agua potable a la población total de la ciudad, con lo que se logrará romper el círculo vicioso de fugas que obligan a tandeos, tandeos que dañan tuberías y tuberías dañadas que generan más fugas.
Es necesario reforzar las salidas superficiales y construir algunas captaciones en el sistema de drenaje profundo para garantizar la seguridad de la población en lo que se refiere al desalojo de agua residual y pluvial, lo que implica una fuerte inversión en obras de ampliación y complementarias.
Los programas para construcción de drenaje y control de calidad de agua potable, residual y residual tratada contribuyen a disminuir la contaminación del acuífero, del medio ambiente y de los cuerpos receptores de las descargas a cielo abierto; al mismo tiempo, se evitan problemas de salud a la población.
Es una asignatura pendiente lograr la implementación de un esquema tarifario que permita al Sacmex obtener los recursos necesarios para invertir en la infraestructura que la ciudad requiere, dar mantenimiento a la existente y hacer frente a los costos que genera el otorgar un buen nivel de servicio. Al mismo tiempo deberá presentarse un costo que, si bien debe ser razonable para los usuarios, controle el abuso y el dispendio, refleje el valor y escasez del agua y castigue los consumos elevados.
Los servicios de agua potable y alcantarillado no llegan a la totalidad de la población de la Ciudad de México, principalmente porque el aumento de la infraestructura no puede sostener el ritmo de crecimiento urbano. Un factor de suma importancia en esta situación tiene que ver con los niveles de inversión, que son insuficientes ante el rezago en mantenimiento y las crecientes necesidades de nueva infraestructura, por lo que en los últimos años se han realizado reestructuraciones al sistema comercial para incrementar los ingresos del Sacmex; además se han intensificado las acciones de cobranza a los usuarios morosos, mediante requerimientos de pago, restricción y suspensión del servicio, al tiempo que se realizan campañas permanentes y novedosas de cultura del agua. También se planeó la ampliación de la cobertura y el mejoramiento del sistema de medición, lo que permitirá a los usuarios conocer sus consumos, controlar y ajustar su gasto. Estas acciones están dando buenos resultados en la reducción del volumen utilizado y la voluntad de pago de los usuarios.
Finalmente, para cubrir los niveles de servicio y al mismo tiempo atender los retos de sustentabilidad ambiental (ciclo hidrológico urbano) y mitigar los riesgos asociados al drenaje, se tiene que lograr un balance entre las necesidades de inversión, un mejoramiento en su eficiencia operativa y un aumento en el ingreso de recursos propios. Por ello queda como asignatura pendiente lograr la implementación de un esquema tarifario que permita al Sacmex obtener los recursos necesarios para invertir en la infraestructura que la ciudad requiere, dar mantenimiento a la existente y hacer frente a los costos que genera el otorgar un buen nivel de servicio. Al mismo tiempo deberá presentarse un costo que, si bien debe ser razonable para los usuarios, controle el abuso y el dispendio, refleje el valor y escasez del agua y castigue los consumos elevados. Para lo lograrlo, en principio habrá de concretarse la descentralización del Sacmex, dotarlo de autonomía de gestión.
