9 enero, 2026 2:28 am

Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor

El crecimiento urbano ha alterado profundamente los ciclos del agua y generado problemas como escasez e inundaciones, especialmente en ciudades con alta densificación y pérdida de zonas de infiltración. La dependencia de soluciones tecnológicas intensivas en energía y recursos ha incrementado los costos económicos, sociales y ambientales del manejo hídrico. Frente a esta crisis, cobra relevancia una visión que integre el agua como componente central del sistema urbano.

Marcelo Canteiro Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM, Unidad Morelia.

Algunas experiencias muestran la importancia de restaurar espacios naturales y recuperar sus servicios ecosistémicos, como la recarga de acuíferos y la mejora de la calidad del agua; zonas conservadas dentro de grandes urbes aportan beneficios concretos, como abastecimiento de agua limpia y control de inundaciones. Las ciudades medianas con dinámicas ecosistémicas conservadas representan una oportunidad clave para avanzar hacia una gestión del agua más sustentable. La combinación de restauración ecológica, involucramiento social, normativa actualizada y el uso de tecnologías apropiadas puede reducir costos, fortalecer la resiliencia climática y mejorar la calidad de vida urbana. Apostar por modelos urbanos que reconecten con la naturaleza es urgente y posible, especialmente en estos territorios intermedios donde aún se puede prevenir en lugar de corregir.

El precio de crecer: asfalto, pérdida de infiltración y desbordes urbanos

La expansión y densificación urbana promueve la concentración del consumo de agua, el impacto sobre los ciclos hidrológicos y la alteración de la calidad del agua. Estas afectaciones plantean desafíos socioambientales relacionados con una disminución en la calidad de vida de las personas. Entre estos desafíos, destaca la aparición de problemas relacionados con el agua, como la escasez y la presencia de inundaciones (Zambrano et al., 2017). La intensidad de estos problemas en las ciudades depende del grado de alteración del espacio promovido por la urbanización. Dicha modificación del espacio implica un impacto sobre los ecosistemas y su funcionamiento y, por lo tanto, una disminución o pérdida de los beneficios obtenidos por nuestra relación con la naturaleza (McPhearson et al., 2014).

Una importante consecuencia del impacto de la urbanización en los ecosistemas y sus procesos es nuestra dependencia continua de inversión tecnológica y energética para realizar este tipo de procesos. Sin embargo, cada vez parece estar más claro que dentro del territorio urbano no todo lo debemos y podemos solucionar a través del uso de la tecnología (Maass, 2019). Aunque en algún momento fue rentable este enfoque del manejo, las características de las ciudades modernas y la crisis climática en la que nos encontramos (Murray, 2021; Ürge-Vorsatz et al., 2018) hacen que esta visión implique costos económicos, sociales y ambientales cada vez más elevados para las ciudades y sus habitantes. Esto nos solo atenta contra la calidad de vida urbana, sino que también va en contra de la búsqueda de futuros más sostenibles.

El agua en el centro de la política urbana

Para avanzar en esta visión futura de la urbanización, es necesario entender al agua no solo como un recurso, sino como un componente vital del paisaje y de los procesos ecológicos (Maass, 2015). En este sentido, las modificaciones propuestas por la urbanización, particularmente las relativas al cambio de uso de suelo, la reducción de espacios naturales y la subsecuente impermeabilización de las urbes provocan la modificación o eliminación de cauces y la reducción de la infiltración de agua. Estas modificaciones no solo afectan la disponibilidad de agua; también impactan procesos y dinámicas naturales que promueven la resiliencia del ecosistema urbano frente a fenómenos naturales como tormentas, sequías u otros eventos extremos asociados al cambio climático (Estrada et al., 2023). Esto a su vez deriva en una intensificación de problemáticas urbanas tales como inundaciones y escasez de agua, las cuales pueden desembocar en conflictos sociales y afectar con mayor intensidad a grupos sociales en situación de vulnerabilidad.

Algunas ciudades han tomado acciones para mejorar y facilitar su manejo del agua a través de la consideración de las dinámicas naturales en territorio urbano. Respecto a esto, las principales acciones reportadas se basan en la restauración de espacios naturales terrestres y acuáticos. En este sentido, se encontró que el 76% de los casos estudiados presentaron acciones relacionadas con el cambio de infraestructura urbana gris por espacios verdes o azules, e integrando al agua como prioridad en el diseño urbano. Lo anterior, a través de soluciones basadas en la naturaleza, estrategias de desarrollo de bajo impacto y la integración de la planificación del uso del suelo con la gestión de recursos hídricos. Sin embargo, en el 71% de los casos también se reportaron acciones relacionadas con la rehabilitación o conservación de aguas superficiales y sus ecosistemas asociados como estrategias para el manejo de agua urbano. Por otra parte, en el 41% de los casos se realizaron también acciones relacionadas con la búsqueda de fuentes alternativas para aumentar la disponibilidad de agua, como la reutilización de aguas residuales o la recolección de agua de lluvia.

Estos cambios fueron impulsados en esas ciudades debido a varios motores e incentivos, tanto económicos como sociales y políticos. Una primera motivación para avanzar en este tipo de iniciativas que consideran los procesos naturales relacionados con el agua en las estrategias de planeación y gestión urbana e hídrica fue el costo del manejo urbano del agua tradicional, centrado en el uso de tecnología, el cual comienza a elevarse y a dificultar el manejo. Cambios en la legislación o en las políticas públicas existentes, así como reclamos sociales para mejorar el manejo del agua también promovieron el avance de este tipo de iniciativas. Existen asimismo otros motivos que derivan de la gravedad de los problemas experimentados por las ciudades, como sequías e inundaciones. Más allá de la diversidad de motivos para incluir una visión más sensible en el manejo del agua, los objetivos finales eran los mismos: recuperar esos beneficios que la naturaleza otorgaba para la gestión del agua, sin intervención humana, que fueron afectados por la urbanización y que resulta valioso recuperar y aprovechar.

Un ejemplo que permite ilustrar este tipo de iniciativas es la Ciudad de México, la cual presenta muchos de los problemas relacionados con el agua que tienen las ciudades. Sin embargo, en la parte sur de la ciudad existe la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, REPSA, que brinda diversos beneficios a la sociedad, algunos de estos relacionados con el agua. Con estudios recientes se ha comprobado que la conservación de este espacio natural está beneficiando a la ciudad en términos de cantidad y calidad de agua. Esto se explica porque el agua de lluvia que se infiltra en la reserva y recarga el acuífero somero puede abastecer hasta a 39,400 habitantes al año. A su vez, la lluvia infiltrada desaparece rápidamente de la superficie, lo que contribuye al control de inundaciones. Además, al llegar al acuífero somero, dicho volumen de agua es capaz de diluir los contaminantes que el acuífero ha recibido a lo largo de su paso por debajo del suelo urbano, y mejora así la calidad del agua. Esto ilustra cómo hasta en una megaciudad con alta presencia de problemas relacionados con el agua se puede obtener un beneficio de conservar o restaurar espacios naturales que contribuyan y faciliten el manejo urbano del agua.

Ciudades medianas: construyendo un futuro más sostenible

Las ciudades pequeñas y medianas, muchas veces olvidadas en los debates urbanos, presentan oportunidades relevantes para transitar hacia la sustentabilidad urbana. A diferencia de las grandes metrópolis, donde la urbanización ha modificado profundamente el territorio, las ciudades chicas y medias conservan ecosistemas y mantienen dinámicas naturales funcionales, tanto dentro del territorio urbano como en el periurbano. Estas dinámicas pueden aprovecharse para contribuir al manejo del agua y a la conservación de servicios naturales vitales para las sociedades y los ecosistemas. A su vez, la consideración de las dinámicas naturales en la urbanización posibilita la búsqueda de soluciones alternativas a los problemas urbanos relacionados con el agua, reduciendo costos en el manejo y fomentando el bienestar de los habitantes urbanos.

Para que las ciudades pequeñas y medianas transiten de manera efectiva hacia una gestión hídrica sustentable, resulta indispensable combinar iniciativas ecológicas, normativas, institucionales, sociales y tecnológicas en su planificación urbana. En este contexto, entre las iniciativas ecológicas destacan la conservación y restauración de ecosistemas, considerando la recuperación de cauces fluviales y sus ecosistemas asociados, humedales periurbanos y áreas de recarga de acuíferos. Este tipo de acciones se orientan a considerar en las políticas urbanas los ciclos naturales del agua, lo cual mejora la infiltración y contribuye a prevenir inundaciones a través de la regulación de caudales ante eventos extremos. Lo anterior no se contradice con la implementación de iniciativas tecnológicas en el manejo del agua, sino que esta visión busca que la tecnología sea complementaria y aproveche las dinámicas naturales en la ciudad. En este sentido, existen innovaciones tecnológicas que pueden cumplir este papel, como los captadores de lluvia y las plantas de tratamiento para el reúso de agua, que aumentan la disponibilidad del líquido. Sin embargo, debido a la magnitud de los problemas urbanos relacionados con el agua, estas iniciativas no son capaces de atenderlos por sí solas, además de que implican altos costos económicos, de instalación y operación, así como impactos socioambientales por su intenso uso de energía. Es necesario tener claro que este tipo de iniciativas deberían ser consideradas un complemento de las iniciativas ecológicas, y no ser el centro de las políticas de manejo urbano del agua.

Respecto a las iniciativas regulatorias, políticas o institucionales, algunas experiencias resaltan los incentivos para realizar nuevos diseños de urbanización con base en dinámicas naturales como la precipitación, la infiltración y la escorrentía. A su vez, en algunos casos, son las normativas locales o regionales las que incentivan, promueven u obligan a la realización de algunos procesos como la recuperación de agua de lluvia o la instalación de drenaje pluvial, para evitar la mezcla de agua limpia y sucia, así como el tratamiento y reúso del agua tratada. Estas iniciativas generan incentivos para que tanto actores públicos como privados vinculados con la urbanización transiten hacia mecanismos que respeten los procesos naturales vinculados con el agua y promuevan una gestión hídrica más eficiente y sostenible en las urbes.

Las diferentes iniciativas planteadas deberían combinarse y reflejarse en políticas públicas que incentiven la realización de proyectos urbanos que incorporen las dinámicas naturales; estos proyectos deben ser claros y transparentes para la sociedad, ya que se sabe que una barrera para poder ejecutarlos es justamente la falta de apropiación o incluso la oposición social al cambio en el manejo, o la falta de entendimiento de la población de los beneficios a mediano y largo plazo. Lo anterior puede deberse a la falta de confianza en los proyectos o en la gestión, o a los inconvenientes a corto plazo que pueden generar este tipo de proyectos, como la construcción de grandes obras y la falta de soluciones inmediatas, entre otros. Para superar estas barreras se han visto experiencias a través de la participación, la transparencia y la educación socioambiental, que promueven la sensibilización de los habitantes de las urbes sobre el valor del agua y de una adecuada gestión. Por ejemplo, una barrera social para el uso de agua tratada se fundamenta en la falta de confianza de la población sobre el tratamiento del agua por parte de los encargados del proceso y, por lo tanto, de su calidad final. En consecuencia, la ejecución de este tipo de iniciativas tecnológicas solo será viable si se construye la confianza ciudadana a través del involucramiento de la sociedad en todas las etapas, desde el diagnóstico y el diseño de los proyectos hasta su operación y mantenimiento. Esto fortalece el sentido de pertenencia, fomenta la corresponsabilidad y permite avanzar en superar resistencias sociales, lo que promueve la apropiación social de estas soluciones y la viabilidad de los proyectos.

Conclusiones: el futuro del agua urbana

Los problemas urbanos relacionados con el agua necesitan soluciones integrales, entre las que se encuentra el replantearse el modelo de urbanización en cuanto a crecimiento y expansión de la ciudad en términos cuantitativos y cualitativos. Solucionar estos problemas es cada vez más urgente, por sus impactos socioambientales actuales, pero también por el contexto de crisis climática que indica que se irán intensificando en el futuro. Optar por modelos urbanos que reconecten con la naturaleza parece ser una alternativa urgente y posible. Así, las ciudades pequeñas y medianas tienen ante sí una oportunidad única para evitar los errores de las grandes urbes y aprovechar su escala para integrar al agua como hilo conductor en su modelo de urbanización. Para ello resulta clave generar marcos normativos, institucionales y programáticos que alineen la urbanización y el manejo del agua con los procesos naturales y permitan conservar y restaurar los beneficios de dichos procesos para la sociedad y para los ecosistemas. Además, es necesario generar información, indicadores e incentivos financieros que apalanquen el desarrollo de iniciativas tanto gubernamentales como no gubernamentales orientadas a este mismo objetivo. Finalmente, se requiere promover procesos de comunicación, educación y aprendizaje sociales vinculados al valor del agua en las ciudades, los retos que se enfrentan y la importancia de poner al agua como eje central de los procesos de urbanización. Con base en estos pasos, se podría avanzar hacia un modelo urbano resiliente, sustentable y justo para las ciudades pequeñas y medianas, que permita fortalecer sus capacidades para enfrentar los desafíos del cambio climático y la crisis hídrica

Referencias

Estrada, F., et al. (2023). Anthropogenic influence on extremes and risk hotspots. Scientific Reports 13(1): 35.

Maass, M. (2015). El manejo de cuencas desde un enfoque socioecosistémico. Cuencas de México 1(1): 3-8.

Maass, M. (2019). Los sistemas socio-ecologicos (SSE) desde el enfoque socioecosistemico (SES). En S. Ávila Foucat y M. Perevochtchikova, Eds. Sistemas socio-ecológicos: Marcos analíticos y estudios de caso en Oaxaca, México. Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM.

McPhearson, T., et al. (2014). Urban ecosystem services for resilience planning and management in New York city. AMBIO 43(4): 502-515.

Murray, G. (2021). Seven decades of climate change across Mexico. Atmósfera.

Ürge-Vorsatz, D., et al. (2018). Locking in positive climate responses in cities. Nature Climate Change 8(3): 174-177.

Zambrano, L., et al. (2017). A spatial model for evaluating the vulnerability of water management in Mexico City, Sao Paulo and Buenos Aires considering climate change. Anthropocene 17: 1-12.

Bibliografía

Canteiro, M., et al. (2019). Relationships between urban aquifers and preserved areas south of Mexico City. Groundwater for Sustainable Development 8: 373-380.

Canteiro, M., et al. (2023). Urban green spaces and their relationship with groundwater quality: The case of a shallow aquifer in the south of Mexico City. Sustainable Water Resources Management 9(5): 156.

Canteiro, M., et al. (2024). Natural dynamics and watershed approach incorporation in urban water management: A scoping review. PLOS ONE.

Canteiro, M., et al. (2025). The relation between urban green spaces, shallow aquifers and water availability for cities: A case study in Mexico City. PLOS Water 4(4).

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