6 noviembre, 2026 2:19 pm

Los sismos ocurridos en Venezuela el 24 de junio de 2026 afectaron edificios y servicios del centro-norte del país. Sus consecuencias permiten examinar la interacción entre el movimiento del terreno, las condiciones del suelo y la vulnerabilidad de las construcciones. De esta experiencia se desprenden lecciones para la prevención en México, siempre que se distingan los daños observados de las causas que aún deben comprobarse.

Carlos Méndez Galindo Vicepresidente de la SMIS y presidente de su comité Aprendiendo de los Sismos. Director ejecutivo de SeismicPS.

Un edificio puede permanecer en pie y dejar de ser utilizable. Una carretera puede reabrirse al tránsito aunque sus laderas sigan inestables. Ambas situaciones ayudan a entender las consecuencias de los sismos de Venezuela del 24 de junio de 2026: la respuesta ante la emergencia dependió de la seguridad de las construcciones y de la continuidad de los servicios.

La secuencia permite examinar cómo influyen el suelo, el estado de los edificios y las condiciones de la infraestructura en la distribución del daño. También ofrece lecciones para México, donde la evaluación de las construcciones existentes y la protección de los servicios esenciales forman parte de la prevención sísmica.

El análisis presentado en el reporte de reconocimiento virtual “Sismos de Venezuela del 24 de junio de 2026”, publicado por la SMIS, se apoya en información de organismos científicos, documentos técnicos, imágenes satelitales y comunicaciones públicas disponibles en julio de 2026. Esta evidencia permite reconocer patrones y orientar inspecciones. Sin embargo, la seguridad de cada obra y las causas de sus daños deben establecerse mediante evaluaciones presenciales, mediciones y análisis específicos (SMIS, 2026).

Dos sismos y la acumulación de daño

La secuencia constituyó un doblete: dos sismos de magnitud semejante, próximos en el tiempo y el espacio. Los parámetros preliminares indicaron magnitudes de momento de 7.2 y 7.5, un intervalo aproximado de 39 s y profundidades de alrededor de 20 y 10 km, respectivamente. La magnitud de momento, representada por Mw, expresa el tamaño de la fuente sísmica. La sacudida que se experimenta en cada localidad depende, además, de la propagación de las ondas y de las condiciones del terreno. Los valores citados corresponden a la información preliminar de la secuencia.

Estos sismos se relacionan con el sistema de fallas Boconó, San Sebastián y El Pilar, en el límite entre las placas del Caribe y de Sudamérica. El movimiento relativo de las placas acumula deformación, que puede liberarse cuando una falla se desliza. Si la ruptura se propagó de manera preferente hacia el este, pudo concentrar parte de la energía en esa dirección. Este fenómeno se conoce como directividad; su contribución a la sacudida en Caracas requiere comprobarse con registros instrumentales y modelos de la ruptura.

Cuando dos sismos ocurren con tan poca separación, el segundo puede encontrar una estructura ya dañada. Las grietas y las deformaciones permanentes causadas por el primero pueden reducir su resistencia o su rigidez, entendida como la capacidad de oponerse a la deformación. Así, una nueva sacudida puede actuar sobre una construcción cuya capacidad ha disminuido. Este mecanismo ayuda a formular hipótesis sobre el daño acumulado, pero su participación debe evaluarse en cada edificio.

En ciertos suelos saturados también puede acumularse el efecto de las sacudidas. La primera puede aumentar la presión del agua entre los granos y reducir la resistencia del terreno; la segunda puede llegar antes de que esa presión se disipe. En condiciones propicias, este proceso favorece la licuación, fenómeno por el que ciertos suelos saturados pierden resistencia durante un sismo. Para determinar si ocurrió, se necesitan datos del terreno y del movimiento, además de evidencias de campo.

La influencia del suelo

La distancia respecto al epicentro ayuda a interpretar la intensidad de la sacudida, pero no explica por completo la distribución del daño. En el litoral de La Guaira y en sectores de Caracas se registraron concentraciones de afectaciones que requieren el estudio tanto de las construcciones como de los depósitos sobre los que se apoyan.

Una cuenca sedimentaria es una depresión de la roca rellena de sedimentos más deformables. Al atravesarla, las ondas pueden amplificarse en determinados periodos de vibración y prolongar el movimiento. La profundidad de los sedimentos y la forma de la cuenca modifican esa respuesta. Por ello, dos sitios de una misma ciudad pueden experimentar sacudidas diferentes durante un mismo sismo.

El periodo es el tiempo que tarda un sistema en completar una oscilación. Tanto los depósitos de suelo como los edificios tienen periodos propios de vibración. Cuando el suelo amplifica movimientos cercanos al periodo de un edificio, la respuesta de este puede aumentar por resonancia. Los estudios geotécnicos previos describen depósitos de más de 300 m en Los Palos Grandes y señalan la importancia de la respuesta en periodos del orden de 1 a 2 segundos. Estos antecedentes permiten interpretar las condiciones del sitio, aunque no constituyen mediciones del movimiento de 2026.

La distribución de las afectaciones presenta coincidencias con la del sismo de Caracas de 1967, en particular en Los Palos Grandes, Altamira y Caraballeda. Esa recurrencia justifica estudiar estas zonas con prioridad. Las causas no tienen que ser idénticas: la fuente sísmica, las construcciones expuestas y su estado de conservación cambiaron entre ambos eventos. Para distinguir la influencia de cada factor se necesitan registros del movimiento en suelo y roca, estudios de la cuenca e información sobre los edificios.

En el litoral, la presencia de rellenos, depósitos saturados y laderas plantea otros problemas. Deben investigarse los asentamientos diferenciales, los desplazamientos del terreno hacia cauces o hacia la costa y los movimientos de ladera. Un asentamiento diferencial ocurre cuando una parte de la cimentación desciende más que otra, lo que puede inclinar un edificio o deformar una vía. Estos indicios exigen comparar posibles causas; atribuirlos a licuación requiere evidencias adicionales, como la expulsión de arena y agua, junto con la caracterización del suelo.

Daños en edificios y continuidad de los servicios

Se documentaron daños en viviendas de distintas alturas, desde deterioro de muros hasta colapsos (figura 1). Entre los patrones descritos aparecen fallas de muros de relleno fuera de su plano y concentraciones de daño en plantas bajas. Un muro falla fuera de su plano cuando se desplaza o cae perpendicularmente a su superficie. Una planta baja débil tiene menor resistencia lateral que los niveles superiores, condición que puede favorecer la concentración del daño. El diagnóstico requiere revisar los elementos que resisten las fuerzas sísmicas, sus conexiones y las modificaciones realizadas durante la vida del edificio.

La inclinación de los bloques de vivienda y el daño concentrado en su parte inferior muestran la necesidad de revisar tanto la estructura como la cimentación (figura 2).

La proximidad entre una torre en pie y una construcción colapsada ilustra la diversidad de respuestas en un mismo entorno (figura 3). Esa diferencia exige estudiar cada inmueble; la altura o la apariencia exterior no bastan para explicar su comportamiento.

En las escuelas se registraron afectaciones en muros y techos. Además de la estructura, la revisión debe abarcar los elementos que podrían desprenderse, las rutas de evacuación y el funcionamiento de los servicios. La decisión de reocupar un plantel debe basarse en una evaluación del conjunto; reparar una fisura visible no basta para establecer que el inmueble puede volver a utilizarse.

En los hospitales se documentaron afectaciones en edificios, componentes no estructurales y servicios (figura 4). Los componentes no estructurales incluyen plafones, divisiones, instalaciones y equipos ajenos al sistema principal que sostiene el inmueble. Su daño puede bloquear pasillos, inutilizar áreas o interrumpir tratamientos aun cuando la estructura conserve su capacidad. Por esta razón, la seguridad estructural y la continuidad de la atención deben evaluarse de manera conjunta.

En los inmuebles históricos se describieron grietas y desprendimientos en muros, bóvedas, torres y ornamentos. La mampostería antigua y sus uniones requieren procedimientos de evaluación acordes con su forma de construcción. La estabilización y la reparación deben considerar la seguridad y la compatibilidad de los materiales. Introducir elementos más rígidos sin estudiar el conjunto puede alterar la distribución de esfuerzos. La conservación del valor cultural del inmueble también debe orientar las decisiones de intervención.

La magnitud de las afectaciones no puede establecerse sumando todos los conteos disponibles. Las estimaciones satelitales de edificios posiblemente dañados, las listas de inmuebles inspeccionados y los registros de colapsos tienen coberturas y criterios distintos. Para planear la recuperación, hace falta un inventario que permita comparar los casos y que identifique la ubicación, el tipo de daño, la fecha, la fuente y el grado de verificación de cada registro.

Infraestructura y rutas de acceso

Los daños en el transporte afectan también a las comunidades que dependen de él. El cierre de un puente o la interrupción de una carretera puede dificultar el acceso de ambulancias y el traslado de suministros. La información disponible señala restricciones en puentes del corredor costero, derrumbes y fallas en los bordes de las vialidades, además de afectaciones en túneles y en el aeropuerto de Maiquetía. El grado de comprobación varía entre casos.

La inspección de un puente debe abarcar los movimientos del tablero, el estado de los apoyos y las juntas, el daño en las pilas y las deformaciones de los accesos. El tablero es la parte que sostiene la superficie de circulación; los apoyos transmiten sus cargas a la estructura inferior y las juntas permiten movimientos relativos entre partes de la obra. El deterioro de estos elementos puede comprometer el servicio aun sin colapso. En el puente de Punta Brava se señaló la presencia de corrosión previa, un antecedente que debe considerarse al evaluar la capacidad que quedó después del sismo.

En las carreteras de montaña, retirar el material de un derrumbe puede habilitar un carril sin resolver la inestabilidad de la ladera. La revisión debe incluir los taludes, las obras de contención y los drenajes. En los túneles, las filtraciones posteriores al sismo exigen investigar cambios en las juntas, el revestimiento o el flujo de agua. La lluvia, la erosión y las deficiencias de mantenimiento pueden combinarse con los efectos de la sacudida. Distinguir su participación permite elegir una reparación que atienda las causas del daño.

En Maiquetía se registraron daños en la terminal y agrietamiento de pavimentos, con restricciones de operación durante el periodo analizado. La habilitación para atender una emergencia no equivale a recuperar el servicio habitual. Evaluar una grieta en una pista exige medir sus dimensiones y revisar las capas de soporte, los rellenos y el drenaje. La apariencia superficial, por sí sola, no establece la capacidad operativa. En puertos y ferrocarriles, la ausencia de dictámenes públicos deja una incertidumbre que debe resolverse mediante inspecciones.

En el área de equipajes, el desprendimiento de un elemento de concreto y los escombros comprometen el uso del espacio (figura 5). Antes de reabrirlo, deben evaluarse las conexiones y los elementos que permanecen suspendidos.

Aplicación de las lecciones en México

Venezuela ha desarrollado estudios de microzonificación y actualizaciones normativas, entre ellas la COVENIN 1756-1:2019. La microzonificación divide una ciudad en áreas con respuesta sísmica semejante y aporta información para diseñar y evaluar construcciones. Su utilidad práctica depende de que esos estudios se incorporen a la revisión de proyectos, al control de obra y a los programas de mantenimiento y reforzamiento de edificios existentes.

Las lecciones para México deben adaptarse a las condiciones locales. Cada ciudad tiene fuentes sísmicas, suelos y formas de construir que requieren análisis propios; los parámetros venezolanos no pueden trasladarse directamente. Sí resulta pertinente relacionar los inventarios de edificios con las condiciones del terreno, revisar los inmuebles con irregularidades o deterioro y definir qué servicios deben mantenerse después de un sismo.

La prioridad de intervención debe considerar las consecuencias de una interrupción. Un hospital necesita una estructura segura e instalaciones que funcionen; una ruta de emergencia requiere puentes y accesos utilizables. Los programas de reducción del riesgo deben evaluar esas relaciones y prever alternativas cuando alguno de sus componentes quede fuera de operación. De este modo, la evaluación abarca la continuidad del servicio, además de la capacidad de cada construcción para evitar el colapso.

También es necesario conservar información que permita revisar las decisiones. Las inspecciones georreferenciadas, es decir, vinculadas a una ubicación precisa, facilitan el seguimiento de cada obra. Las fotografías con escala y fecha, los registros instrumentales y los antecedentes de mantenimiento ayudan a reconstruir la evolución del daño. Después de una réplica, una lluvia o una reparación, deben documentarse los cambios y las restricciones de uso que correspondan.

Conclusiones

La secuencia de Venezuela de 2026 muestra la necesidad de evaluar conjuntamente el efecto de sismos sucesivos, la respuesta del suelo y la condición de las construcciones. Los daños en edificios e infraestructura también obligan a considerar las consecuencias de la interrupción de servicios, en especial aquellos que sostienen la atención de emergencias.

Las observaciones disponibles permiten orientar estudios e inspecciones, pero la atribución de las causas requiere contrastar imágenes, registros y modelos con la evaluación de cada obra. Conservar esa distinción es necesario para elegir medidas de reparación y reforzamiento sustentadas en evidencia.

Para México, la aplicación de estas lecciones consiste en vincular el conocimiento del terreno con la evaluación de edificios existentes y la planificación de los servicios esenciales. La prioridad debe darse a las intervenciones que reduzcan el riesgo para las personas y permitan conservar o recuperar la habitabilidad, la atención hospitalaria, el uso de las escuelas y las rutas de acceso

Referencias

Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica, SMIS (2026). Sismos de Venezuela del 24 de junio de 2026. Reporte de reconocimiento virtual, julio de 2026. Comité Aprendiendo de los Sismos.

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