6 noviembre, 2026 12:12 pm

A sus 91 años, Luis Esteva Maraboto conserva plena lucidez; permanece activo en sus tareas en el Instituto de Ingeniería de la UNAM, adonde asiste con regularidad los martes y jueves cada semana. También se hace un tiempo para asesorar a una alumna de doctorado y está dispuesto, a distancia y en su casa, a atender a quienes desean consultarlo sobre temas de ingeniería, particularmente de la especialidad sísmica

Luis Esteva Doctor en Ingeniería. Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República. Premio Nacional de Tecnología y Diseño 2015, entre otros muchos reconocimientos nacionales e internacionales a sus aportaciones y trayectoria.

Afable y con la sencillez que disfrutamos todos quienes hemos tenido el privilegio de conversar con él más de una vez, Luis Esteva Maraboto nos recibió en su casa a principios de julio para este diálogo que privilegia a la primera edición de la revista Seismus, publicación de divulgación científica de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica.

A sus 91 años, don Luis, como gusta que le llamen en el trato coloquial, conserva plena lucidez, que se manifiesta en el hecho de que aún está activo en sus tareas en el Instituto de Ingeniería de la UNAM, adonde asiste con regularidad los martes y jueves de cada semana. También se hace un tiempo para ser asesor de una alumna que estudia para su doctorado, y está atento a quienes desean consultarlo sobre temas de ingeniería, particularmente de la especialidad sísmica.

Consultado sobre cuándo y por qué se decidió a estudiar Ingeniería Civil, se toma un par de segundos y con una media sonrisa dice: “Llegado desde Veracruz a la Ciudad de México, mi padre se dedicó al negocio inmobiliario; siendo yo niño solía acompañarlo a sus quehaceres y en muchas ocasiones él iba en compañía de un albañil, a quien recuerdo como don Pedro. Él se ocupaba de hacer reparaciones en construcciones existentes, remodelaciones y también construía para mi padre. Fue precisamente ver trabajar a don Pedro lo que me llevó a interesarme en las construcciones, y con mayor edad no tuve la menor duda de que sería ingeniero civil”.

Nos contó que sus hermanos menores —él es el mayor de todos— se recibieron de ingenieros, aunque no civiles, y su única hermana, de arquitecta.

“Cuando comencé a estudiar la carrera de ingeniero civil aún no existía la Ciudad Universitaria; se cursaba en el Palacio de Minería, en el Centro Histórico de la Ciudad de México que, para mi fortuna, quedaba a unos cien metros de la casa de mis padres, donde yo vivía.

”Fue en los primeros cursos en el Palacio de Minería donde tuve la enorme oportunidad de conocer a un gran maestro, a quien hasta el día de hoy recuerdo con admiración y afecto: Óscar de Buen López de Heredia. Él daba la materia de Estabilidad, en tercer año.

”En esa oportunidad tomé una de las decisiones más importantes de mi vida, muy especialmente en el ámbito profesional, aunque hasta ese momento, obviamente, sólo era estudiante”.

Relata don Luis Esteva Maraboto que en ese entonces integraba un grupo de estudiantes amigos que solían tomar decisiones en conjunto, pero cuando se trató de decidir con quién cursar Estabilidad, no fue el caso.

“Yo estaba muy interesado en hacerlo con Óscar de Buen López de Heredia —recuerda don Luis—, pero ellos decían: ‘¡No, no, no!, con Óscar de Buen no, es muy exigente’. Y yo tomé la clase de Estabilidad con Óscar de Buen López de Heredia”.

Si de por sí sentía admiración por el profesor de Estabilidad, el hecho de que al finalizar el curso Óscar de Buen López de Heredia le invitara a trabajar con él y su equipo fue una satisfacción mayor. “No podía yo dejar de interpretarlo como un reconocimiento a mi aplicación como alumno”, nos dice.

Corría el año 1957 cuando estaba don Luis Esteva terminando sus estudios y ocurrió el sismo que derribó el Monumento a la Independencia, que tiene en la cima a la Victoria Alada (diosa Niké), aunque se le conoce popularmente como Ángel de la Independencia. “Ese suceso fue el que determinó que me decidiera por la especialidad en ingeniería sísmica”.

Un año después, en 1958, dejó de trabajar con Óscar de Buen para aprovechar la beca que le fue otorgada para estudiar su maestría en Estados Unidos. Cuando estaba por finalizar su maestría, uno de sus profesores le ofreció ampliarle la beca para que siguiera estudiando hasta el doctorado, pero en ese tiempo era muy importante para don Luis formar una familia, por lo cual rechazó tan halagador ofrecimiento.

Lo llamativo, ante nuestra pregunta de si lo esperaba una novia en México, fue su conmovedora respuesta: “Mi decisión se debió a la enorme admiración que tenía y sigo teniendo por mis padres, por cómo habían constituido nuestra familia, la manera en que funcionaba y cómo era el trato y la dedicación por los hijos.

”Era una familia tradicional de esos años —continúa—; mi padre, el proveedor de los recursos, y mi madre, la responsable de llevar adelante el hogar. Pero a diferencia de la mayoría en esa época, mi padre no era un típico machista; entre él y mi madre había una relación de compañerismo, y aunque se mantenía la formalidad común en esos días, las decisiones siempre las tomaban entre ambos.

”Mi madre era una mujer particularmente cariñosa, en especial con nosotros, sus hijos. Mi padre era un hombre inquieto, siempre buscando progresar para ofrecer lo mejor a la familia. Sí era particularmente exigente, con nosotros no se diga, pero al mismo tiempo justo, siempre preocupado por darnos las mayores y mejores oportunidades para desarrollarnos como personas íntegras. Solía decirnos que sus exigencias y oportunidades eran para que no tuviéramos que pasar por las penurias que en su momento debió superar”.

Ya de regreso en México don Luis, además de formar una familia, en el ámbito profesional su principal inquietud, su enfoque, era trabajar buscando la sinergia entre la teoría y la práctica, para que el conocimiento se pusiera al servicio de la sociedad.

“Yo tenía en mente incorporarme a una institución cuyo propósito fuera desarrollar conocimiento que se concretara en obras de ingeniería. Así fue que me presenté en el Instituto de Ingeniería de la UNAM (II UNAM), entonces dirigido por el ingeniero Emilio Rosenblueth, y afortunadamente fui aceptado para incorporarme”.

Emilio Rosenblueth le pidió que trabajara en dos líneas. “Una —nos dice don Luis— que era experimental, y la otra que era de aplicación práctica. La de laboratorio consistía en hacer pruebas en muros de cortante como parte de la resistencia a los temblores.

La otra era un plan de cómo escoger los niveles adecuados de los coeficientes sísmicos con una visión de la optimización en el ciclo de vida, considerando todos los factores intervinientes, incluido el económico y el social.

”Mi motivación personal por relacionar la teoría con la práctica me llevó a interesarme no sólo en la ingeniería sísmica sino también en los criterios de optimización del ciclo de vida de las infraestructuras, especialmente edificaciones, pensando en la mejor forma de garantizar los menores daños en beneficio de la calidad de vida y, especialmente, en la sobrevivencia de las personas después de un sismo”.

A sus 91 años de edad, Luis Esteva Maraboto está muy activo profesionalmente; aún sigue yendo al II UNAM dos días a la semana. Cuando surgen asuntos de importancia siempre está dispuesto a atenderlos vía los medios electrónicos de comunicación, y cuando se requiere recibe a sus colegas y colaboradores en su casa.

Además de atender asuntos de su profesión, tiene sus ocupaciones hogareñas cotidianas. “Mi mayor interés, además de los temas de ingeniería —nos cuenta—, es la música clásica, a ella dedico el mayor tiempo posible”.

A lo largo de su vida, Luis Esteva ha convivido con las más diversas tecnologías, especialmente las relacionadas con la ingeniería civil. Al respecto le preguntamos qué opina de las más recientes, entre ellas la inteligencia artificial.

Su primer comentario es claro y define su visión: “Todas las tecnologías pueden ser positivas siempre que se usen para el bien, especialmente el bien común, el de la sociedad, sin poner en primer lugar el beneficio personal”.

En México se han creado, a propósito del tema de los sismos y su impacto en las estructuras, en la sociedad, en las personas, algunas instituciones como el Consejo Consultivo de Sismos, el Instituto de Seguridad Estructural de la Ciudad de México, el Cenapred. Luis Esteva opina de estas instituciones y qué utilidad les ve.

“Todos ellos tienen especial relevancia en el área específica de su incumbencia, y es de la mayor importancia que estén comunicados para que la sinergia entre ellos aporte a una mejor comprensión y búsqueda de respuestas efectivas al impacto de los sismos en la vida de las personas”.

Desde hace muchos años Luis Esteva viene insistiendo en la necesidad de que en la legislación la responsabilidad en materia de reglamentos de construcción recaiga en el ámbito municipal. “Es necesario —nos dice— establecer una legislación nacional en materia de reglamentos de construcción que, entre otros factores, considere el riesgo sísmico, desde los más altos niveles de toma de decisiones.

”La mayoría de los constructores —agrega don Luis—, por diferentes razones, no cuentan con los conocimientos ni recursos para valorar los riesgos en materia normativa. Es muy sabido que en casi todos los casos se recurre, por ausencia de uno de alcance nacional, al Manual de Obras Civiles de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que tiene información para todo el país”.

A decir de nuestro interlocutor, “la elaboración de una normativa de alcance nacional, obviamente atendiendo las peculiaridades de cada región de México, se trata de una cuestión de toma de decisiones de orden político, ya que existen las capacidades, desde el ámbito de la experiencia y de la academia, para trabajar en esta normativa”.

El Consejo Consultivo sobre Sismos (CoCoS) es una asociación civil integrada por las asociaciones, instituciones de educación superior y centros de investigación expertos en sismos. El doctor Luis Esteva es uno de sus integrantes. “Nuestra prioridad —comenta— es motivar a los profesionales de las organizaciones gremiales de ingenieros cuya especialidad está relacionada con el tema sismos, así como a académicos y autoridades de organismos públicos, para que trabajen sinérgicamente, con el propósito de impulsar una normativa de alcance nacional”.

Hay un tema que —aunque ajeno a las cuestiones técnicas— merece atención para don Luis: “Los celos profesionales entre ingenieros de las distintas especialidades con injerencia en el tema sísmico —apunta— suelen ser un obstáculo para resolver de manera oportuna cuestiones vitales. Definitivamente, es algo que se debe erradicar; tiene que ponerse por delante de los egos personales el interés colectivo en beneficio de la sociedad. No tiene sentido estar trabajando de manera aislada, ocupándonos en lo mismo por diversos frentes”.

Cuando se habla de investigación, un obstáculo que suele presentarse es no contar con los presupuestos económicos necesarios. Nuestro entrevistado pone sobre la mesa un dato que pasa desapercibido o al menos no es atendido como corresponde: “Los sismos intensos ocurren en México cada tres a cinco años, y el costo del impacto anualizado de los sismos resulta en cifras multimillonarias que deberían considerarse a la hora de invertir en investigación y en la mayor calidad de las construcciones, así como en la atención y mantenimiento de las existentes. Una parte casi insignificante de dicha cifra sería de enorme relevancia para el trabajo que la investigación y la prevención requieren en la materia, incluida la normativa. Pero no basta con determinar un monto de dinero a invertir: se requiere planificar a partir de contar con la información necesaria para establecer qué recurso financiero es requerido”, subraya Luis Esteva, y entra en detalle: “Deben identificarse las zonas donde se hayan registrado niveles relevantes de amenaza sísmica (Atlas Nacional de Riesgos); considerar las pérdidas indirectas; con base en la experiencia registrada elaborar escenarios probables de pérdidas por desastres en todo el territorio, tomando en cuenta que existe la posibilidad, como se ha comprobado en años recientes, de que la zona de origen de un sismo puede ser no habitual, y proponer acciones concretas de mitigación y de aumento de la resiliencia”.

Como lo ha destacado desde el comienzo de este diálogo, nuestro entrevistado le da a la atención del aspecto social un lugar relevante. “La planeación urbana es un primer punto a considerar; saber que existen determinadas zonas que ya no deberían desarrollarse, u otras que, siendo inviable descartarlas, deben contar con normas estrictas respecto al tipo de construcción y el número de niveles que pueden tener. No menos importante —agrega— es un plan permanente de generación de conciencia en la sociedad, en todos los niveles, desde la escuela primaria hasta la difusión por medio de los principales medios de comunicación, tanto sobre las medidas preventivas —especialmente en materia de autoconstrucción, que es un fenómeno muy común en México— como las acciones posteriores a un sismo”.

Un tema que suele ser motivo de polémica es el monitoreo inteligente mediante instrumentación de edificaciones, y Luis Esteva afirma que deberían servir de referencia para posibles correcciones y referencia de nuevas construcciones. Le apuntamos que un obstáculo es la resistencia de los dueños de las propiedades por no querer aumentar el costo de construcción y mantenimiento, lo mismo que la falta de una legislación que obligue a la instrumentación. Al respecto, nuestro interlocutor opina: “Efectivamente, la instrumentación es un recurso de suma importancia y sí, hay resistencia por parte de los propietarios a instalarla. Considero que para edificios de cierto nivel y características debería ser obligatoria, tal vez debería buscarse un acuerdo entre el particular y las autoridades, ya que éstas también obtienen información valiosa para su normativa y para la prevención frente a sismos… un acuerdo donde se comparta la inversión en los costos de la instrumentación”.

Muchos en el ámbito de la ingeniería civil, tanto académicos como funcionarios y empresarios, destacan de Luis Esteva dos condiciones poco comunes, especialmente entre personas de alto reconocimiento público: una es su modestia, su falta de protagonismo escénico, y la otra es un destacado interés por el impacto social de las obras de infraestructura, como se ve reflejado en este diálogo, pero él no quiere referirse a ello.

Generalmente, los planteamientos éticos se reducen a una cuestión monetaria o de corrupción, pero Luis Esteva tiene una visión más amplia del tema: “La falta de ética no sólo está vinculada a cuestiones de dinero —precisa—. En el desarrollo de obras de infraestructura, principalmente las más grandes y estratégicas, y por ello seguramente más complejas, se debe proceder con base en la ética no comprometiéndose a realizar un diseño, una construcción, para la que no se está capacitado, del mismo modo que, estando uno capacitado, debe garantizar que los recursos materiales y humanos cumplan con todos y cada uno de los requisitos necesarios para garantizar la calidad máxima de la obra, y el utilizar los recursos materiales y humanos necesarios para garantizar el mejor resultado.

”Muchas veces resulta fácil, cómodo, responsabilizar a uno o más funcionarios que presionan para terminar una obra en tiempos menores a los requeridos, pero si uno se somete a dicha presión, termina siendo cómplice, especialmente si ello pone en riesgo la calidad de la obra”.

Cerca del final de nuestro diálogo, le pedimos una reflexión sobre el presente y futuro de la ingeniería sísmica. “Enfrentamos retos en el desarrollo tecnológico y en la difusión de conocimientos para su aplicación en el territorio nacional.

”En el caso de estructuras de edificios —precisa don Luis—, los temas principales por atender son el comportamiento de distintos tipos de materiales y miembros estructurales ante perturbaciones cíclicas de distintas amplitudes que puedan conducir a la generación de respuestas no lineales y, en consecuencia, al daño acumulado. En segundo lugar, estudios detallados sobre la influencia de la configuración estructural en la respuesta sísmica de edificios: configuración geométrica; variación de las dimensiones en planta a lo largo de la altura; configuración de propiedades mecánicas (rigidez, resistencia, comportamiento no lineal incluyendo la influencia del daño acumulado) de los miembros estructurales que determinan el comportamiento lateral de cada entrepiso, incluyendo las posibles respuestas torsionales que resultan de las excentricidades de rigidez y resistencia. Por último, configuración de la cimentación, incluyendo el tipo y distribución espacial de sus componentes, así como su comportamiento ante excitaciones cíclicas”.

Para cerrar el diálogo le pedimos que nos diga la primera idea que viene a su mente respecto a lo más importante en su carrera profesional. “Lo primero que viene a mi mente es lo que me dijo Emilio Rosenblueth cuando lo conocí en el II UNAM: todo el mundo en nuestra profesión, y en general, debe tener una visión de servicio a la sociedad”

Entrevista de Daniel N. Moser

Compartir en:

DESTACADOS

SEMBLANZA

Juan Manuel Fuentes García Presidente de la XXVII Mesa Directiva de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica. Emilio Rosenblueth Deutsch: conocimiento, ingeniería y compromiso con

Leer más »

PREVENCIÓN

Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor El crecimiento urbano ha alterado profundamente los ciclos del agua y generado problemas como

Leer más »

La gestión de detalle digital

el 1% que ahorraría millones Damián Rodríguez Estévez Ingeniero de caminos, canales y puertos. Asesor regional de Infraestructuras UNOPS. Luis Maumejean Navarrete Consejero y coordinador

Leer más »