La planeación del recurso hídrico en México
El agua debe volver a ser considerada el eje del desarrollo urbano y regional; se requiere una planeación que contemple todos los sistemas en los que se involucra el recurso: el desarrollo urbano, la localización y demanda de la industria, la tecnología de riego agrícola, la planeación del desalojo y tratamiento de las aguas servidas y el manejo de los escurrimientos pluviales mediante el diseño de un proceso de planeación holístico.
Entrevista a Esteban Figueroa Palacios. Director general de AFH Consultores y Asociados S. C
¿Cómo califica el estado actual de la planeación en el sector hídrico?
Se ha escrito mucho sobre la necesidad de planear mejor y con suficiente anticipación el aprovechamiento hidráulico en México, pero el énfasis se ha puesto en la administración de la dotación doméstica e industrial y en la organización para la distribución en el campo para uso agropecuario. Por otro lado se planea la disposición del agua servida, de manera hasta cierto punto independiente de la dotación, lo que resulta incongruente pues esta más las aportaciones pluviales definen la magnitud del problema de drenajes urbanos.
¿Cómo considera apropiado afrontar los desafíos actuales y qué propuestas puntuales puede comentar?
En la planeación del uso y disposición del agua el enfoque debe ser holístico, sobre todo en zonas urbanas, donde el agua es indispensable para la vida pero también puede ser causa de desastres.
Sin duda el caso de Tabasco, en particular Villahermosa, representa un desafío mayor. ¿Cómo lo describe y qué propone al respecto?
La historia muestra las consecuencias de este enfoque limitado. En la década de 1960 se construyó la presa Malpaso o Nezahualcóyotl, que además de generar energía eléctrica operó como regulador de las avenidas del río Grijalva; antes de esta obra había zonas aledañas a la ciudad de Villahermosa que eran inundables en periodos de lluvia, por el gasto que transitaba por los ríos Grijalva, Usumacinta y los escurrimientos serranos y, en casos excepcionales, como en el 2010, por huracanes y fenómenos en la desembocadura que propiciaron el fenómeno llamado “marea de tormenta”, la cual actúa como tapón marítimo en la desembocadura; ello sumado a la falta de estudios y la avaricia de desarrolladores que, en contubernio con autoridades locales, construyeron conjuntos habitacionales en zonas expuestas a estos riesgos hidrológicos. Posteriormente, 20 años después y como parte del Plan de Aprovechamiento de la Cuenca del Río Grijalva, se construyó la presa de Peñitas, con el mismo propósito de generar energía eléctrica. Esta presa constituyó también un regulador de avenidas, aunque con menor capacidad que Malpaso, pero con el control que esta le daba, se hizo suponer que el río estaba más controlado. Sin embargo, el régimen de lluvias se ha alterado y en ciertos años el aporte de la cuenca propia de Peñitas ha obligado a abrir las obras de alivio, evento que en 2010 coincidió con el fenómeno de “marea de tormenta”, inundándose por el desborde de los ríos zonas urbanizadas de Villahermosa. Esa área de la ciudad históricamente le ha pertenecido al agua y el ser humano se la arrebató; la población y las autoridades locales culparon a la operación de Peñitas, sin entender el fenómeno hidrológico atípico y sin reconocer que la corrupción y la falta de visión y planeación habían expuesto a los residentes al riesgo de inundaciones.
Descrita la situación, ¿qué medidas concretas deberían tomarse en materia de infraestructura y legislación para generar condiciones estrictas orientadas a garantizar su cumplimiento (por ejemplo, sanciones de diverso tipo a quienes la incumplan)?
La ley debería prever medidas para incorporar en el proceso de planeación los impactos negativos de las obras de infraestructura y del manejo del agua en particular; en el caso del agua, sobre todo los efectos sobre la población más vulnerable, cuya calidad de vida depende del uso de este recurso.
En tal sentido, conviene recordar el caso de un proyecto hidráulico de severas consecuencias sociales. En la misma cuenca del río Grijalva se construyó en los años setenta la presa La Angostura o Belisario Domínguez, que inundó una extensión muy grande de tierras de gran fertilidad, por ser la vega del río productora muy importante de maíz a nivel nacionaly –algo poco analizado– era fuente de empleo para los habitantes de los asentamientos originarios de los altos del estado, a cuál más marginado y, en ese entonces, con tasas de crecimiento demográfico tres veces mayor que la media nacional. El embalse canceló para siempre la producción agrícola y condenó al desempleo a miles de personas que vivían en un régimen de subsistencia. Esta población buscó emplearse en la pizca del café, pero años después una crisis del precio del grano ocasionó la pérdida de esta fuente de trabajo; algunos sociólogos atribuyen a estos hechos la demanda desesperada de esa población, manifestada con el alzamiento del EZLN.
¿Qué otros casos, en distintos lugares del país, considera que deben ser analizados y atendidos con la planificación oportuna?
En general, el problema del drenaje urbano que se manifiesta en inundaciones –sobre todo en los barrios más pobres de muchas ciudades del país, y muy destacadamente en zonas costeras y serranas con regímenes de lluvia intensos– surge de la planeación independiente de la infraestructura hidráulica y del desarrollo urbano. La planeación de las ciudades no puede hacerse al margen de la planeación de la infraestructura, pues es esta la que le da viabilidad a la actividad humana; de nada sirve planear desarrollos con trazos arquitectónicos creativos si se hallan expuestos al desbordamiento de los sistemas hidráulicos, por ejemplo.
En el ámbito del sector hidráulico, ¿cuáles considera requisitos imprescindibles en materia de desarrollo urbano?
Para planear el desarrollo urbano se debe contemplar a la ciudad como una cuenca cerrada que debe captar el agua servida y la proveniente de las lluvias. En este sentido, la planeación integral debe contemplar, por ejemplo, la reducción de áreas de infiltración por la pavimentación de vialidades y la edificación, el menor tiempo de concentración de los escurrimientos pluviales debido al menor coeficiente de resistencia que ofrece una superficie homogénea en las vialidades, y la invasión, en muchos casos, de cañadas que actuaban como drenes naturales. La planeación de las ciudades alrededor del agua debe ser vista como un organismo vivo que todo el tiempo está generando flujos de agua potable y agua servida que debe manejarse de manera compatible con el desarrollo urbano; debe planearse oportuna e integralmente, aplicando las restricciones a áreas no aptas para actividades urbanas y respetando el espacio natural e histórico del agua. Es decir, el manejo del agua se debe planear en armonía con la planeación de vialidades y desarrollos comerciales y habitacionales.
El agua debe volver a ser considerada el eje del desarrollo urbano y regional, como se experimentó en los programas de cuencas de mediados del siglo pasado, con buenos resultados en las cuencas del Tepalcatepec y del Balsas copiando la experiencia del valle del Tennesee. Se ha abandonado esta visión de planeación regional a partir de un recurso eje, en este caso el agua. Tal vez se intentó con el petróleo como recurso de desarrollo, con resultados desastrosos en Poza Rica, Coatzacoalcos y, en menor medida, Ciudad del Carmen.
¿Considera necesarias modificaciones en materia legislativa para aportar a una mejor planeación en materia del recurso agua? Pienso, por ejemplo, en las prerrogativas y obligaciones a los municipios, que no están en condiciones técnicas y económicas de atender la enorme mayoría de los poblados.
El agua para uso doméstico es un recurso muy valioso, tanto por ser indispensable para la vida humana como por la dificultad creciente para llevarla a los hogares. La urbanización acelerada del país ha ejercido una formidable presión a la administración del agua, confiada por mandato constitucional a las autoridades municipales. Esto ha creado un enorme problema de administración, pues en aras de otorgarle autonomía a los municipios, en una muestra de federalización, han propiciado un manejo ineficiente del agua. Salvo las grandes ciudades y algunas ciudades medias, que cuentan con capacidad técnica y administrativa para manejar a los organismos responsables del agua, la mayoría de los municipios lo hacen de manera improvisada. El aspecto financiero de estos organismos es el otro elemento que, aunado a la debilidad técnica, impide ofrecer un servicio eficiente; las finanzas débiles de los organismos no distinguen el tamaño de los municipios en su debida proporción. Existen problemas de fugas por redes antiguas y carentes de mantenimiento, de ampliación de las redes a zonas nuevas que surgen a una velocidad mayor a la que pueden responder los organismos, de medición del consumo, de facturación y cobranza, entre otros menos detectables. El resultado son organismos que actúan reactivamente, sin recursos suficientes y, en consecuencia, sin un proceso de planeación adecuado y articulado con la planeación del crecimiento urbano. Por las razones expuestas, si no es posible deslindar de la administración de los organismos de agua a los municipios, sí es necesario al menos crear instancias estatales de apoyo técnico y administrativo a los municipios.
En conclusión, en el manejo del agua potable, industrial, agrícola y el agua servida, se requiere una planeación que contemple todos los sistemas en los que se involucra el recurso: el desarrollo urbano, la localización y demanda de la industria, la tecnología de riego agrícola, la planeación del desalojo y tratamiento de las aguas servidas y el manejo de los escurrimientos pluviales a través no de planes puntuales e independientes, sino mediante el diseño de un proceso de planeación holístico
Entrevista de Daniel N. Moser