6 noviembre, 2026 2:10 pm

Juan Manuel Fuentes García Presidente de la XXVII Mesa Directiva de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica.

Emilio Rosenblueth Deutsch: conocimiento, ingeniería y compromiso con la sociedad

Rosenblueth fue un verdadero crisol de conocimiento alrededor del cual se desarrollaron grandes investigadores que posteriormente construirían aportaciones propias de enorme relevancia. Tenía la capacidad de abordar problemas complejos desde una sólida base científica, pero sin perder de vista que sus resultados debían ser útiles para el ingeniero. Su trayectoria estuvo marcada también por una relación permanente entre investigación y práctica profesional.

Hablar de Emilio Rosenblueth Deutsch es hacerlo de una de las figuras que contribuyeron de manera decisiva a construir la ingeniería sísmica moderna en México y, al mismo tiempo, de un ingeniero cuya influencia resulta difícil circunscribir únicamente a nuestra disciplina. Nacido en la Ciudad de México el 8 de abril de 1926, se graduó como ingeniero civil en la Escuela Nacional de Ingenieros de la UNAM en 1948 y posteriormente obtuvo los grados de maestría y doctorado en la Universidad de Illinois, en 1949 y 1951, respectivamente. Desde aquellos primeros años existió en él una combinación que habría de acompañarlo durante toda su trayectoria: una profunda inquietud científica y un conocimiento cercano de la práctica, pues mientras estudiaba trabajó como topógrafo, estructurista y supervisor de obra. Con el tiempo, esa combinación entre ciencia y realidad profesional se convertiría en uno de los rasgos más reconocibles de su pensamiento. Rosenblueth entendió que los problemas de la ingeniería no podían separarse de la incertidumbre y abrió caminos fundamentales para incorporar la probabilidad y la estadística al estudio del riesgo, la seguridad estructural y la respuesta sísmica, contribuyendo con ello a transformar la manera en que varias generaciones de ingenieros habrían de aproximarse a estos problemas.

Su formación en Illinois lo acercó a Nathan M. Newmark, otra de las figuras fundamentales de la ingeniería sísmica del siglo XX, con quien años después, en 1971, publicaría Fundamentals of earthquake engineering. La obra se convirtió en una referencia internacional de nuestra disciplina y representa bien una característica que aparecería reiteradamente en el trabajo de Rosenblueth: la capacidad de abordar problemas complejos desde una sólida base científica, pero sin perder de vista que sus resultados debían ser útiles para el ingeniero. Esa misma manera de pensar se encuentra detrás de muchas de sus aportaciones a la confiabilidad, la optimización, la dinámica estructural y el desarrollo de criterios de diseño, algunos de los cuales terminaron incorporándose a reglamentos en México y otros países. No hay que perder de vista que muchas de estas ideas surgieron cuando la ingeniería sísmica era todavía una disciplina en plena construcción; por ello, más que perfeccionar únicamente herramientas existentes, Rosenblueth contribuyó a establecer parte del lenguaje y de los conceptos con los que posteriormente aprenderíamos a entender el riesgo sísmico.

Un ejemplo particularmente cercano para quienes ejercemos la ingeniería estructural se encuentra en la conocida regla del 100-30%. En 1977, Rosenblueth y Contreras publicaron Approximate design for multicomponent earthquakes, trabajo en el que abordaron el problema de considerar simultáneamente las diferentes componentes del movimiento sísmico. A partir de un planteamiento probabilista considerablemente más complejo que la sencillez de su resultado final, propusieron una aproximación lineal en la que se utiliza el 100% de la respuesta correspondiente a una componente y el 30% de la asociada a la dirección ortogonal. El criterio trascendió posteriormente a numerosos reglamentos y hoy forma parte de la práctica cotidiana de miles de ingenieros. Resulta particularmente significativo pensar que muchos de nosotros hemos utilizado alguna vez esa regla, quizá incluso de manera automática sin detenernos a preguntar de dónde proviene. Pocas cosas permiten dimensionar mejor la trascendencia de una aportación que verla convertida, décadas después, en una herramienta habitual de la profesión.

Sin embargo, sería incompleto hablar de Rosenblueth solamente desde sus aportaciones científicas. Su trayectoria estuvo marcada por una relación permanente entre investigación y práctica profesional. Fue fundador y presidente de DIRAC, empresa mexicana de ingeniería desde la cual participó en el desarrollo de importantes proyectos estructurales y que continúa activa hasta nuestros días. Entre las obras en las que intervino se encuentran el Palacio de los Deportes y la Alberca Olímpica, dos estructuras emblemáticas de la Ciudad de México. Rosenblueth parecía no reconocer una frontera rígida entre producir conocimiento y utilizarlo: la investigación permitía comprender mejor los problemas de la práctica y, al mismo tiempo, los problemas reales planteaban nuevas preguntas a la investigación. Esta relación resulta especialmente importante para quienes nos dedicamos profesionalmente a la ingeniería estructural, porque recuerda que la profundidad teórica y la capacidad para resolver problemas reales no constituyen caminos distintos, sino dos partes de una misma profesión.

Esa misma inquietud por construir espacios donde el conocimiento pudiera desarrollarse colectivamente aparece en otra parte fundamental de su trayectoria. En 1958, Rosenblueth participó, junto con otros destacados ingenieros mexicanos, en la fundación del Instituto de Ingeniería de la UNAM, institución que posteriormente dirigió y que habría de convertirse en uno de los centros de investigación en ingeniería más importantes de nuestro país. Algunos años después, en 1962, participó también en la fundación de nuestra Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica y posteriormente formó parte de su Mesa Directiva 1963-1965 como secretario. Para quienes hoy formamos parte de la SMIS, resulta particularmente significativo reconocer que Rosenblueth estuvo presente desde sus orígenes. Más allá de los cargos, existe algo profundamente revelador en esta faceta de su vida: produjo conocimiento y también contribuyó a crear las instituciones necesarias para que otros pudieran producirlo, discutirlo, cuestionarlo y llevarlo más lejos. El Instituto de Ingeniería, la SMIS y DIRAC representan, en ámbitos diferentes, esa extraordinaria capacidad para construir no solamente soluciones, sino espacios que habrían de trascender a quienes los fundaron.

Y quizá una de las formas más profundas de trascender se encuentra precisamente en las personas. Rosenblueth fue un verdadero crisol de conocimiento alrededor del cual se desarrollaron grandes investigadores que posteriormente construirían aportaciones propias de enorme relevancia. Quienes tuvieron oportunidad de trabajar cerca de Rosenblueth recuerdan además una práctica aparentemente sencilla, pero profundamente reveladora de su manera de enseñar: sus notas manuscritas. Pequeños mensajes, observaciones, preguntas y correcciones que hacía llegar a estudiantes y colaboradores después de revisar sus trabajos. En unas cuantas líneas podía señalar un problema o sugerir un camino, pero sin sustituir el razonamiento de quien tenía enfrente. No deja de ser significativo que, después de tantos años, quienes trabajaron con él continúen recordando aquellos pequeños papeles. Entre libros, artículos, reglamentos y grandes proyectos de ingeniería, parte del legado de Emilio Rosenblueth quedó también escrito a mano, en unas cuantas líneas dirigidas personalmente a quienes estaban aprendiendo a su lado.

Había también detrás del investigador una persona de inquietudes mucho más amplias. Fue aficionado a la equitación y al piano; y la música, la literatura, el ajedrez y los libros formaron parte de su entorno personal y familiar. Estos detalles podrían parecer menores frente a la dimensión de su producción científica, pero ayudan a acercarnos al hombre detrás de una figura que con el tiempo adquirió una estatura extraordinaria dentro de nuestra profesión. Quizá esa amplitud intelectual ayude también a comprender por qué su interés por los problemas de la sociedad no terminó en los límites de la ingeniería. Durante su gestión como subsecretario de Educación Pública participó en los trabajos que dieron origen al Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) y al Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), dos instituciones dirigidas a ampliar las oportunidades educativas de sectores muy diversos de la población. La misma persona que estudiaba cómo reducir racionalmente el riesgo sísmico de una estructura entendía igualmente que el conocimiento y la educación constituían instrumentos fundamentales para transformar a una sociedad.

Su trayectoria alcanzó también un amplio reconocimiento dentro y fuera de México. Fue director del Instituto de Ingeniería, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, integrante de su Junta de Gobierno y miembro de El Colegio Nacional. Entre las numerosas distinciones que recibió se encuentran el Premio Nacional de Ciencias en 1974, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1985, el Premio Universidad Nacional y el Premio Newmark de la ASCE, además de diversos doctorados honoris causa. Más allá de la relevancia de cada uno de estos reconocimientos, su conjunto permite dimensionar la trascendencia que alcanzó una obra científica y profesional cuya influencia rebasó ampliamente las fronteras de nuestro país.

Rosenblueth falleció el 11 de enero de 1994; sin embargo, más de tres décadas después resulta difícil hablar de ingeniería sísmica en México sin encontrar, directa o indirectamente, alguna parte de su legado. Está presente en instituciones que ayudó a fundar, en empresas que continúan practicando ingeniería, en investigadores que recibieron su influencia, en reglamentos que incorporaron conceptos a cuyo desarrollo contribuyó, en libros que ayudaron a formar generaciones y hasta en reglas aparentemente sencillas que seguimos utilizando en nuestros cálculos cotidianos. Tal vez por ello su legado no deba medirse solamente a través de sus publicaciones, premios o cargos, sino en la capacidad que tuvo para hacer que sus ideas continuaran trabajando mucho después de haber sido formuladas.

Existe una frase suya que, después de recorrer su trayectoria, adquiere un significado particularmente profundo: “Como ingenieros, debemos buscar el mayor bien para el mayor número de personas”. No parece difícil encontrar esa convicción detrás de buena parte de lo que hizo. Está en su preocupación por comprender y reducir el riesgo sísmico, pero también en la práctica profesional, en la creación de instituciones, en la formación de investigadores y en su participación en proyectos educativos de alcance nacional. Desde la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica, que Emilio Rosenblueth ayudó a fundar hace más de seis décadas, reconocer hoy su trayectoria significa también reconocer una responsabilidad que continúa vigente. Los métodos de análisis serán cada vez más sofisticados, los reglamentos seguirán evolucionando y tendremos herramientas que aquella generación difícilmente pudo imaginar; sin embargo, el propósito esencial de nuestro trabajo probablemente no pueda expresarse de una manera mucho más clara que aquella que Rosenblueth nos dejó: utilizar nuestro conocimiento, nuestra experiencia y nuestras capacidades para procurar, desde la ingeniería, el mayor bien para el mayor número de personas.

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