6 noviembre, 2026 2:16 pm

Oaxaca es una de las regiones con mayor actividad sísmica en la República mexicana. Dos de los sismos más catastróficos en la historia de México han tenido lugar en esta región; uno de ellos fue el de septiembre de 2017, cuyo epicentro se localizó cerca del Golfo de Tehuantepec. Durante los últimos 28 años, el gremio de la ingeniería en la entidad ha trabajado para actualizar el Reglamento de Construcción y Seguridad Estructural para el Estado de Oaxaca y publicar oficialmente sus normas técnicas complementarias. Aunque el proceso se ha postergado por el complejo entorno político y social, recientemente se reconoció la conformación de una comisión especializada para reformar dicho reglamento.

Francisco Castellanos León Investigador titular en el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Oaxaca.

Francisco Gómez Flores Presidente, Delegación SMIS Oaxaca. Director de Protección Sísmica de México.

Guyelmo García Santiago Profesor de la Universidad Tecnológica de la Mixteca.

Mabel Mendoza Pérez Profesora del Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Ricardo Vásquez Doctorando en el CIIDIR Oaxaca.

En las costas de Oaxaca se generan cerca de un tercio de los sismos más importantes que ocurren en México (Kostoglodov y Pacheco, 1999). Históricamente, Oaxaca es una de las regiones sísmicas más activas; una nota de 2015, donde se destacan los ocho sismos más catastróficos en la historia de México, registra que dos de ellos se localizaron en Oaxaca (Meza, 2015); el ocurrido el 7 de septiembre de 2017 a las 23:49, un sismo de Mw 8.2 con epicentro cercano al Golfo de Tehuantepec, fue el de mayor magnitud registrado en México en casi un siglo. Los daños más severos se concentraron en el Istmo de Tehuantepec —Juchitán y municipios vecinos, como Unión Hidalgo, San Dionisio del Mar y Matías Romero—, donde además influyó una alta vulnerabilidad constructiva: vivienda tradicional de adobe y mampostería sin refuerzo.

En Coatzacoalcos, Veracruz, a cientos de kilómetros, el mismo sismo provocó licuación de suelos y daños severos por las condiciones del subsuelo aluvial, y en Tuxtla Gutiérrez el efecto de sitio fue documentado como un factor determinante del daño histórico en edificaciones. En Oaxaca de Juárez, que está a más del doble de distancia del epicentro que Juchitán (aprox. 260-280 km vs. 100-130 km, respectivamente), el daño se concentró selectivamente en un tipo constructivo específico: cúpulas y muros de cantera y adobe sin refuerzo, de siglos de antigüedad, muchos ya fatigados por sismos previos. La atenuación sí redujo por distancia la intensidad general del daño, pero no lo eliminó, y dejó expuesta cierta vulnerabilidad estructural. Estos son ejemplos claros del fenómeno conocido como efecto de sitio.

Descripción de la reglamentación actual del estado de Oaxaca

El diseño sísmico de estructuras en el estado de Oaxaca y sus municipios principales se rige por el Reglamento de Construcción y Seguridad Estructural para el Estado de Oaxaca (RCSEO), publicado en el Periódico Oficial el 18 de febrero de 1998 y disponible en los portales oficiales de la Auditoría Superior de Fiscalización del Estado (ASFE) y de la Secretaría de Infraestructuras y Comunicaciones. Aunque en 2017, tras el sismo de magnitud 8.2 con epicentro en el Golfo de Tehuantepec (133 km al suroeste de Pijijiapan, Chiapas), se emitieron normas de emergencia que definían las primeras Normas Técnicas Complementarias (NTC) de la entidad, estas no llegaron a oficializarse.

En su artículo 236 (capítulo VI, título V), el RCSEO establece los coeficientes sísmicos a partir de la regionalización del capítulo 3 (“Diseño por sismo”) del Manual de Diseño de Obras Civiles de la Comisión Federal de Electricidad (CFE, 1993). Estos criterios corresponden a una época en la que normativas como las NTC-2004 del Distrito Federal y la norma N-PRY-CAR-6-01-005/01 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) aplicaban una reducción implícita al coeficiente sísmico (peligro transparente) mediante un factor de sobrerresistencia (R) genérico e indeterminado. Esta reducción implícita omitía variables como el material estructural, la redundancia y el número de niveles. Diversos autores señalaron estas deficiencias; por ejemplo, Rodríguez y Restrepo (2012) advirtieron que “en el cálculo de la demanda de desplazamientos de la estructura de acuerdo con el procedimiento del cuerpo principal de las NTCS, en general el ingeniero estaría calculando desplazamientos bastante menores que los que se tendrían para el sismo de diseño”. Esto implica que, ante el sismo de diseño en la región, el daño estructural real superaría con creces el nivel previsto.

Tal falta de claridad fue subsanada en la normativa de la Ciudad de México a partir de la versión 2017 —donde el Apéndice A de la versión 2004 (que normaba el peligro transparente de forma optativa) pasó al cuerpo principal— y se consolidó en la edición 2023, la cual exige espectros transparentes e incorpora criterios de diseño por desempeño. Asimismo, la CFE reconoció esta necesidad e incorporó formalmente los espectros transparentes desde su edición 2008 y en la vigente de 2015, obligando a determinar la sobrerresistencia (R) ad-hoc de cada estructura.

Actualmente existe una propuesta para incorporar NTC de diseño por sismo en Oaxaca; sin embargo, ésta conserva las inconsistencias mencionadas. Además, resulta alarmante que los valores de las mesetas espectrales propuestos planteen cifras inferiores a las de los manuales de CFE de 1993 y 2015, sin recurrir a un estudio formal de peligro sísmico actual de la zona, contraviniendo la tendencia técnica observada en otros reglamentos donde dichos valores se incrementan con el avance del conocimiento (ej. NTC-CDMX).

Durante los últimos 28 años, el gremio de la ingeniería en Oaxaca ha trabajado para actualizar el RCSEO y publicar oficialmente sus NTC. Aunque el proceso se ha postergado por el complejo entorno político y social, recientemente se reconoció la conformación de una comisión especializada para reformar dicho reglamento. Se prevé que la nueva NTC incorpore los avances de las normativas de referencia y adopte los lineamientos del Código Modelo de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica (SMIS). Esto resulta prioritario ante el crecimiento inminente de la infraestructura regional, ya que no actualizar la norma podría generar pérdidas aún mayores tras el próximo gran terremoto.

Además de lo anterior, es esencial mencionar que reducir la vulnerabilidad requiere complementar los criterios de diseño con buenas prácticas constructivas, la regulación de materiales de uso estructural y la caracterización confiable de los utilizados en la zona. Aunque parte de la supervisión recae en los directores responsables de obra y corresponsables, la certificación de la mano de obra es un pendiente crítico. Profesionalizar a los trabajadores no sólo mejorará la calidad estructural y la resiliencia social, sino que elevará su valor en el mercado laboral, beneficiando la economía local.

Estudios requeridos para tener una reglamentación sísmica adecuada

Uno de los mayores factores requeridos para tener una descripción adecuada del riesgo sísmico implica la adquisición de datos. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de esfuerzo lo muestra Japón con su vasta red sísmica desplegada a lo largo de su país (aproximadamente un instrumento sísmico por cada 20 km2). Esta instrumentación permite el estudio y descripción del fenómeno sísmico a un nivel de detalle que hace posible desarrollar modelos de comportamiento capaces de predecir los peores escenarios sísmicos que se pueden presentar. A continuación, como ejemplo, se detalla uno de los procesos relevantes para conocer el riesgo sísmico de una región, como es la estimación de la intensidad en una región de interés (efectos de sitio), lo cual es de suma importancia para la determinación de zonas vulnerables. Hay diversas etapas del proceso que requieren estudios a un nivel de detalle como el que se describe a continuación para la estimación de la amplificación sísmica.

Durante décadas, saber cómo se comporta el suelo bajo una ciudad exigía métodos invasivos: perforar el terreno (sondajes) y llevar muestras al laboratorio para conocer sus propiedades mecánicas. La tendencia internacional es algo más parecido a un ultrasonido: técnicas geofísicas no invasivas que escuchan el terreno en lugar de extraerlo. Estas técnicas miden las propiedades dinámicas del suelo —cómo vibra, no sólo de qué está hecho— y tienen ventajas claras: cubren mayor área, alcanzan más profundidad, toman menos tiempo y cuestan menos. Su límite es que la calidad del resultado depende directamente de la calidad del equipo usado. Con ellos se estiman dos parámetros clave para la reglamentación sísmica. El primero es Vs30: la velocidad promedio a la que viaja una onda S (una onda sísmica de corte) en los primeros 30 metros de suelo. Es una medida indirecta de firmeza: igual que el sonido viaja más rápido en roca sólida que en arena suelta, una onda sísmica se mueve más lento en suelos blandos —y esos suelos blandos son, precisamente, los que amplifican el movimiento sísmico—. El segundo es el periodo fundamental del sitio (Ts): la frecuencia “natural” a la que un depósito de suelo tiende a vibrar, algo similar a cómo una copa de cristal tiene un tono propio al que resuena.

En conclusión, alcanzar una reglamentación adecuada requiere como primer paso la instrumentación sísmica de la región. El análisis de los datos adquiridos permitirá describir el riesgo sísmico asociado a los distintos procesos relevantes y que se utilizarán para definir los parámetros de diseño requeridos en un reglamento, con la finalidad de disminuir el riesgo sísmico de la región.

Deficiencias en las prácticas constructivas y vulnerabilidad de la autoconstrucción

La respuesta sísmica de una edificación depende de la interacción entre la demanda del movimiento del terreno y la capacidad resistente de la estructura, la cual a su vez depende del cumplimiento de los criterios de diseño, la calidad del proyecto estructural, las propiedades de los materiales, la ejecución de la obra, la supervisión y el mantenimiento. Un reglamento moderno no garantiza un buen comportamiento sísmico si estos principios no se incorporan durante el proceso constructivo.

Godínez-Domínguez et al. (2021) analizaron viviendas y edificios de mampostería afectados por el sismo de Tehuantepec, Mw 8.2, en Oaxaca y Chiapas, e identificaron mecanismos de daño relacionados con irregularidades estructurales, deficiencias constructivas, baja calidad de los materiales, baja densidad de muros resistentes, diafragmas flexibles, golpeteo entre edificaciones y efectos locales del sitio. Entre las deficiencias más relevantes en vivienda de mampostería destacan el confinamiento inadecuado de los muros, la discontinuidad de castillos y dalas, conexiones deficientes entre muros y sistemas de piso o cubierta, y anclaje deficiente del acero de refuerzo, lo que reduce la rigidez y el comportamiento dúctil y favorece grietas diagonales, separación de muros en esquinas y, en casos severos, colapsos.

La autoconstrucción requiere especial atención, aunque no debe considerarse por sí misma una condición de vulnerabilidad: en Oaxaca es una práctica habitacional vinculada con las condiciones económicas y sociales de numerosas familias. El riesgo aumenta cuando la construcción, ampliación o modificación se realiza sin asesoría técnica, proyecto estructural, supervisión o control de calidad, como ocurre cuando se incorporan espacios o niveles adicionales sin evaluar la capacidad resistente existente. Pozos-Estrada et al. (2019) documentaron daños en Salina Cruz, Santo Domingo Tehuantepec, Ixtaltepec, Juchitán, Huatulco y La Ventosa, concentrados en viviendas autoconstruidas y edificaciones históricas.

Existe, en consecuencia, una brecha entre los criterios de la ingeniería sísmica y las condiciones reales de una parte de las viviendas existentes. Reducirla requiere fortalecer la supervisión técnica, ampliar los programas de asistencia para la autoconstrucción, capacitar a albañiles y maestros de obra y facilitar el acceso a asesoría profesional.

Lecciones de los sismos recientes: causas de los daños observados

Los sismos del 7 de septiembre de 2017 y del 23 de junio de 2020 en Oaxaca constituyen casos relevantes por su magnitud, la extensión de las zonas afectadas y la información obtenida en campo. El primero, de Mw 8.2 con epicentro en el golfo de Tehuantepec, fue de profundidad intermedia y falla normal, y produjo daños importantes en Oaxaca y Chiapas, documentados en Salina Cruz, Santo Domingo Tehuantepec, Ixtaltepec, Juchitán, Huatulco y La Ventosa, concentrados en vivienda de mampostería no reforzada o con confinamiento deficiente: grietas diagonales por cortante, fallas dentro y fuera del plano, separación en esquinas y afectaciones en muros de adobe. Godínez-Domínguez et al. (2021) relacionaron estos patrones con la irregularidad estructural, el golpeteo entre edificaciones y los efectos locales del sitio; Pozos-Estrada et al. (2019) registraron daños en distintas localidades de Oaxaca, aportando evidencia sobre la vulnerabilidad de las edificaciones ante este evento.

El segundo sismo, de Mw 7.4 con epicentro cercano a La Crucecita, permitió evaluar nuevamente el desempeño de las construcciones en la costa de Oaxaca; cada terremoto presenta características particulares de profundidad y mecanismo de falla, por lo que los daños deben analizarse con evidencia específica de cada evento.

Una de las principales lecciones es que la magnitud no explica por sí sola la distribución y severidad del daño: la respuesta de cada edificación depende también de su configuración estructural, la calidad constructiva, las condiciones del sitio y el estado de conservación. El riesgo sísmico resulta de la interacción entre peligro, exposición y vulnerabilidad. En Oaxaca, la elevada actividad sísmica es una condición permanente del territorio, pero sus consecuencias dependen en buena medida de las características de las edificaciones y de la capacidad para reducir su vulnerabilidad.

La experiencia de estos sismos muestra que la ingeniería sísmica dispone de conocimientos para disminuir el riesgo estructural. El desafío consiste en trasladarlos a la práctica mediante reglamentos adecuados, supervisión efectiva, capacitación y asistencia técnica para la autoconstrucción. La principal lección para Oaxaca consiste en reducir la brecha entre el conocimiento de la ingeniería sísmica y su aplicación efectiva, particularmente en la vivienda de interés social.

Conclusiones

Oaxaca no puede modificar su condición sísmica: la fuente, la atenuación y los efectos de sitio son parte de la naturaleza del territorio, y los sismos de 2017 y 2020 lo confirmaron una vez más. Lo que sí está en manos de la sociedad oaxaqueña es reducir la vulnerabilidad del entorno construido, y ahí se concentra el mayor margen de acción.

El estado sigue operando bajo un reglamento de 1998, cuyos criterios no han acompañado la evolución técnica adoptada en otras regiones del país, y las propuestas de actualización en curso no logran cerrar del todo esa brecha. Contar con instrumentación sísmica, estudios de sitio confiables y mecanismos reales de supervisión y certificación de la mano de obra no es un lujo técnico: es la diferencia entre repetir los mismos daños y aprender de ellos.

La autoconstrucción, lejos de ser el problema, es la forma en que gran parte de Oaxaca resuelve su necesidad de vivienda; el problema es hacerlo sin acompañamiento técnico. Los sismos recientes ya mostraron dónde se concentra el daño. La pregunta que queda abierta para la comunidad de ingeniería estructural del estado es si ese conocimiento se traducirá en reglamentación aplicada antes del próximo gran sismo, o después de él

Referencias

Godínez-Domínguez, E. A., et al. (2021). The September 7, 2017 Tehuantepec, Mexico, earthquake: Damage assessment in masonry structures for housing. International Journal of Disaster Risk Reduction 56, 102123.

Kostoglodov, V., y J. F. Pacheco (1999). Cien años de sismicidad en México. México: Instituto de Geofísica, Universidad Nacional Autónoma de México.

Meza, N. (2015). Los 8 sismos más catastróficos en la historia de México. World Economic Forum. Disponible en: https://es.weforum.org/stories/all/los-8-sismos-mas-catastroficos-en-la-historia-de-mexico/

Pozos-Estrada, A., et al. (2019). Damages observed in locations of Oaxaca due to the Tehuantepec Mw 8.2 earthquake, Mexico. Natural Hazards 97: 623-641.

Rodríguez, M. E., y J. I. Restrepo (2012). Práctica y diseño sísmico de edificios en México: cambios necesarios. Revista de Ingeniería Sísmica 86: 89-118.

Compartir en:

DESTACADOS

SEMBLANZA

Juan Manuel Fuentes García Presidente de la XXVII Mesa Directiva de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica. Emilio Rosenblueth Deutsch: conocimiento, ingeniería y compromiso con

Leer más »

PREVENCIÓN

Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor El crecimiento urbano ha alterado profundamente los ciclos del agua y generado problemas como

Leer más »

La gestión de detalle digital

el 1% que ahorraría millones Damián Rodríguez Estévez Ingeniero de caminos, canales y puertos. Asesor regional de Infraestructuras UNOPS. Luis Maumejean Navarrete Consejero y coordinador

Leer más »