19 junio, 2024 6:32 pm

Un ingeniero brillante con la música en el corazón

Aunque él decía que su vocación era la música, su incansable actividad profesional, un agudo sentido de observación y su rigurosidad en el análisis de la información le retribuyó a Raúl Vicente Orozco Santoyo un profundo conocimiento del comportamiento de estructuras térreas como los pavimentos y los depósitos de jales, lo que lo convirtió en un ingeniero con una formación técnica muy sólida y robusta.

Raúl Vicente Orozco Santoyo nació en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 22 de noviembre de 1938. Fue uno de 11 hermanos; por el trabajo de su padre, René Ernesto Orozco y Orozco, estudió la primaria en distintas ciudades: Colima, Zacatecas, Aguascalientes… y terminó radicando en Guadalajara. En esa ciudad, su padre lo inscribió en el Colegio Unión, de los jesuitas, cuyos rectores eran del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), algunos primos de su padre. Pero el nivel de matemáticas de Raúl Vicente era deplorable, le avergonzó no haber pasado el examen de matemáticas de primero de primaria y a partir de ese momento se disciplinó para ser el mejor y lo consiguió, pues durante toda la primaria estaría en el cuadro de honor.

Su secundaria y preparatoria las cursó en el Instituto Juventud, también de jesuitas. Allí comenzó a destacar por su inquietud intelectual; recordaba que en esa época construyó una radio de onda corta para la que él mismo hizo los bulbos, y mucho más…

Él era –como hoy se le dice– el nerd del salón; a él sólo le interesaba estudiar y ser el mejor, por lo que era, en términos actuales, “buleado”, maltratado, pero tenía a un hermano mayor, Ernesto, que intervenía por él; siempre andaban juntos, lo que a Raúl Vicente le ayudó mucho.

Pasión por la música

Su madre, Guadalupe Eliza Santoyo de los Monteros, le enseñó música desde muy pequeño; ella estudió en Estados Unidos en la época de la Revolución mexicana, cuando su hermano la mandó llamar y se fueron a un pueblo de Texas donde ella se convirtió en primera concertista. Raúl Vicente Orozco Santoyo estudió en el conservatorio de Guadalajara y superó por mucho a todos: a los 17 años obtuvo el título de licenciado pianista concertista y compositor. Orgulloso, le llevó el título a su padre, quien le dijo: “¿Ahora qué vas a estudiar en serio?” Él contestó que Ingeniería, y ¡vámonos!, ese mismo día lo inscribieron en la Universidad de Guadalajara.

En una entrevista que se publicó hace unos años en esta revista, Raúl Vicente señaló: “Mi vocación es ser músico, no ingeniero, pero ya ve […] En la Universidad de Guadalajara había un maestro, Pedro Vázquez Guerra, que nos dio Mecánica de Suelos y, bueno, me gustó la materia. Yo era el hermano número 2 de 11 y vine a la Ciudad de México porque mi padre me dijo: ‘Son muchos y deben buscar su propio sustento’… Así lo hice”.

El gusto por la física y las matemáticas

Años después –según relata su hijo mayor, Raúl Vicente Orozco Escoto–, al ser brillante para las matemáticas por la dedicación que le puso, sus profesores de secundaria, y sobre todo de la preparatoria, lo fueron subiendo de nivel porque a él le resultaba muy básico el curso regular.

Los profesores jesuitas, que eran ingenieros, le enseñaron que las matemáticas son matrices, así que Raúl Vicente veía la música como una posibilidad infinita de combinaciones, de ahí que cada pieza que tocaba la convertía en una sinfonía.

Así pues, Raúl Vicente estudió la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad de Guadalajara; la especialidad en Vías Terrestres, la maestría y el doctorado en Geotecnia (con enfoque en las vías terrestres), en el Posgrado de Ingeniería de la UNAM. La opción de vías terrestres no fue de él, como relató: “Corría el año 1960, tenía yo 17 años y era pasante. Fernando Espinoza Gutiérrez era el director general de Proyectos y Laboratorios en la que hoy es la SCT; llegué a pedirle trabajo y respondiendo a pregunta expresa le dije que me gustaría estudiar el doctorado en Mecánica de Suelos. ‘Mira –me dice–, tenemos en este momento un curso anual de especialización en vías terrestres, empieza en 1961’. Tomó el teléfono y llamó a Roger Díaz de Cossío, de la UNAM, y le dijo: ‘Te voy a mandar a un candidato para que le hagan un examen y le doy una beca de pasante, 700 pesos…’ Yo no le había dicho que sí o que no”.

Fernando Espinoza decidió por él, y allí va Raúl Vicente Orozco Santoyo a presentarse con Luis Esteva Maraboto. Todos quienes no egresaban de la UNAM tenían que esforzarse más, pero Raúl Vicente Orozco estaba preparado. “Había yo realizado en Guadalajara cursos especiales de física y matemáticas; ambas materias me gustaban mucho. En fin, me diplomé en la especialidad de Vías Terrestres y llegué con Fernando Espinoza, a quien le recordé mi interés en la mecánica de suelos. Me dice: ‘Estás comisionado para trabajar con Eulalio Juárez Badillo y Alfonso Rico Rodríguez. Vamos a iniciar la maestría en Vías Terrestres y tú vas a ser el conejillo de Indias’. Y así fue.

”Entonces, llevé la maestría mientras trabajaba comisionado en el Departamento de Ingeniería de Suelos que después se llamó de Geotecnia. Mi primer jefe fue Gabriel Moreno Pecero, por quien tengo gran afecto y respeto; me enseñó mucho”.

El pendiente de la mecánica de suelos

“Destaca en esa época la voluntad y la decisión de formar nuevos ingenieros dentro del sector público para integrarse después al privado. Yo insistía –relató Raúl Vicente en la entrevista referida– con mi interés en la mecánica de suelos. Tuve que hacer la maestría en Vías Terrestres, pero me permitieron, paralelamente, cursar materias de mecánica de suelos con Eulalio Juárez Badillo y Enrique Tamez González, siempre que atendiera la maestría con la que me había comprometido”.

Su padre, Ernesto Orozco y Orozco, fue ingeniero civil minero y estuvo al frente de la Junta Local de Caminos de Occidente. De la experiencia de ingenieros como su padre, su tío –José Vicente Orozco y Orozco–, Alfonso Rico, Eulalio Juárez y Enrique Tamez, Raúl Vicente rescata la importancia de saber fusionar el conocimiento teórico y el práctico para el mejor ejercicio de la ingeniería.

Una anécdota con Alfonso Rico

Hablando de teoría y práctica, una anécdota que tenía muy presente Raúl Vicente es la siguiente: “Estando yo en la SCT, nos mandó Fernando Espinoza a Compostela-Puerto Vallarta para revisar las consecuencias de un ciclón sobre la infraestructura carretera; fue a mediados de los sesenta. Acompañé al maestro Alfonso Rico, de quien aprendí mucho; era un teórico, conocía a mi padre y sabía aceptar las cosas que él, desde su visión práctica, decía.

”Alfonso Rico pidió que nos acompañase un ingeniero con experiencia práctica y designaron a Carlos Mancha Garza, un práctico eminente; no tenía títulos pero sabía cómo se hacían las cosas. Comenzamos el recorrido en la caja de una camioneta, de pie: Rico de un lado, yo al centro y al otro lado Mancha. Me acuerdo muy bien. Rico apuntaba en unas tarjetas y Mancha en una libreta. Yo tomaba fotos. En la tarde, me dice Rico: ‘Chente, usted es el más joven, usted hace el informe; Mancha y yo nos vamos al cine de Compostela a ver tres películas de Cantinflas’. Así lo hicieron”.

Les pidió los apuntes a Rico y a Mancha, pero este último, aduciendo a que no iba a entender su letra, no se los quería dar; Rico lo intimó: “Si no se los das, no vienes al cine”.

La influencia de su padre

La anécdota anterior y las siguientes ponen de manifiesto su respeto a la opinión de su padre y la importancia que le daba. Contó Raúl Vicente: “Yo me quedé a hacer el informe. Luego regresamos a Guadalajara; conservé una copia de ese informe que ya había autorizado Alfonso Rico y se lo enseñé a mi papá. ‘¿Tú hiciste esta cochinada?’, me dijo. Habló con Fernando Espinoza para pedirle que me dejara ir un mes a Compostela-Vallarta; me autorizaron y allá voy, recorriendo buena parte de la zona a pie. Total que resultó un informe muy distinto, del cual derivaron cambios sustanciales al trazo y las obras de reconstrucción, que en muchos casos implicaron opciones distintas de las existentes”.

Maestro, conferencista, autor prolífico

Raúl Vicente Orozco Santoyo fue profesor de maestría en temas relacionados con el control de calidad en obra y otros de geotecnia en la Universidad Autónoma de Querétaro, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Facultad de Ingeniería de la UNAM y en la Universidad Popular de La Chontalpa, Tabasco.

Fue conferencista e instructor sobre varios temas relacionados con el control de calidad ágil y oportuno en las obras, uso del concreto y temas de vías terrestres en entidades como Capufe, la SCT, ASUR y la Asociación Mexicana de Ingeniería en Vías Terrestres (AMIVTAC), entre otras. Fue uno de los creadores del Diplomado en Proyecto, Construcción y Conservación de Carreteras (UNAM/IMT-SCT); coordinó el Seminario de Depósitos para Jales (en las cuatro ediciones que se han llevado al cabo), en colaboración con la Camimex y la SMIG. Fue 7° Conferencista Magistral Alfonso Rico Rodríguez (2014), con el tema “Reflexiones para aumentar la calidad de los pavimentos en México”.

Redactó más de 80 artículos técnicos que se presentaron en foros nacionales y más de 95 ponencias que se expusieron en diferentes eventos técnicos.

Fue miembro honorario y del Consejo de Honor en la SMIG, de la cual fue presidente y miembro de varias de sus mesas directivas; también lo fue de la AMIVTAC, y fue uno de los fundadores la Asociación Mexicana del Asfalto y de la American Society of Civil Engineers (ASCE México). Fue igualmente miembro de otras varias asociaciones, como la Asociación Mexicana de Túneles y Obras Subterráneas, la Sociedad Mexicana de Ingeniería Estructural, la Asociación Mexicana de Hidráulica, el Colegio de Ingenieros Civiles de México –miembro vitalicio–, la Asociación Mundial de Carreteras, el American Concrete Institute y la Academia de Ingeniería; estuvo certificado como perito en Geotecnia y en Vías Terrestres por el CICM.

Vías terrestres y depósitos de jales

Sus dos grandes áreas de desarrollo profesional fueron los depósitos de jales y las vías terrestres. Fue uno de los iniciadores e incansable impulsor de las normas sobre proyecto, construcción y operación de depósitos para jales (residuos mineros) y patios de lixiviación de plata y cobre, como representante de la Academia de Ingeniería y de la SMIG ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Algunos de sus primeros proyectos de diseño de depósitos de jales fueron para la Industrial Minera México en 1973, en Guerrero y Michoacán. A lo largo de su ejercicio profesional participó como asesor y diseñador de depósitos de jales en más de 50 unidades mineras, en diferentes proyectos y etapas de éstos; como referencia, algunos de ellos fueron Santa Bárbara, Santa Eulalia y Bismark, en Chihuahua; Cananea y La Caridad, en Sonora; Hércules y Múzquiz, en Coahuila; Tayoltita y Velardeña, en Durango; San Martín y Aranzazú Holding, en Zacatecas; La Negra y San Martín, en Querétaro; El Baztán y Minera Aporo, en Michoacán; Peña Colorada y Ternium, en Colima; Tizapa y La Guitarra, en el Estado de México; Zimapán y Naopa, en Hidalgo; San Felipe y El Arco, en Baja California; Rosario, en Sinaloa y Las Torres, en Guanajuato.

Su incansable actividad profesional, un agudo sentido de observación y su rigurosidad en el análisis de la información le retribuyó un profundo conocimiento del comportamiento de estructuras térreas como los pavimentos y los depósitos de jales, lo que lo convirtió en un ingeniero con una formación técnica muy sólida y robusta.

En el campo de las vías terrestres, de los primeros cargos que asumió en su vida profesional fue como laboratorista, proyectista y en control de calidad de concretos de cemento pórtland en la Secretaría de Obras Públicas de Guadalajara, en 1961.

Activa y variada práctica profesional

Fue calculista, jefe de mesa y jefe de mesa de campo entre 1962 y 1964 en la sección de estudios del Departamento de Ingeniería de Suelos, perteneciente a la Dirección General de Proyectos y Laboratorios de la Secretaría de Obras Públicas (DGPL-SOP). Aquí se iniciaron los estudios geotécnicos completos para terracerías y obras de drenaje de todas las carreteras y aeropistas de la República mexicana. El objetivo fue establecer un modelo de estudios: geofísicos, de taludes, drenes horizontales y subdrenes en cortes; coeficientes de variación volumétrica para curva-masa y todos los aspectos geotécnicos básicos de previsión de problemas. Fue jefe de la sección de campo en la Oficina de Mecánica de Suelos del Departamento de Geotecnia de la DGPL-SOP en 1965, donde tenía como actividad principal realizar estudios geotécnicos completos para el proyecto de terracerías y obras de drenaje en caminos y aeropistas. Fue subjefe B (Geotecnia) en el Departamento de Ingeniería Experimental de la Dirección de Proyectos en la Dirección General de Irrigación y Control de Ríos de la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) en 1971.

Entre 1971 y 1972 fue asesor técnico del director general de Grande Irrigación de la Subsecretaría de Construcción de la SRH y de la Gerencia de Construcción en las obras de rehabilitación del Distrito de Riego 14, principalmente el revestimiento asfáltico del canal Independencia en el Río Colorado, en Baja California y Sonora.

Entre 1976 y 1981 fue jefe del Departamento de Control de Calidad, subgerente y gerente de Geotécnica y Control de Calidad de la Compañía Contratista Nacional, que en 1981 se transformó en la empresa Raúl Vicente Orozco Santoyo y Cía., donde se realizaban estudios geotécnicos, asesorías y control de calidad en suelos, rocas, concretos de cemento pórtland y asfálticos para presas, canales, caminos, puertos, plantas industriales, escolleras y aeropistas. De 1981 a 2022 fue director general de la empresa, donde estuvo activo hasta el día de su fallecimiento. Leal y sincero amigo

Raúl Vicente Orozco Santoyo se casó, tuvo cinco hijos y 10 nietos; 44 años después de habérselo planteado, obtuvo el doctorado en Mecánica de Suelos.

Llevaba a su hijo mayor, Raúl Vicente Orozco Escoto, a la sala Nezahualcóyotl a escuchar los conciertos de piano de Beethoven; con la partitura del concierto que se iba a dar, se sentaban en primera fila, le daba a su hijo un lápiz y al final del concierto tenían que verificar si había detectado los mismos errores que él, “porque todos tenemos errores, hijo, pero lo escrito, escrito está; esta es la norma. Al final me vas a decir si te gustó la interpretación, y eso es cualitativo; puedes tener n errores, pero la forma de expresarlo hace que los errores no se noten”. Nunca llegó Raúl Vicente Orozco Escoto a encontrar más que el 70 u 80% de lo que su padre detectaba.

En general, la relación de Raúl Vicente Orozco Santoyo con sus hijos era lejana, pues pasaba la vida trabajando; su hijo mayor cuenta que comenzó a conocer a su padre cuando, a sus 15 años de edad, lo llevó a trabajar a la empresa. Recuerda que su padre era muy estricto; su relación se resumía a las veces que lo llevaba a una obra o a un concierto. No obstante, en los momentos importantes de sus hijos, Raúl Vicente padre estuvo siempre atento y presente.

Fue un conversador ameno, ocurrente, de buen humor. Fue amante de la música e interpretaba piezas al piano de manera magistral. Fue un buen guía para ingresar a los temas de los depósitos de jales y vías terrestres, un profesional incuestionable pero, sobre todo, un leal y sincero amigo. Desafortunadamente, falleció el 14 de enero de 2022

Elaborado por Helios Comunicación con base en información propia, de Raúl Vicente Orozco Escoto, de Osvaldo Flores Castellón y de Alexandra Ossa.

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