20 mayo, 2024 10:46 pm

TEMA DE PORTADA

La gestión del agua en el Valle de México

El trabajo conjunto de los actores involucrados en la gestión del agua es fundamental para que exista consenso en las acciones a desarrollar de manera estructurada para desarrollar un programa que incluya la infraestructura, la organización y el financiamiento. El papel de la sociedad es fundamental porque constituye el elemento que dará continuidad a la implementación del programa.

César Herrera Toledo Consultor y director técnico de 2050 Cuenta.

En el Valle de México no se han perfeccionado mecanismos institucionales claros y eficaces que permitan planear el desarrollo urbano y coordinar los servicios urbanos, incluida la infraestructura. Este contexto erosiona la productividad económica, la sustentabilidad ambiental y, en general, la habitabilidad de la región.

El gran número de actores administrativos aumenta el grado de complejidad de la labor de diseño e implementación de políticas públicas que demandan coordinación, y esto puede obstaculizar el funcionamiento de la infraestructura. El problema se agrava por la falta de marcos de planeación regional estratégica que se apliquen en escala metropolitana y con suficiente respaldo financiero.

La normativa actual establece que corresponde al gobierno federal la custodia y preservación de las aguas nacionales, en cantidad y calidad, a través de la Comisión Nacional del Agua; al ámbito municipal, de manera directa o a través de terceros, la provisión de los servicios de agua y saneamiento, incluyendo su reúso; y al ámbito estatal, en términos del artículo 115 constitucional, la responsabilidad de los servicios municipales cuando el municipio no tenga la capacidad de hacerlo. El desalojo de aguas pluviales lo realizan en la medida de sus posibilidades los municipios, pero la federación interviene con el programa de protección a centros de población.

Existen mecanismos para establecer acuerdos de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, como el Protocolo para la Operación del Drenaje Pluvial del Valle de México; también se dispone del Fideicomiso 1928 para utilizar los recursos que las entidades pagan por el agua en bloque que proporciona la federación, para el desarrollo de infraestructura de beneficio común. En ese marco, los mecanismos de coordinación han tenido resultados positivos; sin embargo, descansan en gran medida en un esquema de subsidios, en el cual el mayor peso de las erogaciones en materia de inversión y operación proviene de recursos del presupuesto federal, ya sea en forma directa o como afectación a participaciones. Al respecto, es necesario insistir en que, en años recientes, un factor determinante ha sido la reducción progresiva, en el Presupuesto de Egresos de la Federación, del presupuesto asignado al sector agua para servicios de agua y saneamiento.

Las prioridades que impone la operación de los sistemas, así como la atención de emergencias –sismos, sequías, inundaciones– han agudizado las restricciones presupuestales y obligado a posponer programas de acciones de mediano y largo plazo, como las que se requieren en el Valle de México.

La experiencia muestra que las instituciones pueden estar sujetas a reorientaciones con los cambios de administración. Por esa razón, es conveniente que la sociedad civil asuma un papel más relevante en el seguimiento y las adecuaciones del programa, por una parte; por la otra, como un auditor del proceso.

Es necesario dar más espacio a la sociedad civil para que se conduzca como una conciencia social de los responsables institucionales de los servicios y del manejo de la cuenca, a fin de que no se difieran acciones que deben iniciarse ya y mantenerlas de manera continua.

Existen espacios de participación para los usuarios del agua: los  Consejos de Cuenca y organismos auxiliares, que reúnen a las autoridades encargadas del manejo del agua con los usuarios, pero quedan por madurar temas como los siguientes:

  • La posibilidad de integrar a organizaciones de ambientalistas y de productores rurales, a universidades y centros de investigación, y definir criterios y requisitos, en su caso.
  • La conveniencia de que el Consejo de Cuenca participe en la formulación de los programas de inversión vinculados a la gestión hídrica de estados y municipios, y no solo en la sanción del programa hídrico de la cuenca. El consejo debe verificar que las inversiones se correspondan con lo acordado en el programa regional.
  • La participación en las comisiones de asuntos hídricos o hidráulicos de los congresos.
  • La conveniencia de que cuenten con una estructura operativa autónoma y un presupuesto definido.

Hay un largo tramo por recorrer para transitar de la situación actual a una gestión integrada participativa de la cuenca.

Hacia un escenario de seguridad hídrica

A continuación se describe una solución eminentemente técnica que busca el equilibrio de los acuíferos del Valle de México, como un ejercicio para analizar cuáles son los componentes más relevantes y, en función de los resultados, identificar las áreas que requieren estudios de mayor profundidad, como el agua para consumo humano derivada de reúso indirecto y directo, y también los temas que deberán llevarse a consulta con los usuarios.

El planteamiento de escenarios es un instrumento de planeación que puede identificar ventajas y desventajas de opciones, para su posterior estudio detallado.

Escenario de instrumentación de acciones locales sin incorporar nuevas fuentes

En el escenario que se plantea a continuación se parte de la hipótesis de que es posible atender la demanda actual y futura de agua y reducir sensiblemente la sobreexplotación del acuífero sin que sea necesario recurrir a fuentes externas adicionales; tan solo con acciones locales para hacer eficiente el aprovechamiento del agua. Desde luego, esto implica una serie de cambios en la infraestructura, regulación del uso del agua, coordinación institucional y una actitud colaborativa de la sociedad. Involucra un nuevo paradigma que busca usar el agua de manera eficiente con la tecnología disponible y con la participación de la sociedad.

Algunos cambios se pueden dar en el corto plazo, pero otros que implican modificaciones de patrones de consumo requerirán espacios de diálogo y concienciación de los diferentes usuarios que tradicionalmente se han beneficiado de bajas tarifas, pero que también han sido afectados por la mala calidad de los servicios, por inundaciones y escasez. En este apartado se presentan los resultados de un ejercicio basado en la información disponible, con el empleo de un modelo de simulación del Valle de México.

Demanda futura de agua

Se prevé que la demanda de agua se incrementará ante el crecimiento de la población, que para el año 2050 se estima en alrededor de 26.53 millones de personas en el Valle de México. En la hipótesis de crecimiento se tendrán los mayores aumentos en los municipios del Estado de México. También se prevé un incremento en la demanda de agua para la industria y para otros usos, no así para la agricultura, que tenderá a minimizarse.

La oferta

En la tabla 1 se describen de forma resumida los valores de las diferentes fuentes de abastecimiento de agua para todos los usos del Valle de México.

En la hipótesis para lograr satisfacer las demandas con las fuentes actuales se consideran:

  • Ampliación de la capacidad de la presa Madín en 0.5 m3/s durante la época de lluvias.
  • Optimización del Sistema Cutzamala (1.8 m3/s) y rehabilitación del Sistema Lerma (1.6 m3/s), para incrementar el abasto en 3.4 m3/s.
  • Disminución del 100% (8.0 m3/s) de la extracción de agua del Sistema PAI.
  • Aumento de la eficiencia en el uso público urbano al 75% (reducción de las fugas en las redes).
  • Infiltración a los acuíferos de un caudal de 2.5 m3/s de agua residual tratada.
  • Disminución de la extracción de agua subterránea para la industria, mediante su sustitución con agua residual tratada (2.5 m3/s).
  • Disminución gradual probable de la extracción de agua para uso agrícola o sustitución por agua tratada en 30 años (5.5 m3/s).
  • Mejoramiento de la calidad del servicio en las zonas con más deficiencias y reducción de consumos en las zonas con mayor dispendio, para lograr una dotación promedio de 140 l/hab/día, más equitativa.
  • Los proyectos de la Laguna de Xico (0.8 m3/s) y Zumpango (3.5 m3/s) se incorporarán en esta opción, ante las dificultades que representa la recarga de acuíferos.

Simulación de escenarios

Estas acciones básicas han sido analizadas con el modelo de simulación dinámica que considera centros de demanda de agua por usos en cada demarcación (alcaldía o municipio), población actual y crecimiento probable (Inegi-Conapo), dotación, eficiencia en redes, el acuífero con sus fuentes de recarga y fuentes superficiales locales y externas que se utilizan, y el impacto progresivo de las acciones descritas sobre la demanda de agua de cada fuente, incluyendo el reúso de agua tratada.

En las gráficas a y b de la figura 4 se observan los acuíferos ubicados en el Valle de México involucrados en el suministro de agua a la mayoría de los usuarios; para cada uno se presentan las condiciones de sobreexplotación antes (a) y después (b)  de aplicar las medidas locales. Cada año, una línea vertical en las figuras representa el cociente entre la extracción y la recarga; valores arriba de 1 indican sobreexplotación. Se puede ver en la figura b que con las acciones propuestas se logra prácticamente el equilibrio en los cuatro acuíferos, en contraste con la situación actual. El impacto de las principales acciones propuestas –algunas ya en ejecución, como el incremento de eficiencias en redes– permite que todos los acuíferos se aproximen al equilibrio en la primera década.

En las gráficas de la figura 5 se indica el comportamiento de la oferta de agua (figura a), integrada por: aguas subterráneas, el flujo horizontal, la infiltración por lluvia y la infiltración agrícola; las fugas en la red, la transferencia de agua y el agua sobreexplotada del acuífero. En la gráfica b, se observa que, con las acciones propuestas, hay una disminución notable en el volumen de sobreexplotación.

El resultado

En esas condiciones, se lograría que al año 2050 se redujera la sobreexplotación y se atendieran todas las demandas previstas. Al mismo tiempo se estaría contribuyendo a reducir el hundimiento generado por la extracción de agua subterránea. En este escenario, los ajustes en la infraestructura correspondientes a las cuatro primeras líneas de las enlistadas en la hipótesis expresada arriba se ven muy factibles con presupuestos asequibles; las siguientes actividades tienen un mayor grado de dificultad y requieren la aprobación de los diferentes usuarios. Así, mejorar la eficiencia supone la sustitución de redes y la sectorización, actividades que se desarrollan en le Ciudad de México, pero no en los municipios del Estado de México, o al menos no con la misma velocidad; la infiltración requiere proyectos e inversiones para acondicionar los terrenos o para la construcción de pozos, además de la infraestructura de tratamiento de las aguas residuales que cumpla con la norma para infiltración; el uso de agua tratada en la industria requiere contar con instalaciones confiables para garantizar el agua en cantidad y calidad; la reducción del agua para la agricultura requerirá un largo proceso de convencimiento –y seguramente de inversión– para poder contar con el agua de sus concesiones; finalmente, la reducción del consumo público urbano en las zonas con mayor consumo actual significa un sacrificio para la población con patrones de consumo altos, lo que beneficiaría a la población que no cuenta con agua en forma continua.

La inversión y los costos de operación y mantenimiento para el aprovisionamiento de agua –necesarios para el escenario de acciones locales– asciende al orden de 28,000 millones de pesos anuales durante los 35 años de la simulación. A estos costos habría que añadir los relativos a la distribución del agua, su recolección, desalojo y tratamiento; se suma a lo anterior el costo de la restauración de la cuenca.

Todas las medidas propuestas contribuyen adicionalmente a reducir el consumo de energía y los impactos al ecosistema de la cuenca, así como a disminuir la huella de carbono.

En caso de que alguna de las medidas mencionadas no se lograra, o lo hiciera en forma parcial, se puede recurrir a un mayor aprovechamiento de agua superficial en las cuencas del poniente, a un programa amplio de infraestructura verde y la potabilización directa o indirecta de agua residual, tema que sería motivo de debates para su implementación, si bien la tecnología permite alcanzar agua de la calidad requerida. Es probable que se recurra a todas las medidas antes descritas.

Una iniciativa de esta naturaleza para disminuir la sobreexplotación y el hundimiento requiere programas en todo el Valle de México, con recursos oportunos y, sobre todo, con una estrecha coordinación entre las entidades.

Los trasvases. Un posible umbral

Se han estudiado alternativas de infraestructura para abastecer al Valle de México que implican la importación de agua de otras cuencas, lo cual va a ser cada día más costoso en energía y, sobre todo, en medidas para contener las reacciones y enfrentar la resistencia de la población en las cuencas de origen, lo que va a dar lugar a costos colaterales en obras y acciones compensatorias.

Respecto al costo de la energía en nuevas fuentes, es posible establecer un umbral que estaría definido por la energía necesaria para potabilizar aguas residuales crudas en el Valle de México. Un valor sugerido para este umbral es el consumo de energía para desalación de agua marina, considerando que se requiere menos energía utilizando membranas para ultrafiltrar agua residual, después de los procesos necesarios de acondicionamiento (arena y antracita, carbón activado y prefiltración).

Entonces, el consumo de energía debe limitarse a 3.5 kWh/m3. Este consumo unitario equivale a un bombeo de 700 metros. Sobre esas bases, cualquier fuente que requiera un bombeo equivalente mayor de esa cifra no compite con el reúso potable directo, y menos con el indirecto.

En seguida se presentan dos alternativas que cumplirían con esta condición.

El Mezquital

El proyecto consiste en la construcción de un sistema de pozos, un acueducto y planta potabilizadora con una capacidad de 4.8 m3/s. Se trata de aprovechar el acuífero del Valle del Mezquital, lo cual encaja en la economía circular, ya que se trata de un reciclaje; menor desnivel neto entre ambas cuencas, ya que el trazo estudiado requiere un bombeo de 400 metros para alimentar un tanque en la cota 2,400 msnm que permite dominar la red urbana; ingresaría por el oriente a la ZMVM, lo cual contribuye a mejorar la capacidad de distribución.

Entre las posibles desventajas está la necesidad aparente de utilizar un sistema de potabilización avanzada para asegurar la calidad potable del agua extraída. Esto incrementaría en forma considerable los requerimientos de energía (> 3.5 kWh/m3); además, el hecho de estar asociado con las zonas agrícolas del Distrito de Riego 003 haría necesario realizar importantes acciones compensatorias para que el sistema no sufra interrupciones.

Tecolutla

Aprovechar el agua de las presas del Sistema Hidroeléctrico Necaxa tiene la ventaja –si se aprovecha la primera fase– del menor desnivel neto entre ambas cuencas. El trazo estudiado requiere la conexión de las presas La Laguna y Los Reyes para vencer una carga de 367 metros hasta conectarse con el tanque Chiconautla. Tendría un caudal aprovechable de 4.1 m3/s. También tiene la ventaja de ingresar por el oriente a la ZMVM, lo cual contribuye a mejorar la capacidad de distribución en una de las zonas más desfavorecidas.

La principal desventaja es la afectación del sistema hidroeléctrico, además de los posibles conflictos sociales que surjan con los usuarios que se benefician actualmente de ese sistema.

Otros proyectos

El acuífero profundo

Con el propósito de asegurar la sustentabilidad hídrica, uno de los objetivos fundamentales de este programa estratégico ha sido ampliar el conocimiento geocientífico del acuífero profundo en la cuenca de México.

En la actualidad, a través de los estudios que se realizan, se sabe que los estratos del subsuelo funcionan como bandas transportadoras que mueven fluidos, gases, solutos, coloides, material particulado, materiales biológicos y calor desde las zonas de recarga hacia las zonas de descarga.

El agua subterránea fluye de manera constante en los estratos del subsuelo a diferentes profundidades; puede penetrar hasta varios kilómetros por debajo de la superficie del terreno y su recorrido tarda desde meses hasta miles de años, para finalmente llegar a los sitios de descarga natural en ríos, lagos, humedales y el mar, en donde se reincorpora a la circulación atmosférica.

La limitación del drenaje hacia el sur de la Ciudad de México se debe a la presencia de los productos de la Sierra de Chichinautzin, que modificó drásticamente su morfología en los últimos 700,000 años.

El parteaguas de la cuenca se extiende por la zona montañosa circundante, que frecuentemente se eleva por encima de los 3,000 msnm.

El propósito de los estudios es caracterizar el acuífero profundo de la cuenca, con el fin de identificar la relación que existe entre el acuífero profundo y el somero, así como explorar la posibilidad de interceptar el flujo del acuífero subterráneo antes de que abandone la Ciudad de México.

Únicamente tres pozos perforados en la Ciudad de México han alcanzado el basamento de calizas: el pozo Mixhuca-1 (2,400 m), el pozo Tulyehualco-1 (3,000 m) y el pozo Agrícola Oriental 2B (2,000 m).

Se está realizando una serie de sondeos magnetotelúricos (MT) para recabar datos que hagan posible identificar las características del subsuelo a grandes profundidades, con el fin de integrar un modelo numérico que permita entender la composición del acuífero profundo.

Cómo lograrlo

El trabajo conjunto

La instrumentación de una estrategia que permita reducir la sobreexplotación del acuífero y los hundimientos, y atender las demandas futuras de agua –en la que intervengan muchos actores– constituye un problema complejo, cuya solución requiere contar con un programa conjunto, la participación oportuna de las partes, los recursos y la disposición de la sociedad para asumir responsabilidades.

No se trata de un programa para introducir una nueva fuente de abastecimiento: es un nuevo paradigma que tiene como finalidad la reducción de la sobreexplotación del acuífero del Valle de México y del hundimiento, sin descuidar la atención de las necesidades de abasto de los diferentes usuarios y –en lo posible– sin recurrir a fuentes externas.

Se trata de un programa con diversas vertientes, entre las que pueden apuntarse las que se enumeran en seguida.

La vertiente técnica

La complejidad de las instalaciones del sistema de agua y drenaje del Valle de México, donde intervienen diversas instituciones, obliga a compartir una visión con el fin de hacer más eficiente su funcionamiento. Es importante considerar la perspectiva de la administración del agua y de los usuarios, porque tienen responsabilidades diferentes que redundan en aspectos técnicos.

 El sistema general del Valle de México

  • Analizar los proyectos de infraestructura desde la perspectiva de la zona metropolitana para buscar sinergias que la hagan más eficiente.
  • Contar con sistemas de medición que permitan conocer las condiciones de las fuentes, en particular de los acuíferos, así como de los usos del agua para realizar balances confiables y para la toma de decisiones oportuna.
  • Estudiar el reúso indirecto y directo para aprovechamiento de las aguas residuales como una fuente potencial de agua potable.
  • Estudiar las posibilidades de infiltración de agua pluvial y residual tratada al acuífero.

Operación de la infraestructura primaria

  • Desarrollar protocolos para la operación de los principales componentes del sistema: ya existe para drenaje pluvial, es necesario otro para la mejor distribución de agua potable desde las fuentes y, eventualmente, del agua tratada.
  • Servicios de agua y saneamiento
  • Sectorización de las redes y reducción de fugas.
  • Adecuación de redes de distribución para atender a la población con perspectiva metropolitana, más equitativa.
  • Incrementar la macro y micromedición.
  • Asegurar la calidad del agua que se distribuye a los usuarios.
  • Aprovechar el agua residual tratada en el marco de la economía circular.
  • Automatizar los componentes del sistema.
  • Capacitar al personal.
  • Agua para la agricultura
  • Tecnificar el campo en el Valle de México y en el Valle del Mezquital.
  • Desarrollar infraestructura para recibir eventualmente agua residual tratada en esquemas de intercambio de agua a favor del acuífero.

Resiliencia

  • Contar con redundancia en infraestructura.
  • Consolidar sistemas de alertamiento.

Nuevas fuentes

  • Analizar fuentes externas de agua: Tecolutla, Amacuzac, acuífero del Valle del Mezquital.
  • Realizar estudios para uso directo o indirecto de aguas residuales tratadas.
  • Continuar el estudio del acuífero profundo como parte del sistema hídrico, con objeto de analizar en qué medida se puede aprovechar de manera permanente o para emergencias.

La vertiente de gobernanza

La actual estructura de facultades, responsabilidades y recursos no es eficiente para atender el problema. Las facultades amplias de regulación y operación que tiene la Conagua y su organismo de cuenca no tienen un colateral en términos de recursos financieros y humanos, ni la representatividad ante otras entidades públicas que permitan una atención adecuada de la problemática.

Se debe adoptar un nuevo paradigma para el Valle de México que implique el acuerdo entre las instancias gubernamentales, a fin de asumir un programa conjunto y sumar recursos. Es claro que los componentes del programa son liderados por distintas instituciones, pero en su ejecución es imprescindible no solo la coordinación sino una colaboración que garantice el uso eficiente de los recursos; es decir, la concentración de facultades, responsabilidades, patrimonio y recursos humanos y técnicos en un solo organismo encargado de operar los distintos aspectos del manejo, conservación y desarrollo de la cuenca. Los pasos a seguir son:

Crear un consejo y dotarlo de facultades fiscales y financieras necesarias para el financiamiento del programa de inversión.

Establecer el consejo mediante un decreto de creación por parte del Poder Ejecutivo federal. El decreto de creación de un consejo, con personalidad jurídica y patrimonio propios, posibilitaría:

  • Crear al consejo, dotado de una estructura de gobierno.
  • Incorporar a su patrimonio los activos de la red troncal del sistema hidráulico de la cuenca, actualmente adscritos a la Conagua y a los organismos de las entidades federativas, dejando a las entidades los activos correspondientes a la red secundaria.
  • Asignar al consejo los ingresos correspondientes a la venta de agua en bloque a las entidades, la cual es actualmente recibida por la Conagua.
  • Crear una contraprestación de las entidades federativas como retribución a la infraestructura troncal operada por el consejo.
  • Crear las condiciones para que las entidades federativas puedan afectar sus derechos a recibir una parte proporcional de sus ingresos en participaciones federales (las entidades) o en el Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios y de las Demarcaciones Territoriales del Distrito Federal (Fortamun) para el pago de los servicios prestados por el consejo a los municipios.
  • Revisar acuerdos de distribución de aguas en el Valle de México, Mezquital, Lerma y Cutzamala.
  • Adecuar tarifas para mejorar el servicio y propiciar un uso más eficiente del agua, con subsidios dirigidos a la población más desprotegida, a través de mecanismos que no repercutan en el financiamiento del agua.
  • Procurar la participación institucional y de la sociedad que se ha expresado en diversos foros, interesada en la solución del problema del Valle de México.
  • Llevar a consulta los proyectos con los usuarios y la sociedad afectada; apertura a organizaciones de la sociedad civil y seguimiento de los proyectos por parte de la sociedad. Todo ello será necesario en temas como el intercambio de agua para riego, molestias por las obras para la sectorización y sustitución de tuberías, aceptación de agua residual tratada para diversos usos, aceptación de la captación de agua de lluvia donde proceda, ahorro de agua, reducción de la dotación en las zonas en que persisten consumos elevados, entre otras.
  • Recurrir a Consejos de Cuenca y Comités Técnicos de Agua Subterránea como instrumentos de gran utilidad para los procesos de concertación.
  • Contar con un plan de largo plazo que sirva de referencia para la toma de decisiones.

La vertiente ambiental

Se han identificado grandes líneas de acción que podrían sustentar el diseño de políticas públicas con un enfoque territorial y de soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) en la Ciudad de México:

  • Asegurar que los proyectos se planteen con premisas que minimicen el impacto al medio ambiente.
  • Desarrollar proyectos con SbN.
  • Reconocer los ecosistemas como capital natural, para abrigar visiones culturales locales y derecho consuetudinario –usos y costumbres.
  • Incorporar el concepto de ecohidrología, promovido por la Unesco, a fin de contar con una visión que integre a la cuenca con su biota en una sola entidad, para reducir impactos antropogénicos mediante los servicios ecosistémicos.
  • Regular los componentes terrestres de los ecosistemas, ya que debe haber congruencia en el desarrollo urbano y la conservación de áreas verdes que promuevan el uso eficiente de los recursos y calidad de vida para los habitantes.

El financiamiento

Es deseable en finanzas públicas que cada fuente de gasto tenga su correspondiente fuente de ingresos. Dicho precepto no se cumple en todos los casos, pues existen múltiples rubros de gasto (el pago de nómina de gobierno, por ejemplo) a la cual no es posible asignarle una fuente de financiamiento directa.

En algunas ocasiones de manera incompleta, pero el esquema de derechos que norma el modelo fiscal de los sistemas hidráulicos en México busca al menos recuperar los costos de la provisión del agua. En escala del consumidor, el conjunto de contribuciones agrupadas en los derechos de agua está diseñado para cubrir la operación y el mantenimiento sin incorporar la inversión. Por lo anterior, es necesario:

  • Crear una contraprestación específica para que el consejo pueda contar con una fuente estable de recursos propios, específicamente dedicados al financiamiento de la inversión en la infraestructura troncal de la cuenca de acuerdo con el plan de inversión. Dicha contraprestación –de las entidades al consejo por el uso y aprovechamiento de la infraestructura– podría ser transferida a los consumidores de acuerdo con el esquema que definan las entidades.
  • La transferencia de las tarifas de consumo locales podría ser total o parcial, en cuyo caso el Estado deberá cubrir con su margen presupuestal el costo de la contraprestación al consejo.

El consejo tendría dos posibles fuentes presupuestales: aportaciones de las entidades federativas y recursos propios.

En las aportaciones de las entidades federativas podrían considerarse los siguientes fondos, un porcentaje de los cuales quedaría comprometido para ser aportado de manera irrevocable en favor del consejo:

  • Fondo General de Participaciones (Ramo 28), para los gobiernos estatales.
  • Fortamun (Ramo 33).
  • Fondos presupuestales de las entidades.

En lo que respecta a los ingresos propios, los recursos del consejo podrían provenir de las siguientes fuentes:

  • Venta de agua en bloque a las entidades federativas.
  • Creación de una contraprestación específica para la inversión, operación y mantenimiento de la infraestructura hidráulica.

Convocatoria de la sociedad civil

Se han generado múltiples iniciativas que se orientan a buscar atender las demandas futuras de agua mediante el ahorro de agua y otros proyectos como los enunciados antes, en particular en las temporadas de estiaje, como la presente. Algunas se refieren al ámbito de la Ciudad de México y otras se extienden a toda la Región Hidrológico-Administrativa XIII, que incluye el Valle de México y Tula. También se han hecho acuerdos para la operación de componentes del sistema hidráulico, y la academia ha estado muy presente en la instrumentación altimétrica y la medición piezométrica, lo que ha permitido dar seguimiento al hundimiento de la ciudad y su relación con la situación del acuífero.

Estos esfuerzos en general han tenido éxito en principio, pero, al estar vinculados a programas institucionales, han sufrido ajustes en los cambios de administración que han modificado prioridades o los han relegado para atender otras actividades que se consideraron prioritarias. La conducción por parte de las instituciones solamente queda sujeta a las orientaciones de gobierno, y eso puede hacer perder el ritmo en la ejecución de actividades o reorientar recursos.

Por tal virtud, lo que ahora se pretende es involucrar a la sociedad en la adopción de un programa conjunto con visión de largo plazo.

Se cuenta con suficientes estudios y herramientas para estructurar la alternativa más conveniente sobre la base de la sustentabilidad del acuífero y de la calidad del servicio de agua a todos los usuarios.

El trabajo conjunto de los actores involucrados es fundamental para que exista consenso en las acciones a desarrollar de manera estructurada con programas que incluyan la infraestructura, la organización y el financiamiento.

El papel de la sociedad es fundamental porque constituye el elemento que dará continuidad a la implementación del programa. Será actor en las definiciones de las acciones a desarrollar y será también vigilante de su implementación. Muy importante será su intervención en los cambios de administración para pugnar por la continuidad del programa.

La crisis derivada de la sequía que afecta la disponibilidad de agua superficial es una oportunidad que debe aprovecharse para incidir en la conveniencia de adoptar un programa conjunto

Este artículo es un resumen del documento Una alternativa para el manejo sustentable del agua en el Valle de México, publicado por 2050 El equilibrio cuenta y la Fundación Río Arronte.

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