19 junio, 2024 5:59 pm

Seguridad vial de la infraestructura carretera

La seguridad vial entraña un conjunto de aspectos, no solo el suceso de un siniestro de tránsito: involucra las características de la infraestructura; componentes de seguridad del vehículo para quienes viajan en su interior y para los usuarios externos; la legislación; la atención médica a las víctimas al ocurrir un siniestro y posterior a este. Todo ello y otros aspectos deben conjugarse para brindar condiciones que eviten la pérdida de vidas humanas y las lesiones graves en siniestros de tránsito. Es necesaria la suma de esfuerzos y voluntades de los sectores salud, infraestructura, economía, educación, seguridad, sector privado, entidades de financiamiento y la sociedad en su conjunto para enfrentar el grave problema de salud pública que ocasionan los siniestros viales.

Juan Manuel Mares Reyes Ingeniero civil, maestro en Ingeniería de Tránsito. Director general del XIII Seminario de Ingeniería Vial AMIVTAC “Movilidad y seguridad para todos”. Miembro activo del CICM.

En la República mexicana la red carretera federal, con alrededor de 50,000 km de longitud, tiene una destacada importancia en el desarrollo nacional, y muestra de ello es que tan solo en el año 2022, de los 965 millones de toneladas transportadas mediante los diferentes modos de transporte, el 56.81% se movió por carretera; y de los 3,831 millones de pasajeros transportados, el 95.9% lo hizo a través de la carretera.

El crecimiento poblacional en nuestro país ha experimentado en los últimos 70 años incrementos que demandan una movilidad con seguridad vial; la población ha pasado de casi 26 millones de habitantes en 1950 a 128.9 millones en el primer trimestre de 2023, y de estos, 67 millones son mujeres (el 52%); según datos del Inegi, alrededor del 79% de la población habita en zonas urbanas, lo que significa una mayor concentración de la movilidad y la necesidad de más  y mejor infraestructura.

Las proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo) estiman que para el año 2030 seremos 138.1 millones de personas en este país, y para el 2050, 148.2 millones. Ante ello urge emprender acciones coordinadas que no solo reduzcan los siniestros viales, sino que conduzcan a formar una cultura de la seguridad vial con educación vial en todas las etapas de la vida de las personas.

El desarrollo poblacional y económico ha hecho crecer la necesidad de desplazamientos de personas, bienes, servicios y mercancías (véase tabla 1), y esto se ha manifestado en un incremento en los volúmenes de tránsito en calles y carreteras, disminución de los niveles de servicio de las carreteras, mayor contaminación ambiental y aumento de las colisiones de tránsito. En el periodo 2000-2021, en la red carretera federal se registraron 540,578 colisiones viales en las que resultaron lesionadas 475,477 personas y 85,211 fallecieron en el lugar de la colisión, lo que representa un valor promedio anual de 4,242 personas fallecidas en el lugar del siniestro y 20,670 lesionadas: un grave problema de salud pública y una seria amenaza para el desarrollo sostenible.

La tendencia en la ocurrencia de las colisiones viales permite estimar que en el transcurso del periodo 2023-2030 se registrarán un poco más de 81,000 colisiones con 84,000 víctimas, de las cuales el 27% fallecerán.

Los siniestros de tránsito registrados en la red carretera federal representan del orden del 4% de los siniestros registrados en escala nacional. Entre los factores de riesgo para la ocurrencia de colisiones de tránsito en las carreteras federales destacan el exceso de velocidad, el uso de distractores al conducir, maniobras de rebase indebidas, fatiga, consumo de alcohol y drogas, y las condiciones físico-mecánicas de los vehículos.

Se ha identificado que el tiempo de reacción de un individuo que conduce un vehículo oscila de 3 a 5 segundos, en función de la velocidad a la que transite y de las condiciones físicas y mentales del conductor. ¿Qué puede suceder en 3 o 5 segundos de distracción al conducir? Si se conduce a una velocidad de 60 km/h, en 5 segundos se recorren 83 m, lo que equivale a transitar 3.5 canchas de tenis; si se circula a 110 km/h, se recorren 153 m, equivalentes a una cancha de futbol.

La velocidad es uno de los causantes principales de siniestros viales; las leyes y reglamentos de tránsito establecen los límites de velocidad a los que el conductor debe apegarse para no causar siniestros, además de que mediante las señales de tránsito se transmite dicha información. A lo largo del tiempo se han aplicado dispositivos de control de velocidad puntuales que inhiben la velocidad solo al pasar por esos sitios de control. Por ello se hace necesario emprender acciones a través de campañas permanentes de reducción de velocidad e implementar la tecnología mejorando la legislación para que se controle la velocidad a lo largo de las vialidades mediante cámaras que detecten la velocidad a la que circulan los vehículos y se apliquen sanciones que vayan desde la amonestación hasta la prohibición temporal y definitiva  del uso del vehículo.

Los distractores que se presentan al conducir son múltiples, pero destaca el uso del celular como uno de los principales causantes de siniestros viales.

La reforma al artículo 4º constitucional, aprobada el 18 de diciembre de 2020, establece que toda persona tiene derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad; la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, publicada el 17 de mayo de 2022, cuyo objeto es establecer las bases y principios para garantizar el derecho a la movilidad, tiene como uno de sus objetivos el sentar las bases para la política de movilidad y seguridad vial con un enfoque de sistema seguro (ESS), y prioriza el desplazamiento de las personas, particularmente de los grupos en condiciones de vulnerabilidad. Esta ley representa un gran paso en la legislación nacional, toda vez que establece, entre otros, que la planeación, el diseño e implementación de políticas públicas, planes y programas en materia de movilidad deberán favorecer siempre a la persona, los grupos en situación de vulnerabilidad y sus necesidades, garantizando su prioridad en el uso y disposición de las vías, de acuerdo con la jerarquía de la movilidad:

  • Peatones, personas con discapacidad y con movilidad limitada.
  • Ciclistas y usuarios de vehículos no motorizados.
  • Usuarios y prestadores de servicio de transporte público de pasajeros.
  • Prestadores de servicios de transporte y distribución de bienes y mercancías.
  • Usuarios de vehículos motorizados particulares.

Por su parte, el Plan Mundial del Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030, elaborado por la Organización Mundial de la Salud y las comisiones regionales de las Naciones Unidas, en cooperación con los asociados del Grupo de Colaboración de las Naciones Unidas para la Seguridad Vial y otras partes interesadas, hace un llamado a los gobiernos y asociados a aplicar un enfoque de sistema seguro, integrado por:

  • Transporte multimodal y planificación del uso de la tierra
  • Infraestructura vial segura
  • Vehículos seguros
  • Uso seguro de las vías de tránsito
  • Respuesta después de los siniestros

Las prácticas internacionales consideran que los proyectos deben realizarse con la premisa del ESS (véase figura 1), el cual parte del principio de que ninguna persona debe perder la vida o sufrir lesiones graves por causa de una colisión vial. El ESS establece que el ser humano comete errores y que su constitución física es frágil para tolerar las fuerzas de impacto por una colisión vial; además, se basa en una responsabilidad compartida del desempeño de la seguridad vial en la que todos los que participan en las diversas etapas –planeación, proyecto, construcción, mantenimiento, gestión o usos del sistema vial– deben asumir una responsabilidad por el desempeño de la seguridad vial, siempre buscando que los siniestros viales no cobren vidas humanas ni lesiones graves.

El escenario descrito hace necesario repensar el sistema vial (vehículo, infraestructura, carga, pasajeros) para las etapas de planeación, proyecto, construcción, conservación y operación.

Propuestas

Son diversas las líneas de trabajo que es preciso emprender. Entre ellas destacan: recursos humanos con formación en seguridad vial, pues se requiere ir formando a las nuevas generaciones no solo de profesionales, sino también a la sociedad en su conjunto para que todos contribuyamos a mejorar la convivencia en el sistema vial. Las dependencias de gobierno deberán contar con capital humano actualizado y capacitado, y poner a la seguridad vial en el centro de la atención al usuario; también las empresas prestadoras de servicios de ingeniería, proyectistas, supervisores, etcétera.

Es conveniente incluir la materia de seguridad vial en los planes de estudios de nivel de licenciatura en las carreras de Ingeniería Civil, Arquitectura, Urbanismo y Medicina.

La educación vial debe establecerse desde la educación preescolar, como un pilar importante de la formación.

Es necesario contar con datos del lugar de las colisiones viales de forma oportuna y precisa, con objeto de tener claridad para el análisis del siniestro y determinación de sus causas.

Los planes de crecimiento de las ciudades deberán establecer límites geográficos que eviten la mezcla de tránsito de largo itinerario, que se presenta principalmente en las carreteras federales, cuya vocación es el desplazamiento de personas, bienes y mercancías de largo itinerario, ya que la mezcla con el tránsito urbano impide una adecuada convivencia.

Otra línea de trabajo es incluir en los presupuestos los recursos económicos que faciliten las acciones para aplicar las contramedidas necesarias que favorezcan la seguridad vial.

En carreteras existentes que requieren una modernización y en las de nueva construcción, deberán realizarse los estudios de ingeniería de tránsito que permitan conocer los motivos de desplazamiento y los medios en los que se desplazan las personas y mercancías, así como cuantificar los volúmenes de tránsito, para con ello definir las características de la vía. Existen algunos tramos carreteros cuyo flujo vehicular se mueve de la zona urbana a la zona industrial y donde la demanda es alta, lo que resulta en un pobre nivel de servicio; si se pretende atender estos tramos ampliando carriles, no va a haber espacio suficiente para derecho de vía. Es necesario voltear hacia los sistemas de transporte masivo de pasajeros.

Es igualmente necesario establecer mecanismos de coordinación entre los tres niveles de gobierno para que en sus planes de desarrollo se establezca la reserva de espacios territoriales colindantes con las carreteras federales, de manera que en esa zona de reserva se creen las vialidades completas que se harán necesarias con el crecimiento de la población, localizando puntos estratégicos de distribución vehicular. Esto conlleva separar el tráfico de paso o largo itinerario del local para mejorar el nivel de servicio y las condiciones ambientales, al tiempo de abatir los siniestros viales.

Un proyecto de carretera debe considerar aspectos de carretera completa según las necesidades de la zona donde se desarrollará, además de aspectos de carretera perdonadora (cuyo diseño contribuya a reducir la gravedad del percance); es necesario que se realice una auditoría de seguridad vial al proyecto para detectar aquellos sitios o condiciones que puedan poner en riesgo el buen desempeño de la vía desde la óptica de la seguridad vial.

En materia de control de zonas de obra, es necesario establecer la forma en que se va a gestionar el tránsito durante las etapa de construcción o conservación. Es preciso conocer cuál es el nivel de servicio que la vía presta y cuál el que prestará durante los trabajos de construcción, esto es, hacer una evaluación económica que incluya los elementos tiempo-costo de la obra y definir el nivel de servicio que se dará.

Conclusiones

Los factores de riesgo no solo contribuyen a la ocurrencia de colisiones viales, sino que incrementan la severidad de estas. Es urgente implementar medidas para que los usuarios tengan un adecuado comportamiento al estar dentro del sistema vial. En ese sentido, la tecnología, de la mano de la legislación, puede favorecer de manera importante la reducción de colisiones viales. Deben aplicarse sanciones económicas que se incrementen según la reincidencia de violación al reglamento de tránsito, desde la amonestación escrita hasta el retiro de la licencia de conducir, de manera temporal o permanente. Esto deberá ir acompañado de una campaña nacional de seguridad vial. Desde luego, para ello se requiere tiempo, recursos económicos y una serie de ajustes a leyes y reglamentos de tránsito; sin embargo, urge emprender acciones para evitar la pérdida de vidas humanas.

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