19 junio, 2024 6:25 pm

Problemática urbana por falta de planeación

Las alcaldías de la Ciudad de México y los municipios del país deben velar por los ecosistemas, implementar la economía circular, crear sus propios reglamentos en los que se atienda el fenómeno del cambio climático, planear los asentamientos irregulares y realizar estudios de factibilidad del agua. Todo ello, entre otras medidas, contribuiría a evitar los costos de una mala planeación. La premisa debe ser que la planeación no es un gasto, sino una inversión.

Hablo de la ciudad que todos soñamos y que cambia sin cesar mientras

la soñamos, la ciudad que despierta cada cien años y se mira en el espejo

de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa a dormir.

Octavio Paz. Fragmento del poema “Hablo de la ciudad”.

Jorge Javier Jiménez Alcaraz Coordinador del Comité de Desarrollo Urbano y Turismo del Colegio de Ingenieros Civiles de México.

La mala planeación de la infraestructura y el desarrollo urbano tiene inevitables consecuencias que terminan afectando negativamente a la economía de las urbes y el bienestar de sus habitantes. Como evidencia de ello, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentó en fechas recientes una encuesta comparativa de los meses de marzo a junio de 2022 sobre los problemas más importantes en las ciudades, que son temas vinculados a la ingeniería (véase figura 1).

Los resultados de dicha encuesta muestran que se han acrecentado diversos problemas en las ciudades, como los baches en calles y avenidas; fallas en el suministro de agua potable; insuficiencia de alumbrado público; embotellamientos en calles y avenidas; deficiencia del transporte público; fallas en la red pública de drenaje; carencia de tratamiento de aguas residuales y delincuencia.

Los principales problemas se registran en el estado de calles y avenidas, al haber pasado los baches del 76.6% en marzo al 78.1% en junio, lo que representa un incremento del 1.5% (véase figura 2); también se registraron aumentos de 8.1% en las fallas y fugas en el suministro de agua potable; de 4.4% en los embotellamientos en calles y avenidas; de 6.7% en las deficiencias en la red de drenaje (véase figura 3), y de 6.6% en la falta de tratamiento de aguas residuales, entre otros.

Se podría pensar que son obras menores o que no revisten mucha importancia, pero representan un servicio directo a la población, y ello les imprime gran relevancia: el problema de la inseguridad, por ejemplo, se encuentra ligado directamente a las deficiencias de alumbrado público.

Son tan importantes estos temas, que en la conferencia del 10 de octubre, el Presidente de la República mostró una gráfica de estadísticas y un video de máquinas bacheadoras, con objeto de que los gobiernos locales atiendan dicha situación en sus ciudades, con la recomendación de que no cedan ante el contratismo que erosiona sus finanzas.

El problema del financiamiento

En este punto, es necesario reflexionar acerca del mantenimiento de los espacios públicos en las zonas urbanas, una de cuyas actividades es el bacheo. No resulta nada atractivo para los políticos, que prefieren invertir el presupuesto en grandes obras nuevas, susceptibles de reconocimientos y cortes de listón, que les reditúan votos, en lugar de hacerlo en obras como mejoramiento de vías urbanas o alumbrado de parques, calles y avenidas, para beneficio de la población.

La problemática descrita es sin duda consecuencia de una pésima planeación de la infraestructura urbana –que incluye el mantenimiento preventivo y correctivo– así como de la falta de presupuesto público para desarrollarla. Todo esto propicia deterioro en la atención al beneficio social e impactos negativos en las economías regionales y estatales.

Como ejemplo de lo anterior, en el presupuesto de 2017 se destinó el 14% del gasto nacional de fondos federales para movilidad, el 6% a infraestructura peatonal, el 7% para espacio público, el 3% para infraestructura ciclista y el 70% a infraestructura para automotores.

El presupuesto público asignado en 2022 a la infraestructura –que incluye su desarrollo y mantenimiento– es solo el 2.6% del producto interno bruto, lo que resulta, a todas luces, insuficiente. Por ello es importante que para 2023 se incremente el presupuesto asignado a este rubro en al menos un 10 por ciento.

Resulta de la mayor importancia prestar atención al hecho de que muchas ciudades del país están en quiebra técnica y por ello deben buscar alternativas de financiamiento; así, en la planeación de algunas de las vialidades consideradas como primarias es necesario que se contemple la generación alternativa de recursos. Ello permitiría brindar un servicio integral que fortalezca el desplazamiento peatonal, del ciclismo y del transporte automotor.

En este contexto, es muy importante lograr el resurgimiento del Fondo Metropolitano, así como resulta necesario que el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social –que tuvo más de 90 mil millones de pesos este año– y el de Aportaciones Múltiples –con cerca de 14 mil millones– se conviertan en elementos para la instrumentación de políticas públicas que atiendan las carencias descritas (véase figura 4).

El Fondo Metropolitano, impulsado por el Colegio de Ingenieros Civiles de México en 2006, surgió de la necesidad de otorgar recursos a programas y proyectos de infraestructura que confirmen ser viables y sustentables, orientados a promover una adecuada planeación del desarrollo regional, urbano, del transporte público y de la movilidad motorizada. También en ese año se logró realizar el primer estudio origen-destino de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

Los programas y proyectos de infraestructura derivados de los recursos federales del Fondo Metropolitano fueron resultado de la planeación del desarrollo regional y urbano, así como de los demás programas de ordenamiento de los asentamientos humanos en el territorio ya establecidos.

Además de lo anterior, es recomendable la capacitación y certificación a funcionarios de las áreas de desarrollo urbano y obras públicas de los municipios, mediante un sistema de evaluación continua de buenas prácticas, para que puedan aplicar adecuadamente los recursos públicos.

El turismo y la planeación urbana

No debe perderse de vista que el turismo es una importante fuente generadora de empleos y de divisas para México; por tal motivo, es preciso fortalecerlo a través del cuidado de la infraestructura urbana: si las calles por donde transitan los turistas están en malas condiciones y oscuras, además de correrse un riesgo importante, simplemente no regresarán.

De acuerdo con estadísticas presentadas por el Inegi el 26 de septiembre de 2022, en el año 2021 ingresaron a México 55.3 millones de turistas, 8.2% más que en 2020 y 43.2% menos que en 2019 (año en el que ingresaron 97.4 millones de visitantes).

En 2020, el turismo aportó 6.7 de cada 100 pesos producidos por la economía nacional. Para el primer trimestre de 2020, el PIB turístico presentó un crecimiento de 21.8% en cifras originales.

En 2021, el gasto total que realizaron los turistas internacionales en su visita a México fue de 19,765.4 millones de dólares. Lo anterior representa 79.8% más que 2020 y 19.6% menos que lo registrado en 2019 (véase figura 5).

Con el propósito de apoyar y robustecer la actividad turística, el gobierno federal está preparando un plan de fortalecimiento de la infraestructura carretera, en el cual se invertirán 17,969 millones de pesos. Uno de los objetivos de este plan es reducir la elevada incidencia de siniestros viales que se presentan en algunos puntos de riesgo. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) identifica 10,488 puntos en los 40,562 km de red federal libre de peaje.

Para cumplir el objetivo de disminuir estos siniestros, se realizarán acciones como el mejoramiento de entronques y alineamientos horizontales; ampliaciones de las secciones transversales; modificación de sobreelevaciones y ampliaciones de curvas; construcción de pasos peatonales a desnivel; instalación de semáforos, rampas de frenado y mejoramiento de la superficie de rodamiento, y rehabilitación de retornos.

Además, la Secretaría de Turismo federal también participará con la creación de un mapa de riesgos de fenómenos naturales, como huracanes, inundaciones, sismos, sequías, mar de fondo, sargazo y cambios en la dinámica costera, con objeto de adoptar las decisiones técnicas adecuadas en cuanto a mitigación de riesgos y, con ello, generar certidumbre respecto a la seguridad y mantenimiento de la infraestructura turística.

Los sobrecostos de la mala planeación

En los estudios de preinversión, plan maestro y proyecto ejecutivo de las obras de infraestructura se han dado casos de errores u omisiones debidos a una mala o nula planeación, que se traslada a la etapa de ejecución, en donde toda adecuación tiene un sobrecosto.

La planeación de la infraestructura turística requiere detectar zonas de riesgo y la sostenibilidad de las construcciones, ajustar los proyectos al reglamento de construcción, la creación de nuevas figuras, como el perito en desarrollo ambiental, y el uso de material permeable.

Las alcaldías de la Ciudad de México y los municipios del país deben convertirse en guardianes de los ecosistemas, implementar la economía circular, crear sus propios reglamentos en los que se atienda el fenómeno del cambio climático, planear los asentamientos irregulares y realizar estudios de factibilidad del agua.

Todo esto, entre otras medidas, contribuiría a evitar los costos de una mala planeación, que en la práctica se traduce en una problemática urbana que afecta también los servicios turísticos –especialmente a las llamadas “ciudades mágicas”–. La premisa que debe tenerse presente es que la planeación no es un gasto: es una inversión.

Compartir en:

DESTACADOS

OPERACIÓN

Desafíos y logros de la gestión del agua en la capital En aras de garantizar que todos los habitantes de la Ciudad de México tengan

Leer más »