19 junio, 2024 5:57 pm

Los ingenieros requerimos una dosis de innovación

Sergio M. Alcocer Martínez de Castro Ingeniero civil y doctor en Ingeniería. Investigador y ex director del II UNAM. Fue director de Investigación del Cenapred, subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico de la Sener y subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte.


La ingeniería civil tiene una enorme responsabilidad con la sociedad; es, en ese sentido, una profesión social que tiene un profundo impacto –para bien y para mal, según se practique– en la sociedad, en el medio ambiente, en la economía, en la seguridad de las personas. Por ello me parece muy trascendente el trabajo que hacen los ingenieros civiles. Esa, considero, debe ser parte de la mística que tenemos que seguir transmitiendo a los jóvenes estudiantes: convencerlos de que tienen una responsabilidad con la sociedad.

En México, la decisión de hacer una carrera profesional la tomamos en la preparatoria –comienza respondiendo Sergio Alcocer Martínez de Castro a nuestra consulta–. En esa época yo tenía la inquietud de estudiar economía o ingeniería civil. Ambas carreras, me parecía, tenían un impacto importante para el país.”

Sergio Alcocer cursó la preparatoria durante el periodo 1978-1981. En aquellos momentos de dificultades económicas para el país, se hablaba mucho de la economía, de manera que era un tema que aun entre jóvenes preparatorianos con poca experiencia, pero con inquietud, llamaba la atención. Por otro lado, estaba la ingeniería civil. Finalmente se decidió por esta carrera, tras haber conversado con varios ingenieros que le hicieron ver el impacto que tiene su labor en el bienestar de la sociedad.

“Me gustaba hacer cosas. Pienso que una de las grandes virtudes que tiene la ingeniería es que permite, con conocimiento, con experiencia adquirida, hacer cosas, resolver problemas utilizando los conocimientos científicos.

”Cuando ves el trabajo de un ingeniero civil, que se expresa quizá en la obra más impresionante de la profesión, que es una presa, pero que también se ve en estructuras más modestas pero relevantes para la vida cotidiana, como un edificio de departamentos, una vivienda, te das cuenta de la gran amplitud que tiene, del campo tan extenso de la participación del ingeniero civil. Es por ello que me decidí a estudiar ingeniería civil.”

Quisimos saber quiénes fueron los ingenieros que influyeron en su decisión, y responde: “Uno de quienes me marcaron por su visión muy centrada de la ingeniería civil es Gabriel Moreno Pecero, en aquel momento jefe de la División de Educación Continua en la Facultad de Ingeniería de la UNAM.”

Sergio Alcocer nos dice que durante su carrera universitaria tuvo el privilegio de contar con muy buenos maestros. “Destaco al ingeniero Óscar de Buen López Heredia, quien me dio clases de estructuras; a Julio Damy, quien fue mi director de tesis de licenciatura, un estupendo maestro; Jorge Ávila, investigador en el Instituto de Ingeniería; Manuel García Flores, también investigador del instituto, que me dio la clase de hidráulica 2; los ingenieros Jorge Cabezut Boo y Víctor Cachoua en construcción… todos muy buenos profesores, muy preparados, disciplinados y organizados.

Se refirió a ingenieros que poseen una visión preponderantemente social, política, integral del papel de la ingeniería civil, un enfoque que no se restringe a los temas técnicos y científicos. Por ello le pedimos su opinión sobre ese perfil de la ingeniería que parece haberse perdido en las más recientes décadas.

“Yo creo que la ingeniería civil es una de las profesiones más humanistas; aunque la medicina es quizá la profesión más claramente humanista por razones obvias, en nuestro caso, si bien nos perciben como profesionales eminentemente técnicos, más relacionados con las matemáticas, la física, y poco cercanos a las necesidades de las personas, al final la razón de ser del ingeniero civil es la sociedad: lograr que los edificios no se caigan durante un temblor, llevar agua potable a las poblaciones alejadas, construir caminos para comunicar al país… y así podemos dar una gran cantidad de ejemplos. La ingeniería civil tiene una enorme responsabilidad con la sociedad; es, en ese sentido, una profesión social que tiene un profundo impacto –para bien y para mal, según se practique– en la sociedad, en el medio ambiente, en la economía, en la seguridad de las personas. Por ello me parece muy trascendente el trabajo que hacen los ingenieros civiles. Esa, considero, debe ser parte de la mística que tenemos que seguir transmitiendo a los jóvenes estudiantes de ingeniería civil: convencerlos de que tienen una responsabilidad con la sociedad.”

En su experiencia de los tiempos recientes, al menos después de los sismos de 2017, Sergio Alcocer manifiesta haber visto una vocación social en los jóvenes que se incorporan a las labores de apoyo, de levantamiento de daños en los edificios y su rehabilitación. A pesar de esta vocación de servir a la sociedad, no parece haber una correlación con la participación de ingenieros civiles en los espacios de gobierno donde se toman decisiones sobre asuntos de su incumbencia. Sobre esto, nuestro interlocutor afirma: “México no es el único país que adolece de ausencia de ingenieros en las cúpulas donde se toman decisiones; es un problema que he escuchado de colegas en Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón. Efectivamente, destaca en sentido contrario China; no todos son ingenieros civiles, algunos son ingenieros químicos, como su propio presidente Xi Jinping, pero lo interesante detrás de todo esto es la formación que tienen para resolver problemas, identificarlos, caracterizarlos, desmenuzar los aspectos más importantes que los determinan y, con base en soluciones técnicas robustas, plantear escenarios o soluciones. Seguramente algunas de ellas requerirán cierta corrección, alguna modificación con el tiempo, pero como parte de un planteamiento serio, formal, para la solución de los problemas.”

A los ingenieros se les relegó a temas eminentemente técnicos e ingenieriles: el diseño de un pavimento, de una estructura. Y me parece que sí debemos tener un papel más protagónico; no se trata de sólo reclamar una posición, el punto está en generar capacidades al interior del gremio para comunicarse en un lenguaje no únicamente técnico ingenieril. Necesitamos aprender del diseño, implantación, evaluación y seguimiento de políticas públicas.

 

Sobre la inserción política de los ingenieros, Sergio Alcocer destaca que se puede hacer política sin ser funcionario público, dos facetas distintas que pueden o no coincidir. Considera que sí hay una razón por la cual los ingenieros han dejado de participar en el gobierno. Tiene que ver con que el ingeniero mexicano no se fue actualizando en el lenguaje económico y político que se requiere para evaluar proyectos, tomar decisiones e implantar política pública, al menos en los gobiernos en los que predominaban las decisiones de tipo económico. Al no tener ese conocimiento profundo, serio, robusto en materia económica, otras profesiones que sí las habían desarrollado –obviamente los economistas, los licenciados en administración– empezaron a tomar lugares en la toma de decisiones que tradicionalmente eran de los ingenieros.

Se refiere concretamente a los principios de la década de 1980, con la presidencia de Miguel de la Madrid. “Entonces a los ingenieros se les relegó a temas eminentemente técnicos e ingenieriles –apunta Sergio Alcocer–: el diseño de un pavimento, de una estructura. Y me parece que sí debemos tener un papel más protagónico; no se trata de sólo reclamar una posición, el punto está en generar capacidades al interior del gremio para comunicarse en un lenguaje no únicamente técnico ingenieril, sino también político, económico, relacionado con el derecho. Esto implica que la formación del ingeniero se fortalezca en temas de carácter social, económico y legal. Necesitamos aprender del diseño, implantación, evaluación y seguimiento de políticas públicas.”

Consultado sobre la participación de los ingenieros civiles en puestos políticos como legisladores, nos dice: “Deberíamos promover que efectivamente los haya, que participen más. Insisto: implica que estos profesionistas tengan la capacidad de comunicarse con los otros en un lenguaje que va más allá del lenguaje técnico; que sepan, formalmente, de política pública.”

Una de las pocas excepciones recientes a la regla de la no participación política en posiciones de primeros niveles de gobierno es la del propio Sergio Alcocer, primero en la Subsecretaría de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico, en el sexenio de Felipe Calderón, y luego en la Subsecretaría para América del Norte en la Secretaría de Relaciones Exteriores, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Sobre esta experiencia que puede ser referencia para las actuales y nuevas generaciones de ingenieros, comenta: “Fui invitado, en ambas ocasiones, por mi perfil técnico. En la primera, porque existía el interés de mejorar la planeación energética, con una visión de más de 20 años, promover una coordinación en el sector en la materia, así como aprovechar los recientes fondos institucionales para desarrollar capacidades humanas y de investigación. Tuve la oportunidad de diseñar los Centros Mexicanos de Innovación en Energía, establecer un sistema de becas para el sector, así como promover la inclusión de energías renovables consistente con la planeación de largo plazo. En la Cancillería, era urgente (como lo es ahora) cambiar los temas sobre los que giraba nuestra relación con Estados Unidos, incluyendo ahora la cooperación educativa y científica, la innovación, la energía, la infraestructura, la frontera y su desarrollo sustentable y equilibrado, entre otros. Mi experiencia en la UNAM, como director del Instituto de Ingeniería y secretario general, fue clave para lograr acuerdos y consensos con las partes interesadas, primero en el país, y luego con EUA para hacer avanzar nuestros intereses frente a ellos en todos los temas, incluyendo la migración y la seguridad. Mi formación como ingeniero civil me ayudó para diseñar e implantar un plan estratégico a partir de un diagnóstico de los problemas, la definición de soluciones y su aplicación con su evaluación.”

El desarrollo de una obra de ingeniería, desde la más pequeña hasta la más trascendente, implica un proceso con ciertas etapas que deben cumplirse en determinado orden para garantizar la calidad y concreción en tiempo, costo y forma. La experiencia señala que esto muy pocas veces se cumple en el caso de la infraestructura pública, generalmente por la presión de las autoridades de gobierno para atender tiempos político-electorales. Al respecto le pedimos a Sergio Alcocer una reflexión.

No basta reunirse periódicamente para abordar temas si no se logra una incidencia efectiva en la toma de decisiones de las autoridades. No debemos esperar que nos llamen; nosotros debemos desarrollar actividades que obliguen, a quienes toman decisiones, a tomarlas de la mano de nosotros. Nuestras instituciones gremiales responden a lo inmediato, a lo urgente. No reflexionan en el mediano plazo, en lo importante.

“La solución –nos responde– debe ser integral y sistémica, no pueden ser soluciones aisladas. Para el caso de una obra hay que hacer un análisis completo del ciclo, de cuáles son los pasos, dónde se han anunciado las fallas, cuáles son las correcciones que tenemos que hacer al proceso integral. Sabemos que al no tener una planeación adecuada se desarrolla la obra prácticamente sin proyecto, o el proyecto se desarrolla simultáneamente a la obra, al punto en que a veces la obra termina antes que el propio proyecto. Esto nos lleva a que el costo de la obra se incremente, y esos costos traen a su vez aparejada una serie de sobrecostos que no habría, o serían mucho menores, si se hubiese hecho la planeación.

”Debemos tener una planeación, con la participación tanto del sector privado como del público, en escala estatal y en la federal y local. No se trata de crear un instituto de planeación, lo cual no resolvería el problema. Se requiere crear un sistema completo de planeación que empiece por la concepción de un proyecto con justificación social, cultural y económica, preferentemente las tres alineadas, que permitan tener un proceso formal de planeación; de esta forma, lo que se invierte en tiempo y dinero es un porcentaje pequeño, de 3 a 4% del costo en total, que va a tener un impacto enorme al final del proyecto. El instituto de planeación sería una parte del sistema.”

Para Sergio Alcocer, el sistema de planeación tiene que incluir la formación de recursos humanos, porque se deben alinear las aptitudes, capacidades y competencias de los recursos humanos para que si en cinco años, por ejemplo, se piensa iniciar un gran proyecto, se cuente con la gente preparada para ello. “Desde el Colegio de Ingenieros Civiles de México y la Academia de Ingeniería –destaca nuestro entrevistado– hemos insistido en la importancia de la planeación.”

No considera Sergio Alcocer que se justifique una secretaría de Estado para el sistema de planeación. Para él es mucho más pragmático el que funcione desde la Secretaría de Hacienda con reglas muy claras, que permitan a esa dependencia coordinar a las diferentes secretarías.

Tuve la oportunidad de diseñar los Centros Mexicanos de Innovación en Energía, establecer un sistema de becas para el sector, así como promover la inclusión de energías renovables consistente con la planeación de largo plazo. En la Cancillería, era urgente (como lo es ahora) cambiar los temas sobre los que giraba nuestra relación con Estados Unidos, incluyendo ahora la cooperación educativa y científica, la innovación, la energía, la infraestructura, la frontera y su desarrollo sustentable y equilibrado, entre otros.

“El sistema de planeación debe estar adscrito a una entidad gubernamental, en mi opinión a la Secretaría de Hacienda porque es la que administra el dinero, la que puede planear el uso de los recursos con una visión integral. Ese sistema debe atender el punto de vista de todos con una metodología formal, de preferencia social y económica, que permita priorizar los proyectos en los cuales se puede invertir. Hay que escuchar al sector privado, porque es el que está en condiciones de invertir para complementar el recurso público que nunca alcanza.”

Consultado sobre la relación entre los ingenieros civiles especializados en estructuras, como él, y aquéllos en geotecnia, nos comenta: “Es una relación que debe mejorar, que debe ser más fluida, de mayor confianza. En el ámbito laboral, quienes trabajan en el diseño de infraestructura tienen una relación con el estructurista y con el geotecnista; sin embargo, es una relación –digamos– cliente-proveedor, sin que realmente haya una discusión más profunda de los temas que por razones obvias tienen en común. Esto lo vemos claramente expresado en las normas de diseño de la Ciudad de México, por ejemplo. Por un lado está la Norma de Cimentaciones, muy enfocada en la resistencia y deformabilidad del suelo –incluso con sus asegunes dentro del grupo de los geotecnistas–. Por otro lado está el ámbito estructural, y los ingenieros estructurales que usan el resto de las normas, incluso las de cimentaciones, a menudo sin tomar en cuenta al propio ingeniero geotécnico. Las diversas soluciones, en ocasiones muy distintas, han generado desconfianza entre las disciplinas. No debe servir de consuelo, pero esto no sólo sucede en México.

”El gran reto que tenemos los especialistas de ambas disciplinas es acercarnos más, conocer los puntos de vista del otro sobre la problemática de la edificación y de la infraestructura, y buscar con trabajo conjunto la solución.”

Antes de finalizar el diálogo, le pedimos a Sergio Alcocer que se explayara sobre los asuntos no abordados durante la entrevista, o sobre aquellos que considerara oportuno tratar con mayor detalle.

“Es importante señalar la necesidad de que la ingeniería civil se mantenga en constante evolución y en actualización tecnológica. Todos sabemos de la inteligencia artificial, del uso de los grandes datos, en fin, de todas las nuevas tecnologías que no son tan nuevas; sin embargo, curiosamente poco se utiliza en el ámbito profesional.

Se requiere crear un sistema completo de planeación que comience por la concepción de un proyecto con justificación social, cultural y económica, preferentemente las tres alineadas, que permitan tener un proceso formal de planeación; de esta forma, lo que se invierte en tiempo y dinero es un porcentaje pequeño, de 3 a 4% del costo en total, que va a tener un impacto enorme al final del proyecto. El instituto de planeación sería una parte del sistema.

”Requerimos una dosis de innovación en la carrera de ingeniería civil. Considero que pasa mucho por una actitud distinta en las escuelas de ingeniería, que siguen viendo de manera muy tradicional la formación del ingeniero civil: hacen pequeños ajustes de unas horas aquí, unas horas acá, pero no es un tema de horas, sino de visión, de política académica incorporada en la formación. Incluye el restablecimiento de política de formación de los empresarios para con sus empleados. Ese me parece es un tema crucial que debemos abordar de manera urgente en el gremio.

”Por otro lado, está la necesidad de los organismos gremiales de repensarse, para ser relevantes en la discusión de los temas del desarrollo del país. No basta reunirse periódicamente para abordar temas si no se logra una incidencia efectiva en la toma de decisiones de las autoridades. No debemos esperar que nos llamen; nosotros debemos desarrollar actividades que obliguen, a quienes toman decisiones, a tomarlas de la mano de nosotros. Nuestras instituciones gremiales responden a lo inmediato, a lo urgente. No reflexionan en el mediano plazo, en lo importante. Jaime Parada y yo lo implantamos en la Academia de Ingeniería; debemos retomarlo. Además, debemos quitarle a nuestras organizaciones gremiales su interés por el ‘contratismo’.

”Un gran ejemplo lo da la Sociedad Estadounidense de Ingeniería Civil, que tiene cerca de 180 mil socios en EUA y fuera de ese país. No se preocupa por organizar cada tanto tiempo una conferencia; no organiza encuentros de uno u otro comité. Desarrolla documentos que sirven de referencia para los tomadores de decisiones en materias que incumben a la ingeniería civil. Han desarrollado un sistema de calificación de la calidad de la infraestructura de Estados Unidos, un documento del que está pendiente la autoridad. Ese es el tipo de trabajo. Hacia allá tenemos que trabajar, generar conocimiento que se vuelva referente para los tomadores de decisiones.”

 

Entrevista de Daniel N. Moser

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