21 mayo, 2024 1:02 am

Eulalio: luces y sombras

Sé que hoy muchos ingenieros, maestros y doctores hablarán de Eulalio Juárez Badillo el ingeniero, el doctor y el científico, de sus grandes logros y legados a la ciencia.

Bertha Elena Juárez Rodríguez

Es frecuente que al honrar la memoria de personas que han dejado legados importantes enaltezcamos solo ciertas características y fortalezas que construyen al personaje y dejemos de lado otras muchas, omitiendo así la memoria del ser humano.

Es por ello que hoy, en mi calidad de hija mayor, quiero compartir tres grupos de vivencias y aprendizajes, con sus luces y sus sombras, que viví con mi papá, Eulalio, que ayudan a construir la memoria del ser humano en su integralidad y que pueden aportar a nuestra sociedad actual.

Eulalio: un apasionado maestro disruptivo

Como matemático y amante de los números, mi padre nos ponía, a sus tres hijas y a su hijo, desde muy pequeños, acertijos numéricos y premiaba a quien primero los resolviera, estimulando así el gusto por los números y el desarrollo de la mente lógica, racional y analítica. A mis 8 años me dijo: “Las tablas de multiplicar jamás se memorizan, las tablas se calculan”, y así lo hice.

Eulalio solía llevar a sus conferencias en universidades una bicicleta y una cuerda que amarraba a uno de los pedales. Luego, pedía a un voluntario que pasara al frente para jalar la cuerda hacia atrás, después de preguntar al auditorio hacia dónde se movería la bicicleta cuando el voluntario jalara la cuerda, para luego demostrarles su respuesta equivocada. Esto lo hacía para mostrar cómo muchas veces nuestras suposiciones y nuestra mente se equivocan, y la importancia de la observación, el análisis y la reflexión. También llevaba una hoja pintada con un color diferente de cada lado, pedía a dos estudiantes que se colocaran frente a cada cara y les preguntaba de qué color era la hoja, para demostrar, así, que no hay una verdad absoluta, porque depende de la cara desde la cual se mire.

Lo mismo enseñaba con la anécdota de cuatro ciegos frente a un elefante: a uno se le da la cola, a otro la trompa, a otro una oreja y a otro una pata, y se les pide que describan cómo es el elefante; luego preguntaba quién de ellos tenía la descripción verdadera y total del elefante.

Si estas prácticas se incorporan en las escuelas a todos los niveles, si se estimula la capacidad de comprender, analizar, razonar y pensar por sí mismos, en vez de la memorización y la imposición de verdades absolutas, tendremos una sociedad más tolerante, que aprecie y valore la diversidad, y capaz de afrontar los problemas más profundos que como humanidad hoy atravesamos.

Eulalio: un hombre desapegado y generoso

Quienes conocimos a Eulalio constatamos que lo suyo nunca fue ni el lujo ni las marcas, y que nunca tuvo apego al dinero. Él relataba que en 1965 un exalumno suyo le dijo: “Profesor, ya empecé una empresa y quiero pedirle que me permita ponerle Juárez Badillo y Compañía; usted no tiene que hacer nada más que asesorarme cuando haga falta, nosotros hacemos el trabajo y con eso somos socios y usted es dueño de la mitad de la empresa”. Hoy esa es una de las más grandes empresas en mecánica de suelos y ha hecho mucho dinero, pero él no aceptó porque nunca le importó el dinero: su prioridad fue el conocimiento y la sabiduría desde una perspectiva científica y filosófica.

Eulalio siempre fue un hombre ahorrativo, pero a la vez desprendido y generoso con lo importante. Siguiendo la tradición materna, apoyó económicamente los estudios de tres sobrinos y tres nietos, y hace 10 años, cuando vendió su casa de Coyoacán, él y su esposa Bertha Elena decidieron destinar el 12% de lo que obtuvieron por la venta de su casa para comprar y regalarle una casa a la cocinera que había trabajado con ellos durante casi 30 años. Al llegar a vivir a Cuernavaca y conocer las pésimas condiciones en que vivía su nueva cocinera con su familia, él compró un terreno y le construyó una casita para rentársela por un monto pequeño, y más tarde, cuando ya no pudo seguir trabajando con ellos por COVID, esa casita se le regaló.

Sabemos que en nuestra sociedad actual el éxito se mide por la cantidad de dinero acumulado; por ello cada día hay mayores riquezas acumuladas en menor número de personas, con lo que aumenta la desigualdad económica y se causa que la brecha entre individuos ricos y pobres sea cada día mayor, así como la brecha de oportunidades para unos y para otros. Si analizamos los mayores problemas que vivimos hoy a nivel mundial –guerras, crimen organizado, trata de personas, tráfico de armas, secuestros, narcotráfico y corrupción– vemos que en la base de todos estos males está la búsqueda de acumulación de dinero, y con ello de poder.

Es por esto que el testimonio de vida de Eulalio es un importante legado para cambiar ese paradigma de búsqueda de acumulación de riqueza material, porque solo mediante el desapego y la generosidad podremos afrontar y superar los más graves problemas que hoy vivimos, y lograremos así construir una sociedad más humana donde todas las personas, y no solo quienes tenemos privilegios, podamos vivir con dignidad y plenitud.

Eulalio: sus luces y sombras y su intensa búsqueda interior

Hablar de Eulalio es también hablar de extremos, de una búsqueda profunda en la ciencia, con base en una tremenda disciplina y esfuerzos extraordinarios, que dieron como frutos los logros que hoy son mencionados, reconocidos y honrados.

Pero hubo también otra búsqueda personal, sedienta de encontrar paz interna… una sed muy profunda, generada por una historia personal sumamente dolorosa y atormentada, que dejó desde su infancia y juventud vacíos emocionales abismales, heridas inimaginables para quienes no han transitado los caminos del desamor, el rechazo y las violencias.

Su búsqueda lo llevó a la ciencia, un anhelo insaciable por encontrar la verdad, como vía e intento de encontrar el camino para salir de su propia prisión emocional y existencial.

Encuentros, hallazgos, descubrimientos… de la ciencia ¿acaso de sí mismo?

La luz de la ciencia, del saber sobre lo externo, y a la vez en lo interno, el reencuentro permanente con sus fantasmas y heridas del pasado y acaso del presente, que al no ser verdaderamente trabajados y sanados son una y otra vez reproducidos.

Eulalio: la luz, la brillantez, y a la vez las sombras internas más profundas.

Ese retrato de Eulalio humano es el que hoy nombro y comparto con ustedes para honrar la verdad y una memoria completa, porque solo la memoria colectivizada se puede transformar en aprendizaje colectivo.

Porque creo que hoy más que nunca, como humanidad, necesitamos tomar conciencia del principio fundamental de la psicología transgeneracional: “El que no repara, repite”; de manera que todo aquello que no sanemos de nuestras heridas lo transmitimos a las siguientes generaciones, como huella en la humanidad.

Hoy nombro y honro al ser humano Eulalio, padre y hombre, en su totalidad, porque la humanidad, nuestro mundo de hoy que se cae a pedazos en abismos de desigualdad, injusticias y violencias, no necesita, no necesitamos más memorias escindidas de superhéroes inalcanzables.

Necesitamos testimonios de vida completos, que den cuenta de las búsquedas humanas más profundas, con sus alcances y sus derivas, en los que podamos mirarnos, reconocernos como en espejo para encontrar pistas sobre nuestra propia verdad: sobre nuestras más profundas sombras –que necesitamos trabajar para no dañarnos a nosotros mismos ni dañar a otros y a otras–, y también sobre nuestras luces y potencialidades, que podemos usar en favor nuestro y en favor de otros y otras.

Creo con firmeza que solo como seres integrados, desde un trabajo interno genuino, podremos hacer verdaderos aportes para una mejor humanidad que necesitamos urgentemente, y esto es también parte del legado que yo recojo de la vida de Eulalio, el cual me empuja y anima a hacer lo que está a mi alcance para la construcción de un pedacito de mundo más justo y solidario

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