4 marzo, 2024 9:38 am

El impacto del huracán Otis  y los ingenieros civiles

El 25 de octubre de 2023, el huracán Otis impactó cerca de Acapulco, Guerrero, habiendo alcanzado la categoría 5. Este fenómeno, el decimoquinto ciclón tropical del océano Pacífico en la temporada 2023, tuvo dimensiones compactas y gran capacidad destructiva. Este ha sido el más fuerte huracán en tocar tierra en el estado de Guerrero; superó en magnitud al ciclón Patricia, que ostentaba ese récord. El Colegio de Ingenieros Civiles de México hace un primer análisis y ofrece algunas recomendaciones.

Jorge Serra Moreno Presidente del CICM.

Felipe I. Arreguín Cortés Vicepresidente del CICM.

La amenaza constante y creciente de huracanes (debida al cambio climático) representa un desafío significativo para las ciudades costeras, como es el caso de Acapulco, Coyuca de Benítez y algunos municipios vecinos de Guerrero, donde la combinación de fuerzas naturales y la poca resiliencia crea un escenario propenso a impactos devastadores. En este contexto, es imperativo comprender los efectos que los ciclones tropicales pueden tener sobre estas regiones vulnerables, considerando las repercusiones inmediatas y las consecuencias a mediano y largo plazo.

Desde la destrucción de la infraestructura y la alteración de ecosistemas costeros y la organización social, ante la intensidad de los huracanes nacen interrogantes cruciales sobre la resiliencia urbana, la gestión del riesgo y la necesidad imperante de medidas de adaptación efectivas. En este artículo se analizan algunos impactos que los huracanes –como Otis– pueden tener sobre las ciudades costeras, en particular la región de Acapulco y Coyuca de Benítez, y se hacen algunas recomendaciones para mitigar los daños y construir comunidades cada vez más resilientes frente a la incesante amenaza climática.

El fenómeno

Otis surgió como una zona de baja presión al sur del Golfo de Tehuantepec. Los pronósticos iniciales consideraban que su desarrollo sería el de una tormenta tropical de menor grado; sin embargo, su intensificación fue explosiva: alcanzó velocidades máximas de viento de 182.88 km/h y rachas de 329.76 km/h al tocar tierra (SMN, 202⭐⭐⭐; figura 1).

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (CNH, 2023) anunció el 15 de octubre de 2023 la probabilidad de formación de un área de baja presión al sur de Guatemala y El Salvador hacia mediados de esa semana. El 18 de octubre se extendió a un sistema de baja presión al sur del Golfo de Tehuantepec y generó perturbaciones eléctricas desorganizadas. Este sistema se convirtió en una depresión tropical el 22 de octubre. Seis horas después, la depresión se fortaleció y se convirtió en la tormenta tropical Otis, mostrando mejoras en su estructura.

El 24 de octubre Otis aumentó su actividad convectiva y por la noche ya había adquirido la categoría 3.

Ese mismo día, el CNH clasificó a Otis como un huracán de categoría 5, tras un aumento significativo en su intensidad en las últimas 24 horas. A las 00:25 h del 25 de octubre impactó cerca de Acapulco como el primer huracán del Pacífico en tocar tierra con categoría 5.

Los pronósticos

La explosividad del fenómeno fue inesperada; las proyecciones del CNH 24 horas antes del impacto sugerían una intensidad máxima de 110 km/h, pero 9:35 horas antes de su incidencia sobre Acapulco se pronosticaba como categoría 4 (figura 2), y 6:35 h antes de tocar tierra ya se indicaba que podía alcanzar la categoría 5 (figura 3).

La trayectoria prevista inicialmente no indicaba que Otis impactaría en el sur de México; las proyecciones del CNH subestimaron la intensidad y el momento del impacto. Este error se atribuyó a varios factores: falta de datos; no se cuenta en esa región con un radar con tecnología Doppler que permita dar seguimiento a un fenómeno de estas dimensiones; las simulaciones de los modelos matemáticos fallaron, y la intensificación explosiva de ciclones es poco conocida.

El impacto del huracán Otis

Después de su ingreso a tierra, la fuerza del huracán disminuyó rápidamente y desapareció al día siguiente. Sin embargo, los impactos sobre la región de Acapulco y municipios vecinos fueron de gran magnitud. En las figuras 4 y 5 se muestran imágenes de satélites de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, sus siglas en inglés) antes y después del impacto del ciclón; allí pueden notarse, en la ampliación del área café, los efectos de Otis.

A la fecha de la elaboración de esta nota no se cuenta con datos concretos de los daños provocados por el huracán. El 2 de noviembre se emitió la Declaratoria de Desastre en 47 municipios de Guerrero, que parecería consistente con lo mostrado en la figura 5, pero un día después se ajustó a solo dos: Acapulco y Coyuca de Benítez.

El impacto de Otis al ingresar cerca de Acapulco afectó a viviendas, negocios y hoteles (figura 6); a la infraestructura eléctrica, de abastecimiento de agua potable, de telecomunicaciones, carreteras y vialidades, algunas de estas últimas debido a los deslizamientos de tierra (figura 7). El Aeropuerto Internacional de Acapulco también fue afectado; la torre de control y el edificio terminal presentaron daños que fueron reparados oportunamente, lo que permitió la operación de este a los pocos días; un número indeterminado de embarcaciones también sufrió el impacto del huracán.

La industria hotelera, fundamental para la población de Acapulco por ser la principal fuente de ingresos y de generación de empleos, reporta que cerca del 80% de los poco más de 250 hoteles existentes también sufrió algún grado de afectación (figura 8).

La información oficial al 23 de noviembre de 2023 es de 50 muertos y un número indeterminado de desaparecidos; la afectación de 274,000 viviendas, 47,627 negocios y 1,224 escuelas, 202 de ellas con daño menor, 420 con deterioro moderado y 363 con impacto severo; ocho unidades médicas con daño fuerte, ocho con destrozos moderados y 110 con deterioros menores. Se ha informado que fueron recuperadas 325 embarcaciones en Acapulco y 21 en Puerto Marqués.

Costo de los daños

A la fecha no es posible hablar del monto de los daños ocasionados por el ciclón, y menos del tiempo de la reconstrucción. Existen varias estimaciones sobre ello: en el periódico El Financiero se estima el costo de los daños en 270,000 millones de pesos; el modelador de desastres de Enki Research los considera entre 10,000 y 15,000 millones de dólares; y el Consejo Coordinador Empresarial los calcula en 16,000 millones de dólares.

Por su parte, el Comité de Convenios de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas estima que dicha cantidad será inferior a 2,675 millones de dólares, y la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros estimó que el costo de indemnizaciones rondará los 1,172 millones de dólares. Es importante señalar que estas dos últimas cantidades se refieren únicamente a la infraestructura asegurada, dato poco representativo pues el aseguramiento es costumbre poco arraigada en México. Existen varias estimaciones más en este sentido. Sin embargo, para tener un cálculo más o menos certero es necesario realizar una evaluación detallada de lo sucedido.

Los recursos para atender la reconstrucción provienen de diversas fuentes: apoyos gubernamentales, recursos presupuestales y bono catastrófico para infraestructura de agua potable, alcantarillado y saneamiento; carreteras y vialidades urbanas; energía eléctrica; suministro de gasolina; hospitales, escuelas, oficinas de gobierno, mercados, albergues y vivienda de interés social. De seguros, créditos y participación privada para hoteles, restaurantes, naves industriales, locales comerciales y vivienda de interés medio y de lujo.

La reconstrucción y la resiliencia ante un futuro amenazante por el cambio climático

Los esfuerzos para reconstruir Acapulco y Coyuca de Benítez por parte del Gobierno Federal, la población de esa región, la iniciativa privada y diversas organizaciones son indudables; se notan los avances. Sin embargo, en todo este proceso debería privar la filosofía de agregar resiliencia a toda la región.

De acuerdo con los informes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, es probable que estos fenómenos sean cada vez más frecuentes e intensos, y el riesgo es que se reconstruya la infraestructura en las condiciones en que estaba, es decir, sin agregar resistencia adicional para enfrentar esos posibles fenómenos –esto es la resiliencia.

Basten algunas preguntas: ¿deberán reconstruirse los edificios altos como estaban, con las mismas fachadas, con los mismos materiales de los muros interiores, con los mismos cristales? ¿Los negocios pequeños deberán tener el mismo tipo de techumbres, los mismos soportes de sus anuncios? ¿Las viviendas deberán ser reconstruidas en las zonas de inundación o dentro de los cauces, si es que así estaban construidas? ¿Se revisarán los reglamentos de construcción y las velocidades del viento permitidas, los planes de ordenamiento territorial, municipal o de desarrollo? ¿Deberá mejorarse la preparación de la sociedad para enfrentar estas situaciones?

En este sentido, el Colegio de Ingenieros Civiles de México considera que es necesario revisar de inmediato las estructuras afectadas para determinar si requieren refuerzo estructural, adecuaciones o remodelaciones –de acuerdo con la normativa actual de la Ciudad de México– y revisar las memorias, planos, bitácoras y la construcción de la infraestructura dañada, por parte de profesionales certificados, y determinar edificaciones que requerirían análisis en un túnel de viento, por su forma geométrica o su ubicación.

Elaborar o mejorar los programas de mantenimiento de la infraestructura considerando las características propias de las regiones costeras, como la corrosión.

Además, se estima necesario analizar los reglamentos de construcción de las zonas afectadas, examinar las normas de diseño, cálculo y construcción de fachadas; analizar si es conveniente equiparar las Normas Técnicas Complementarias con las de la Ciudad de México; y corregir la ley y reglamento de desarrollo urbano vigente para que ya no se permita la construcción en zonas de alto riesgo, como son los cauces de ríos, zonas de deslizamientos o susceptibles de inundaciones.

Conjuntar en un documento único todos los aspectos relevantes del impacto del fenómeno, que sirva de memoria para preparar a la sociedad, a los ingenieros, a los estudiantes, a los responsables de elaborar normas y reglamentos y a las autoridades, para que en el futuro las ciudades puedan resistir mejor los impactos de estos fenómenos.

Ese expediente debería incluir, por ejemplo: evaluaciones de daños a infraestructura turística, habitacional y de servicios; revisión de sistemas eléctricos, de agua potable y alcantarillado, telecomunicaciones, servicios esenciales afectados por el huracán y de la calidad de los materiales de construcción; análisis de patrones climáticos, de la información meteorológica, pronósticos y comunicaciones de emergencia; revisión de vulnerabilidades preexistentes; estudio de las regulaciones actuales; análisis de posibles impactos ambientales del huracán, por ejemplo el riesgo de que los árboles caídos, materiales de construcción y basura se conviertan en obstáculos para el flujo de los cauces naturales; también existe el riesgo de que se presenten incendios forestales por la vegetación afectada por los vientos, que se secará y será material sumamente inflamable, y en el mediano y largo plazo puede ponerse en riesgo la biodiversidad de los ecosistemas locales. Con toda esta información, se deberán proponer medidas de mitigación para fortalecer la resiliencia de la infraestructura, el medio ambiente y la sociedad ante futuros eventos climáticos similares, basadas en los hallazgos del estudio, así como propuestas para elaborar planes de ordenamiento territorial, de desarrollo municipal y de prevención, reglamentos y normas técnicas, y el atlas de riesgo correspondiente.

Finalmente, se considera que es necesario crear grupos de trabajo que analicen la rápida intensidad de huracanes y el empleo de tecnología de la cuarta revolución industrial.

Conclusiones y recomendaciones

El proceso de reconstrucción de Acapulco y Coyuca de Benítez avanza y es importante considerar las siguientes recomendaciones:

  • Elaborar un reglamento emergente de reconstrucción.
  • Revisar de inmediato las estructuras afectadas para determinar si requieren refuerzo estructural, adecuaciones o remodelaciones, de acuerdo con la normativa actual de la Ciudad de México, a cargo de profesionales certificados.
  • Implementar un plan de desecho ecológico de basura y desperdicios producto de la catástrofe –estimados en un volumen de 400,000 toneladas– que incluya la disposición de árboles caídos, materiales de construcción y basura en lugares donde no se conviertan en obstáculos para el flujo natural del agua en la región, obstruyan el paso de personas o afecten su salud.
  • Establecer medidas preventivas para el control de posibles incendios forestales en los próximos meses, y en el mediano y largo plazo establecer medidas de remediación de los ecosistemas afectados.
  • Analizar el reglamento de construcción al menos por los efectos de la velocidad del viento.
  • Examinar, y en su caso mejorar, los programas de ordenamiento territorial, de desarrollo estatal y municipal, y de protección civil de la región.
  • Revisar o establecer programas de mantenimiento en la infraestructura costera, considerando la corrosión, resultado directo de la exposición constante a la humedad, de puentes, edificios, infraestructura urbana y otros elementos críticos de la infraestructura costera.
  • Crear una memoria de este desastre para aprender de él hacia eventos futuros.
  • Proveer resiliencia a la infraestructura y a la sociedad de Acapulco mediante una planificación urbana sostenible, el establecimiento de sistemas de alerta temprana, el mejoramiento de la infraestructura para resistir fenómenos similares o mayores a Otis, la elaboración de planes de evacuación eficaces, el fomento a la participación comunitaria y la promoción de prácticas sostenibles que ayuden a preservar a los ecosistemas naturales que sirvan como barreras naturales contra ciclones.
  • Llevar a cabo una significativa mejora en el Servicio Meteorológico Nacional, centrando sus esfuerzos en la ampliación y modernización de la red de radares, especialmente aquellos ubicados en las costas mexicanas. Este fortalecimiento debe estar alineado con las Guías generales para la predicción inmediata, de la Organización Meteorológica Mundial (Schmid et al., 2019).
  • Aplicar los programas de monitoreo de las redes hidrológicas, hidrométricas, meteorológicas y de toda la infraestructura de la región.
  • Crear grupos de trabajo especializados con el objetivo de mejorar los pronósticos y la gestión de emergencias en el contexto de huracanes de rápida intensificación, y el empleo de tecnologías como los drones para el seguimiento de los ciclones tropicales

Referencias

Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, NASA (noviembre, 2023). ciencia.nasa.gov/ciencias-terrestres/acapulco-despues-del-huracan-otis

Centro Nacional de Huracanes, CNH (noviembre 2023). https://www.nhc.noaa.gov

Servicio Mareográfico Nacional, SMN (noviembre, 2023). mareográfico

@igeofisica.unam.mx

Schmid, F., Y. Wang y A. Harou (2019). Guías generales para la predicción inmediata. Resumen. Boletín de la Organización Meteorológica Mundial 68(2).

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