21 mayo, 2024 1:34 am

Desafíos para la Conagua

Blanca Jiménez Cisneros Ingeniera ambiental con maestría en Control de la contaminación, doctorado y posdoctorado en Tratamiento de agua residual y reúso. Directora general de la Comisión Nacional del Agua. Ha recibido 26 distinciones y 22 premios nacionales e internacionales.


Algunos temas que se propone abordar el organismo encargado del agua en México son difundir su quehacer, atender el rezago administrativo y la infraestructura, garantizar el derecho humano al agua, tener en cuenta a las comunidades rurales dispersas y hacer frente, con medidas de fondo, a los efectos de los fenómenos meteorológicos y de la pandemia; asimismo, hacer eficiente y ejecutiva la operación con organismos operadores estatales y municipales, con las instituciones que los agrupan y con organismos comunitarios, y llevar a cabo un proceso de ajuste institucional.

 

IC: Hay muchos temas relevantes, algunos urgentes, en el ámbito de incumbencia de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). ¿Cuáles son las prioridades que usted se ha planteado?

Blanca Jiménez Cisneros (BJC): Una prioridad es definir muy claramente las funciones de la Conagua, acercarla mucho más a la gente, porque hay un desconocimiento importante en buena parte de la ciudadanía. Estoy muy orgullosa de que la Conagua, entre todas dependencias del gobierno federal, sea una de las más transparentes frente a la sociedad. Toda su información está en línea.

Otra prioridad es ordenar el rezago administrativo. En esta administración se han recibido 45,608 expedientes para su atención y se han resuelto 59,695, lo que representa un porcentaje de atención del 138%. Al inicio del presente gobierno había 132,790 expedientes rezagados de otras administraciones, cuya atención está en proceso. Estamos avanzando a buen paso con un sistema en línea que nos permite agilizarlos. La capacitación del personal y los usuarios es otro factor positivo: abatimos en 10% el rezago administrativo histórico y estamos al día con los trámites de nuestra gestión.

IC: ¿Qué retos está enfrentando?

BJC: Atender el derecho humano al agua garantizando 100 litros por habitante por día. El reto es hacer efectivos nuestros programas de apoyo a municipios y estados. Se modificó un punto esencial: antes la Conagua ponía 50% del recurso económico y los estados 50%; ahora, por decisión presidencial, la Conagua puede aportar hasta el 100% para comunidades marginadas.

Otro desafío es resolver los servicios de agua y saneamiento en comunidades rurales dispersas, lo cual es mucho más complicado que en las zonas urbanas, donde existen instalaciones y los habitantes están agrupados en cercanía. Estamos por primera vez atendiendo a muchos poblados mexicanos muy pequeños.

 

IC: Otro asunto que resulta relevante parece ser el de las obras de infraestructura construidas, pero sin operar, ¿verdad?

BJC: Efectivamente. En particular, es el caso de las plantas de tratamiento construidas con aporte del gobierno federal por medio de la Conagua, que luego los municipios no operan por falta de recursos y por los altos costos que les representa el suministro de energía eléctrica. Estamos pagando la operación de muchas plantas de tratamiento en tales circunstancias.

 

IC: La protección a la población frente a fenómenos meteorológicos debe ser otro asunto prioritario, estimo.

BJC: Sí. Hay mucho desconocimiento de la población respecto de este tema y de cómo comportarse frente a dichos fenómenos. Aunque no se difunde ampliamente en los medios de comunicación, es muy importante la labor de la Conagua en esta materia, y la población lo reconoce y agradece; me ha tocado comprobarlo.

 

IC: El mantenimiento y operación de la infraestructura hidráulica es también otro reto.

BJC: Sin duda. Preocupa que al mantenimiento regular de la infraestructura haya que sumarle la reposición de elementos por el vandalismo.

 

IC: Usted sigue al frente de la Conagua, pero se han cambiado todos los subdirectores. ¿Qué nos puede decir sobre el sentido de estos cambios de personal en la segunda línea de la Conagua?

BJC: Los estoy conociendo. Me parece que la Conagua puede muy bien destacar, siempre y cuando se mantenga en el ámbito técnico; ésa puede ser su fortaleza.

 

IC: Aunque no en todos los países se actúa de la misma forma, las políticas decididas en escala global para enfrentar la pandemia por Covid-19 vinieron a trastocar la realidad del planeta. ¿Cuál es su evaluación de las acciones aplicadas en México en el sector hídrico?

BJC: Muy positiva. La Conagua destacó en el ámbito internacional, porque muy rápido se organizó con el propósito de atender la pandemia. En primer lugar, se establecieron prioridades respecto de a quiénes atender en qué orden; luego se establecieron protocolos y procedimientos claros, específicos, para no dejar nada librado al azar.

Otro aspecto importante es la coordinación con los organismos que junto con la Conagua tienen responsabilidad en los servicios de agua y saneamiento –organismos estatales y municipales e instituciones que los agrupan–. Se hizo una evaluación para distribuir responsabilidades en la emergencia, y a la Conagua le toca atender a las comunidades rurales y a los hospitales (en coordinación con la Secretaría de Salud), así como  apoyar a los organismos operadores para desinfectar el agua y llevar un reporte detallado de la evolución de las acciones en el ámbito nacional.

Mejoramos la desinfección en 31 estados y contribuimos a que más de 20 millones de personas recibieran el agua con el suficiente nivel de cloración. Atendimos a cerca de 800 mil personas en zonas vulnerables, les llevamos el agua desinfectada y estamos monitoreando este asunto todo el tiempo.

La atención extraordinaria por la pandemia no impide que sigamos atendiendo presas, problemas por inundaciones y sequías, además de nuestras ocupaciones permanentes.

 

IC: Participó usted hace poco en la reunión anual de la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento (ANEAS). ¿Cuál es la relación de la Conagua con la ANEAS y con las empresas que la integran –y que, como se sabe, tienen serios problemas de recursos económicos para operar, fundamentalmente por los precios de la energía y las tarifas que no alcanzan a cubrir los costos de operación–, así como con las organizaciones sociales que se involucran en el tema hídrico?

BJC: Trabajamos con los organismos operadores tratando de fortalecerlos; también reconocemos a los organismos comunitarios que no forman parte de la ANEAS, y, por instrucción del presidente de la República, entregamos dinero directamente a los organismos comunitarios que operan sus sistemas. También trabajamos atendiendo los distritos de riego, donde se requiere mucha más transparencia.

 

IC: ¿En qué proporción los sistemas son operados por organismos comunitarios y por los organismos operadores convencionales?

BJC: Los organismos operadores se encargan de un 80% del volumen de agua.

 

IC: Acaba de darse a conocer una iniciativa de ley para el sector. ¿Qué conoce de eso y qué opinión tiene?

BJC: Son cuatro las iniciativas con base en las cuales se presentó ésta. No opinaré de los aspectos político-partidistas, aunque sí debo resaltar que la indicación del presidente es que el Estado recupere la rectoría del agua, para hacer una distribución justa y equitativa de ella, poniendo por encima del rédito económico el rédito social.

 

IC: ¿Cómo fue el cierre del ciclo 35 del Tratado de Aguas Internacionales con Estados Unidos?

BJC: Comenzó el 3 de diciembre de 2019; desde entonces se empezó a negociar y no avanzábamos. Se inició trabajando con los gobernadores; el presidente trató de negociar e incluso en estos días mencionó que un proceso de negociación tiene más valor, aunque se invierta más tiempo en negociar.

Fue un proceso muy tortuoso, con mucha desinformación, pues todo mundo habla, sepa o no. Una de las cosas que se decía es que la Conagua, en el ciclo 34, no había utilizado el agua de las presas internacionales para cumplir el tratado. Efectivamente, había agua suficiente en las presas internacionales, pero no se podía utilizar porque el tratado no lo permite. En el primer ciclo debe utilizarse agua de los tributarios; éstos son los criterios y así se hace. Para el segundo ciclo, sólo en caso de que se haya cerrado el primero con un adeudo, el Tratado de Aguas de 1944 establece la posibilidad de que puedan utilizarse las presas internacionales y cambiarse los porcentajes para poder dar cumplimiento a los compromisos de entrega.

Un aspecto que considero que muy frecuentemente no se comprende es que no es un asunto de pagar agua, de “yo te debo y me pagas”; es un asunto de dividir el agua de un río compartido por dos naciones.

IC: El acta 325 se ve como algo muy positivo, pero ¿cuáles son sus alcances y qué opinión tiene de estos alcances?

BJC: Tiene que haber un proceso. La entrega de agua de México a Estados Unidos se realiza durante un periodo de meses, para los cuales existe un pronóstico de lluvia que puede cumplirse total o parcialmente, o no cumplirse. Cuando se tuvo el primer pronóstico de lluvia y se hacían ya las entregas de agua comprometidas, nos íbamos a quedar con menos de 7 millones de metros cúbicos en las presas internacionales, algo que no debemos permitir, pues implica no dar agua a 13 ciudades fronterizas de México. Por ello se planteó el acta 325; en ella se establece que nuestro país concluyó el ciclo 35 utilizando una porción de las aguas de su propiedad almacenada en las presas internacionales La Amistad y Falcón. El agua para las 13 ciudades fronterizas que se abastecen de estos embalses está asegurada, y se acordó con Estados Unidos que, si el almacenamiento mexicano es insuficiente para garantizar su derecho humano al agua, esa nación permitirá a México el uso temporal de sus volúmenes.

El otro tema importante es lograr un mecanismo para evitar que se repita esta situación; por ejemplo, haciendo entregas parciales de agua a Estados Unidos y educando, generando conciencia para que la población esté enterada de que el agua en territorio mexicano no pertenece a un municipio o estado, sino que es un recurso patrimonio de la nación.

 

IC: ¿Qué se está haciendo respecto a esto, especialmente a partir de la experiencia con el caso Chihuahua, y cuáles enseñanzas dejó éste?

BJC: La enseñanza principal es que el agua no debe ser un punto de conflicto. Lejos de quienes presagian que las guerras del futuro serán por el agua, yo considero que el recurso hídrico nos debe unir para trabajar de manera conjunta y ordenada por algo que es vital para todos.

En adelante debe privilegiarse el diálogo y la información técnica, no política, para atender los temas del Tratado de 1944, pero también muchos otros que son de muy alta complejidad técnica y que requieren un diálogo constructivo para asegurarle a la población su pleno acceso al derecho humano al agua establecido en la Constitución.

 

IC: Un asunto de seria preocupación es el de las recurrentes e históricas inundaciones en el sureste del país, particularmente severas en 2020. ¿Qué plantea la Conagua, tanto para atender esta emergencia como para, con visión de mediano y largo plazo, intentar resolverlo de manera definitiva, si tal cosa fuera posible?

BJC: El territorio de Tabasco es una planicie inundable en su mayor parte. La lluvia que provoca las inundaciones ocurre en diferentes regiones. Los datos históricos de lluvia en la región revelan que en 2020 hubo lluvias que superan los volúmenes habituales. En ocasiones llueve en Villahermosa; a veces llueve en las cuencas de las presas que atienden los ríos del sureste, incluso de Guatemala. Llueve en uno u otro lugar, y en ocasiones, como ahora en 2020, en varios lugares al mismo tiempo.

Paralelamente, hacia finales de 2020, los efectos de cinco ciclones tropicales y seis frentes fríos en la planicie de Tabasco provocaron lluvias con volúmenes superiores a los registrados en los últimos 30 años, mientras que el río Usumacinta alcanzó niveles no observados desde hace más de 70 años.

En los últimos dos años, se han llevado a cabo trabajos de operación y mantenimiento que permitieron que las nueve escotaduras y los bordos sobre los ríos de la sierra y Grijalva operaran adecuadamente para evitar afectaciones mayores a Villahermosa. Para eso, en 2019, a través de la Conagua, se invirtieron 228.7 millones de pesos (mdp), contra únicamente 19.32 mdp destinados a ello en 2018. En 2020 se ejercieron al menos 158.84 mdp, principalmente en el dragado de tramos de los ríos de la sierra y González, así como en la protección de los márgenes derecho e izquierdo del río Samaria y en diversos estudios y servicios relacionados con la obra pública.

 

IC: No pocos sostienen que el problema fundamental ahí es que no debió haberse fundado una ciudad en territorio con predisposición natural a inundarse regularmente.

BJC: Efectivamente, es una zona que debió desarrollarse de otra forma. Desde mi punto de vista, la infraestructura debió respetar la naturaleza. Pretender rectificar el cauce de un río no es la mejor solución; incluso en la mayoría de los casos no es solución y, por el contrario, provoca consecuencias negativas. Faltó planeación territorial, y falta controlar la deforestación.

 

IC: ¿Cuáles son a su juicio las causas de fondo de la problemática que enfrenta el sureste, y en particular Villahermosa?

BJC: Creo que la falta de un reordenamiento territorial e hidráulico apropiado es el asunto principal, y no únicamente con obras de ingeniería.

 

IC: ¿La solución pasa más por cuestiones que no tienen que ver con las obras de infraestructura hidráulica, sino con el ordenamiento territorial, la reforestación, el acostumbrarse a convivir con el agua?

BJC: Se requiere una visión integral que atienda diferentes fenómenos con un manejo conjunto que considere la infraestructura, pero también –entre otros muchos recursos– la educación, para que los habitantes comprendan a cabalidad dónde viven y qué se debe hacer para convivir con el agua.

 

IC: ¿Quiénes están participando en la búsqueda de estas soluciones?

BJC: Las secretarías de Energía; de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; de Bienestar Social; de la Defensa Nacional, y de Marina, así como Protección Civil y el programa Sembrando Vidas.

 

IC: ¿Y ya están trabajando en eso? El presidente planteó la necesidad de una nueva política de operación de las presas, que tiene que ver con el agua y  con la energía eléctrica.

BJC: Se está trabajando en ello; cada vez es más claro que ese programa tiene muchos componentes, entre ellos las necesidades inmediatas de la gente afectada por las inundaciones; es una cuestión integral que involucra a muchos sectores del gobierno y también a la sociedad.

Ejemplo de ello es el decreto publicado en diciembre pasado en el Diario Oficial de la Federación, donde se establece que el despacho de energía de las grandes presas del río Grijalva deberá garantizar que la evolución de los niveles de los embalses al final de la temporada de estiaje se hallen por debajo de las curvas guías establecidas por la Conagua, con un almacenamiento mínimo que permita, en caso de un fenómeno natural perturbador, una operación segura de las presas sin derrame de excedentes; la vigencia se extiende a la temporada de lluvias de la región, y esto es aplicable a los embalses de las presas La Angostura y Malpaso.

 

IC: El escurrimiento medio del sistema Cutzamala es del orden de 24 a 25 metros cúbicos por segundo. Cuando se construyó el sistema de abastecimiento de agua, se consideró transvasar al Valle de México 19 m3/s y toda la infraestructura fue construida para abastecer esos 19 m3/s. Sin embargo, los registros que se tienen a partir del año 1991 indican que en promedio sólo se han abastecido 14.32 m3/s. ¿Por qué no se ha podido abastecer el caudal completo al Valle de México?

BJC: El sistema Cutzamala aprovechó la infraestructura del sistema hidroeléctrico Miguel Alemán, el cual ya contaba con las presas Villa Victoria, Valle de Bravo, Tuxpan, El Bosque, Colorines e Ixtapan del Oro. El balance medio anual de escurrimiento se calculó considerando las aguas superficiales de cada una de las subcuencas de las presas mencionadas, y se aplicó un coeficiente de escurrimiento a los valores de precipitación pluvial y a los manantiales registrados.

De este análisis, se obtuvo un caudal del orden de 24.9 m3/s, el cual se vio afectado por los caudales de otros usos, como el agrícola y el de abrevadero, pérdidas en la cortina de la presa El Bosque y evaporación en los embalses. Con ello se estableció que el sistema dispondría de 19 m3/s para el suministro al Valle de México y a la ciudad de Toluca.

Sin embargo, las cuencas de las presas del sistema Cutzamala han registrado cambios importantes en la cobertura forestal y en los valores de las precipitaciones, por lo cual los escurrimientos han variado significativamente. Estudios realizados por la Dirección Técnica del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México registraron que actualmente el sistema sólo tiene capacidad de 16.2 m3/s.

Con base en lo anterior, actualmente los organismos operadores tienen en conjunto un caudal de 14.7 m3/s. El Sacmex 9.0 y el CAEM, a través de los municipios, 5.7 m3/s.

La entrega promedio del periodo 1991-2020 fue de 14.46 m3/s. Eso incluye los años de sequía 2006 y 2008, los cuales provocaron que durante 2009 el suministro disminuyera hasta a 12.6 m3/s.

 

IC: ¿Extraña su trabajo como directora de la División de Ciencias del Agua y secretaria del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, en París?

BJC: En ocasiones sí, pero generalmente no, porque aquí estoy comprometida con mi país. Me digo: “¡Qué bueno que adquirí conocimientos en la Unesco que ahora puedo aplicar desde la Conagua!”. Estoy donde quiero estar, con la satisfacción de contribuir a un nuevo proyecto de país. A mí no me asusta cambiar de trabajo: he andado como chapulín en muchos lados, siempre con mi base en la UNAM. He tenido oportunidad de estar en muchos lugares, y en cada uno de ellos me propongo dar lo mejor de mí.

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