4 marzo, 2024 1:40 pm

Crisis energética en Europa, origen y perspectivas

Europa vive una crisis energética que se ha venido agravando hasta convertirse en global. Trátese de petróleo, gas natural, carbón o electricidad, los precios de la energía han aumentado. Módulos solares, torres eólicas y baterías son también presa de la volatilidad (Wood Mackenzie, 2022). Entre enero de 2021 y agosto de 2022, el precio del gas natural en el viejo continente se multiplicó por 5 y el de la electricidad por 10, con picos que alcanzaron niveles inimaginables. En septiembre las cotizaciones se desplomaron, y en octubre descendieron a niveles anteriores al conflicto bélico. Es una calma engañosa. El invierno toca a la puerta sin el gas de Rusia, al que la Unión Europea renunció sin aquilatar adecuadamente el impacto negativo sobre la población. ¿Qué originó la crisis? ¿Cuáles son las perspectivas?

Víctor Rodríguez Padilla Doctor en Economía de la Energía. Profesor de la UNAM. Miembro del Comité Ejecutivo del Programa Nacional Estratégico de Transición Energética del Conacyt. Premio de Investigación Económica Jesús Silva Herzog. Consultor de organismos internacionales.

La crisis energética en Europa presenta dos etapas bien definidas: en la primera, la causa central se encuentra en el desbalance del mercado de gas natural; en la segunda, el factor central es el conflicto con Rusia. En ambas etapas el gas está en el centro de la problemática: Europa se volvió adicta a él, no sólo como reemplazo del petróleo y el carbón en el contexto de las políticas climáticas, sino también como sustituto de la energía nuclear.

Las vicisitudes europeas iniciaron en el tercer trimestre de 2021 por efecto combinado de factores diversos (Pinheiro y Murillo, 2022). Al finalizar la temporada invernal, los inventarios resultaron exiguos por temperaturas más bajas de lo habitual, y no se repusieron a plenitud durante la primavera. El vórtice polar en Texas resultó en una reducción de los cargamentos de gas natural licuado (GNL), que suelen partir en ese periodo rumbo a Asia y Europa para satisfacer la demanda de calefacción. El problema se agravó durante la temporada de calor: la falta de viento y agua para generar electricidad fue compensada con gas, y se dejó para el invierno un suministro incierto.

Otro detonante de la crisis fue la vigorosa reactivación económica, al menguar la pandemia de COVID-19. El crecimiento impulsó la demanda global de energía sin que la oferta lograra seguirle el paso. El lustro de precios bajos (2015-2020) generó un déficit mundial de inversiones en la producción de energía, especialmente de petróleo y gas natural (Schramm, 2022).

Ese desbalance global tensionó el mercado europeo, que ya estaba bajo presión por los bajos inventarios, la demanda boyante y una oferta tambaleante por causas geopolíticas y estructurales. El flujo proveniente de Argelia estaba siendo afectado por la ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos, al igual que las entregas de Rusia por nuevos desencuentros con Ucrania.

La debilidad de la oferta no logró ser compensada con mayores importaciones de GNL; los embarques estaban siendo redirigidos hacia China, mercado con mejores precios y demanda insaciable y el principal país importador desde 2021 (Global LNG Hub).

Para colmo, las autoridades europeas retrasaban la autorización de entrada en funcionamiento del gasoducto Nord Stream 2, una nueva conexión con Rusia que duplicaría las entregas, pero profundizaría la dependencia. El 45% de las importaciones de gas ya provenía de ese país, y su participación en el consumo alcanzaba 40%. Un cuarto de la energía consumida por la UE –en la forma de petróleo, gas y carbón– procedía de Rusia.

Otro factor explicativo es el aumento en el precio de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En el verano de 2020, las autoridades europeas elevaron la meta de reducción de emisiones del 40 al 55% para lograrse en 2030. Esa mayor ambición climática catapultó el precio de las emisiones, el cual pasó de 30 a 80 euros la tonelada de CO2 equivalente, aumento que hizo menos atractiva la utilización de petróleo y carbón, y favoreció el consumo de gas, cuya combustión es más limpia, pero encareció su precio relativo.

Otro origen de la crisis también se encuentra en la política de transición energética de la UE, consistente en frenar decididamente la producción y consumo de combustibles fósiles e impulsar de manera vigorosa las energías renovables. En el marco de esa política, se prohibió el fracking y se programó el cierre de minas de carbón y campos de gas. A su vez, la energía nuclear fue perdiendo bases de apoyo. Alemania cerró 11 de sus 17 centrales tras el desastre de Fukushima: tres salieron del mercado a principios de 2022 y dos lo harían un año después. En 2018, Francia se comprometió a cerrar progresivamente un cuarto de su parque electronuclear. Al contraerse el abanico de opciones, el respaldo de las centrales eólicas y solares recayó en el gas. Esa política ambiental voluntarista acabó minando la seguridad energética (Shellenberger, 2022). Fueron desestimados los riesgos de una descarbonización y una desnuclearización acelerada (Almeida et al., 2021).

Como resultado de ese conjunto de factores, el precio del gas se disparó en el segundo semestre de 2021: de 18 euros por megawatt hora (€/MWh) pasó a 72 euros, con rachas alcistas que alcanzaron los 180 euros. La volatilidad del gas contagió al precio de la electricidad, por ser el combustible más utilizado en las centrales que los economistas llaman “marginales”, las últimas en ser despachadas para asegurar el equilibrio entre oferta y demanda, y las que a final de cuentas determinan el precio en el mercado eléctrico.

Al iniciar el año 2022, los analistas preveían precios moderados durante el segundo trimestre. Nadie imaginaba que un sismo geopolítico de enormes proporciones estaba a punto de ocurrir. Ese terremoto modificaría radicalmente los fundamentos del mercado y sumergiría a Europa en una compleja y peligrosa dinámica de la que no ha logrado salir.

El 24 de febrero Rusia invadió a Ucrania. El pánico, las sanciones económicas, el intercambio de amenazas cada vez más encendidas y la incertidumbre sobre el derrotero de los acontecimientos desestabilizaron los mercados. El petróleo crudo Brent rebasó la barrera de 100 dólares el 28 de febrero (véase figura 1); ocho días después se cotizaba en 123 dólares, el doble de la cotización de diciembre. En el mercado de futuros se observaron precios superiores a 200 dólares (Fernández, 2022).

El precio del gas para entrega en abril se vendió entre 235 y 285 €/MWh (véase figura 2), cuando un año antes costaba sólo 17 euros (5.4 dólares por millón de BTU).

La voluntad de eliminar las compras de gas ruso se estrelló contra la rigidez de la cadena de suministro y la escasez global del energético. Los gasoductos distintos de los que conectaban con Rusia estaban saturados, y construir nuevas tuberías llevaría años. La alternativa era la importación vía marítima, solución mucho más costosa que el gasoducto, que tampoco era inmediata: por un lado, las instalaciones en los países exportadores de GNL (Estados Unidos, Qatar, Australia…) trabajaban a máxima capacidad desde 2021, y la entrada en funcionamiento de nuevas instalaciones se daba a cuentagotas; además, la flota de barcos metaneros era escasa, y conseguir navíos disponibles no era una tarea fácil; de cualquier forma, Europa no tenía la suficiente capacidad de regasificación a la llegada de los embarques. Además, otros países también querían el combustible, en particular por las limitaciones en la generación hidroeléctrica derivadas de la sequía en el Hemisferio Norte.

El clímax llegó en agosto, al combinarse tres elementos: primero, una mayor demanda de gas para generar electricidad debido a las elevadas temperaturas de verano; segundo, menores compras a Rusia, y tercero, cortes parciales o totales en el suministro del gasoducto Nord Stream 1. En agosto, el precio del gas superó los 430 €/MWh, y el de la electricidad, los 400 €/MWh (véase figura 3). En los mercados francés y alemán, la electricidad llegó a cotizarse por encima de los 1,000 euros para entregas en 2023.

Después del clímax vino el desplome por menor demanda e inventarios elevados (AEF, 2022). La contracción de la demanda se explica por las medidas para reducir el consumo y un clima inusualmente cálido. Europa logró vencer las dificultades y reconstituir sus inventarios: el almacenamiento de gas en octubre alcanzó el 91%, nivel superior a la meta de 85% programada para finales de 2022 (Rangel, 2022). Las explosiones en los gasoductos Nord Stream 1 y 2 hacia finales de septiembre –confirmadas por Suecia como sabotajes– no detuvieron la tendencia declinante de las cotizaciones. El 1º de noviembre, el precio del gas en TTF –el mercado de referencia europeo similar a Henry Hub en Texas– se negociaba por debajo de 100 €/MWh; sin embargo, el precio del flete de GNL se mantenía elevado. Las diferencias de precios entre los mercados continentales –América, Europa y Asia– han desaparecido y se aplican precios igualmente elevados (véase figura 4).

Perspectivas

En toda Europa la industria se ha visto obligada a disminuir su producción, incluso a cerrar fábricas, debido al aumento de los precios de la energía y a la escasez de gas natural. Los costos de producción se han incrementado sensiblemente, sobre todo en industrias intensivas en calor y electricidad (vidrio, cemento, metal, papel, fertilizantes…). Las pequeñas y medianas empresas también han sido afectadas, incluyendo pequeños negocios como lavanderías y panaderías. La industria pierde competitividad y empleos. Europa está amenazada de desindustrialización. Si la crisis se prolonga, es probable que no pocas empresas europeas se trasladen a países donde la energía es más barata.

El ascenso meteórico del precio de la energía impacta el precio de los productos básicos y amplifica las presiones inflacionarias. Los hogares son castigados a pesar de las medidas tomadas por los gobiernos para amortiguar el aumento de precios. Los países europeos están dedicando un porcentaje del PIB que en promedio es del 1%, pero en España y Grecia llega a 4% y en Austria y Francia a 2%. Lo anterior no ha impedido la protesta social. Varias asociaciones industriales europeas afirman que las propuestas de la Comisión Europea para reducir los precios de la energía y ayudar a los hogares no son suficientes.

La crisis está lejos de haber terminado. Este invierno será complicado, lo mismo que los dos siguientes (WET, 2022). Europa se ha preparado para sobrevivir lo mejor posible, pero persiste la incertidumbre. La dependencia de Rusia no se ha eliminado completamente y no está excluido un corte total del suministro de carbón, petróleo y gas natural, que aún siguen llegando de ese país. Tampoco se descartan nuevos sabotajes, ya no en los ductos submarinos sino en los que conectan con Rusia vía Ucrania y Turquía. Las tensiones y la volatilidad continuarán en 2023 por la persistencia de la guerra, el aumento de las importaciones vía marítima, el repunte de la demanda global de gas y el lento crecimiento de la capacidad de producción de GNL (WET, 2022a).

Europa ha logrado reemplazar dos tercios del suministro de gas de Rusia en los ocho meses transcurridos desde que comenzó la guerra –inicialmente se pensaba que tomaría varios años–; se ha pactado suministro alterno con Estados Unidos, Noruega, Azerbaiyán, Argelia e Israel. De manera voluntaria, los países miembros de la UE han reducido su consumo en 15%, pero los racionamientos no están excluidos, sobre todo en la industria. Si se extiende el invierno o las temperaturas son más bajas de lo habitual, aumentará la presión. Cuando finalice el invierno y la demanda ceda podrían observarse menores cotizaciones.

Por el lado del petróleo, la OPEP y sus aliados están modulando la oferta para que el precio no descienda por debajo de los 100 dólares por barril. La Agencia Internacional de la Energía (AIE, 2022) estima que la demanda aumentará en 1.7 millones de barriles por día en 2023, lo cual significa que será necesario entre 80 y 90% del petróleo ruso para satisfacer la demanda mundial.

A mediano y largo plazo, dos elementos serán clave para entender las dinámicas del mercado energético europeo: las políticas climáticas y la geopolítica. A partir de 2023, el gas natural y la energía nuclear serán considerados en la UE como “energía verde”. Aunque las renovables son la apuesta principal, el gas natural y la energía nuclear se consideran indispensables para eliminar las emisiones de CO2 para 2050; de allí que la AIE considere que el consumo de gas seguirá creciendo en el futuro inmediato, aun en el escenario de neutralidad de carbono (WET, 2022b); paulatinamente será reemplazado por fuentes renovables por razones ambientales y ahora también de seguridad y soberanía energéticas.

Por otro lado, el futuro estará condicionado por la geopolítica. Europa no produce suficiente energía y requiere importar; el aumento en la producción de gas está descartado, por agotamiento geológico y los obstáculos al fracking (Gálvez, 2019). En esas condiciones, Europa continuará compitiendo con China por el GNL (Elorduy, 2022).

Conclusiones

La explicación simplista a la crisis energética en Europa consiste en culpar de todo al presidente Vladimir Putin. Es cierto que la crisis actual nunca habría alcanzado tales proporciones sin la guerra en Ucrania, pero la estrategia de Rusia es uno de tantos factores explicativos, sin duda uno de los más importantes pero no el único. La crisis es multifactorial y no sólo producto de la apuesta geopolítica del Kremlin.

Factores internos y externos desencadenaron la crisis. La UE no gestionó bien el equilibrio entre seguridad, asequibilidad y sostenibilidad durante la transición energética. La gestión de la crisis tampoco ha sido la más afortunada. La ausencia de una política energética común, así como la asimetría de facultades entre los países miembros y las autoridades europeas han contribuido a ese resultado. Llevará tiempo desarrollar la producción de energía renovable y nuclear, así como la infraestructura de ductos de importación y terminales de regasificación para reemplazar definitivamente al gas ruso. Europa quiere mantener su posición de liderazgo global en la transición energética y ese liderazgo pasa por el gas natural, al menos por un tiempo.

Una última reflexión: las implicaciones sobre nuestra esfera de actividad no son pocas. El conflicto bélico ha incrementado la presión sobre los costos de la construcción, ya de por sí alterados no solo por las afectaciones en las cadenas de suministro y el proceso inflacionario que acompaña la recuperación de la economía mundial, sino también por la crisis energética en China hacia el segundo semestre de 2021, la cual frenó la producción y elevó el precio del acero, el aluminio, el cemento, las cerámicas, el vidrio y otros materiales.  Los altos precios de la energía en Europa también han contribuido al encarecimiento por un doble efecto: el traslado del costo de la energía al precio final y el cierre parcial o temporal de fábricas por menor disponibilidad de gas o pérdida de rentabilidad.

En el ámbito de la infraestructura, solo a modo de ejemplo, en España los costos directos de construcción en la edificación residencial subieron un 23.5% en 2021 antes de la guerra. Hacia adelante se mantiene la incertidumbre, sin que se observen sólidos argumentos para fundamentar una perspectiva optimista

Referencias

Agencia Internacional de Energía, AIE (2022). World Energy Outlook. París.

Aleasoft Energy Forecasting, AEF (2022). El precio de la electricidad en Europa, entre los más bajos en varios meses por la caída del gas y una mayor producción eólica. El Periódico de la Energía, 27 de octubre.

Almeida, I., E. Krukowska y A. Shiryaevskaya (2021). Europe sleepwalked into an energy crisis that could last years. Bloomberg.

Elorduy, P. (2022). China firma un súper acuerdo gasístico con Qatar que pone en riesgo el tope europeo al precio. El Salto, 22 de noviembre.

Fernández, S. (2022). El Brent alcanza en mayo 200 dólares ante el temor de perder el crudo ruso. El Economista.

Gálvez, A. (2019). Las potencias europeas promueven el fracking fuera mientras lo prohíben dentro de sus fronteras. El Salto, 27 de septiembre.

Global LNG Hub (2021). China replaced Japan as world’s largest LNG importer in 1st half of 2021.

Pinheiro, L., y R. Murillo (2022). La crisis energética en Europa. Caixabank Research.

Rangel, C. (2022). La “máxima urgencia” de reducir la factura energética marca la agenda del Consejo Europeo. Huffpost, 20 de octubre.

Schramm, J. (2022). The European energy crisis explained. FinMasters.

Shellenberger, M. (2022). Finally, Bloomberg admits renewables mania caused energy shortages. Disponible en: https://michaelshellenberger.substack.com/p/finally-bloomberg-admits-renewables

World Energy Trends, WET (2022a). La crisis energética de Europa no será “una historia de un invierno”. 23 de septiembre 2022.

WET (2022b) AIE: El mundo se encuentra en su primera crisis energética verdaderamente global. 25 de octubre.

Wood Mackenzie (2022). EMEA power & renewables cost inflation trends Q3 2022. Cost Insight.

Compartir en:

DESTACADOS

ONU Agua 2023   

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2023 proporcionó una nueva visión de esperanza y cooperación al reunir a gobiernos, empresas, jóvenes, mujeres,

Leer más »

El agua en la COP28

La edición 28 de la Conferencia de las Partes, que tendrá lugar en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, es una reunión controversial y, para algunos,

Leer más »