21 mayo, 2024 12:15 am

Acciones urgentes ante la crisis

Toda el agua de la que dispone México proviene de las lluvias; puede llover mucho, regular o poco y de eso depende la disponibilidad natural. En época de sequías como la que actualmente estamos experimentando, la disponibilidad se reduce en forma muy importante, pero las demandas para todos los usos crecen.

El agua que llueve escurre superficialmente o se infiltra al subsuelo; este último es un almacenamiento natural; la que no se infiltra escurre por los ríos y se va al mar, a no ser que se disponga de presas de almacenamiento.

Durante la época de la Colonia se construyeron cientos de pequeñas presas, principalmente para riego, vinculadas con el sistema hacendario. El abastecimiento de agua potable de las ciudades dependía fundamentalmente de manantiales.

A finales del siglo XIX se inventaron las máquinas de vapor y un poco después los motores eléctricos que se aplicaron al bombeo de agua potable, con lo cual el abastecimiento de las ciudades y una parte del agrícola se basó en la perforación de pozos profundos. Esta tendencia ha permanecido en todo México en los últimos 100 años, lo que condujo a una sobreexplotación generalizada de los principales acuíferos del país, por lo que puede afirmarse en términos generales que no es sustentable el desarrollo de la mayoría de las ciudades del país.

Si se suspendiera la sobreexplotación en el Valle de México y en los acuíferos de Toluca e Ixtlahuaca que lo abastecen, la Zona Metropolitana tendría una dotación de 140 litros diarios por habitante, y suponiendo fugas del 40%, el caudal entregado a cada habitante sería en promedio de solamente 84 litros por habitante por día, algo difícil de aceptar por la sociedad. Por eso se está intensificando la sobreexplotación ante el acelerado crecimiento poblacional dentro del valle.

Para garantizar la sustentabilidad hídrica del Valle de México y de muchas otras ciudades del país, es urgente planear, estudiar, proyectar y construir nuevas obras de abastecimiento con agua superficial de otras cuencas o con agua residual debidamente tratada y emprender acciones para que la sociedad adopte un consumo bajo y aceptable, probablemente no mayor de 150 litros por habitante por día.

Aparentemente no existen acciones concretas desarrolladas por el gobierno federal, el de la Ciudad de México y el del Estado de México para atender esta preocupante situación; se sobreestima la capacidad de “aguante” de los acuíferos sometidos a esa grave sobreexplotación, lo cual tarde o temprano conducirá a una crisis inimaginable si no planeamos y construimos la infraestructura necesaria y adoptamos las acciones mencionadas. La ingeniería mexicana tiene la experiencia y la capacidad para atender esta situación.

Luis Robledo Cabello

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